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Mayoría de edad

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Mayoría de edad La Guerra de la Edad Brecha Generacional Con la Música por Dentro Experiencia Vs. Edad La Vejez Vale Oro El Otro Aspecto

La Guerra de la Edad

El viejo William Shakespeare afirmó sarcásticamente hacesiglos: &flashquotLa vejez inservible y la juventud no pueden convivir.&flashquot Es posible,pero si se pueden incorporar.

Por Geoff Williams

En algún lugar de la ciudad de Nueva York, una pequeña casa desubastas de arte tiene una cuarteadura en sus cimientos. Ni el más agudoinspector de edificios localizaría esta cuarteadura en los muros oduelas del piso de la Swan Gallery, porque se trata de un precipicio; enrealidad, es una brecha, pero una brecha generacional.

Y los cimientos son los empresarios Nicholas y George Lowry, propietarios de laSwan Gallery. Nicholas tiene 32 años y George, su padre, 69, y algunasveces están en desacuerdo respecto de la administración de sunegocio. &flashquotTenemos una relación en donde usualmente nos llevamosbastante bien, pero siempre que hay una brecha generacional entre lospropietarios de un negocio habrá un punto de fricción&flashquot, afirmaNicholas.

Nicholas recuerda las discusiones con su padre cuando estaban modernizando susoficinas y el logotipo de la empresa. &flashquotAhora somos una compañíadel siglo XXI&flashquot, argumentaba Nicholas, &flashquoty no podemos tener una imagen del sigloXVII&flashquot. Finalmente, oficinas y logotipo cambiaron radicalmente y la empresasigue pujante.

Brecha Generacional

Las brechas generacionales no existen sólo en las familias: asociarsecon alguien sin parentesco, 10 años mayor que usted, quizá tehaga sentir que has hecho equipo con tu hermano o hermana mayor, lo quesería un problema si tu hermano es de los que le meterían el pieen un cuarto lleno de coinversionistas. También hay otras preguntas quete harías si tu socio tuviera, por decir, 20 años más:¿Me mandará a mi oficina cuando tengamos una diferencia?¿Tendré que pedirle permiso para que me presten el auto de laempresa? ¿Alguna vez mi padre se disculpará por aquella Navidad enque me oculté en el árbol y descubrí a Santa Claus besandoa mi mamá? Bueno, eso es otro cuento...

El caso es que todo parece indicar que la generación X estácerrando la brecha generacional, día a día, con un éxitoapabullante. En 1997, Jaye Muller tenía 24 años cuandocontrató a Richard Ressler, entonces de 38 años, para el puestode director y gerente de su compañía JFAX.COM de Nueva York, queentonces se encontraba en problemas. JFAX permite a los suscriptores enviar yrecibir faxes y enviar correos de voz a través de Internet. Juntos,Muller y Ressler formaron una empresa exitosa con clientela en 200países, cuyos ingresos superaron los US$ 7 millones el añopasado. Es una empresa tan próspera que le permitió a Mullerjubilarse y dedicarse al rock and roll, cobrando su participación de lasutilidades.

Con la Música por Dentro

Muller es en realidad un músico, y esta entrevista se realizó ensu estudio, donde está grabando su segundo disco compacto de rockprogresivo. En 1990, poco después de la caída del Muro deBerlín, Muller, un alemán oriental de 28 años de edad, quehabía estudiado electrónica y computación, se mudóa París y grabó un álbum de rap titulado We Are theMajority, que difícilmente puede encontrarse en la sección dedescuentos de una tienda de discos. A fines de 1994, Muller paseaba por elReino Unido y estaba tan fastidiado de no recibir faxes importantes, que se leocurrió una idea genial. A diferencia de su grabación, JFAX fueun éxito.

Tres años más tarde, cuenta Muller, cuando la empresa sehabía consolidado, y ya tenía 15 empleados y utilidades enascenso, sintió que necesitaba de un socio mayor y más sabio quellevara a la empresa al siguiente nivel, ya que él no maneja bien lajerga empresarial. Contrató a Ressler, uno de sus inversionistasprincipales, como su director general. Ressler tenía entonces 38años y era un hombre que durante toda su vida adulta se habíadedicado a los negocios y era dueño de una compañía deinversiones y asesoría. Ressler acostumbraba invertir millones en unacompañía, encargarse de ella varios meses, y después, consu cartera bien repleta y una empresa triunfante, se hacía a un lado. Entérminos del viejo Oeste, Ressler era el sheriff que llegaba,perseguía a los malos, los sacaba del pueblo y se iba al atardecer conla muchacha más guapa. En JFAX. COM, Ressler se quedó mástiempo del normal: fue director general casi cuatro años y, a principiosde éste, pasó la estafeta pero sigue en la empresa comopresidente del comité directivo. La relación entre Ressler yMuller fue sencilla. Ressler trabajaba en las operaciones cotidianas, comocualquier director general, mientras que Muller era el apoderado que daba lacara a la prensa y cazaba capital de riesgo.

Muller no le dio las riendas inmediatamente a Ressler. Hubo un periodo detransición de seis meses en el que ambos hablaron durante horas, nosólo acerca de la compañía, sino sobre política,sucesos actuales y música. Hay que tener algo en comúnademás de la cuestión comercial, aparte de sentir simpatíamutua, advierte Muller. De lo contrario, no resultará.

Ressler concuerda y advierte a los empresarios jóvenes que no sedeslumbren con la experiencia de un empresario de mayor edad: asegúrensede que su socio tenga las aptitudes que ustedes necesitan. Ser viejo nosignifica automáticamente que se tenga la experiencia en lasáreas donde se necesita.

En realidad, ambos dicen que la brecha generacional de 13 años nuncaimportó. Él es más joven, más delgado y másatractivo, dice Ressler riéndose, no creo que la edad realmente entre enjuego, por lo menos no en nuestro negocio. Aportamos diversas experiencias enJFAX. Exactamente, de eso se trata.

Experiencia Vs. Edad

Cuando personas de diferente edad trabajan juntas, surgen problemas. Si nofuera así, David Stillman, de 31 años, y Lynn Lancaster, de 42,no serían propietarios de BridgeWorks, una empresa consultora, cuyosingresos ascienden a $250,000 al año, especializada en explicar a lasempresas grandes, donde trabajan generaciones diferentes, cómo llevarsebien.

Al principio, Lancaster era una asesora profesional para Stillman, quien antestrabajaba en el campo de la alta tecnología. Comenzaron a hacerse amigosy a conocer mutuamente las verdaderas características de sus grupos deedad.

Stillman creía que los jóvenes prósperos eran adictos altrabajo a costa de todo lo demás; Lancaster pensaba que los de lageneración X eran flojos, impacientes e incapaces de mantenerse en unempleo. Pero al irse conociendo, Stillman aprendió por quéLancaster y los jóvenes prósperos parecían adictos altrabajo. Habían crecido en una era diferente; una era alarmante.Lancaster creció entre promesas; su padre, quien se habíagraduado en la década de los 50, tuvo seis o siete ofertas de empleocasi de inmediato. Pero cuando Lancaster se graduó, a fines de los 70,había una gran recesión, y existía una enorme fuerza queestaba por entrar en el mercado laboral, comenta.

Stillman, por su parte, recuerda que sus padres y los amigos de éstosperdían empleos a diestra y siniestra. A él no le habíanprometido el mundo; de hecho, siempre le dijeron que su generación iba aser la primera a la que le iría peor que a sus padres.

Lancaster llenó solicitudes junto con otros 400 solicitantes, de modoque cuando consiguió su primer empleo, cual un pez doradoextraído de un tanque de pirañas, estaba decidida a hacer lo quefuera para quedarse en la empresa. Stillman se condicionó a no permitirque su carrera triunfara a costa de su vida.

Fascinados por sus diferencias generacionales, ambos iniciaron un negociojuntos. Y aun con los seminarios, los empresarios y empleados que aconsejan,Lancaster y Stillman siguen luchando con su propia brecha generacional.

Lancaster recuerda un día en que Stillman tenía una cita para unaentrevista que se publicaría en una revista de cobertura nacional.Cuando le llamó a su casa para saber cómo le había ido,él contestó: &flashquotBueno, tuve que mandarla a volar&flashquot. Como acababa deregresar de un viaje de dos días y quería llevar a sus hijos a lacama, decidió reprogramar la cita para la mañana siguiente,aprovechando que la periodista llamó después de lo previsto. Sihubiera sido yo, habría llamado a mi esposo, habría dejado decomer y me habría quedado en la oficina hasta terminar el trabajo,afirma Lancaster. Sin embargo, a la semana siguiente, cuando llamó aleditor para verificar si tenía toda la información para elartículo, sus primeras palabras fueron: &flashquotMe encanta su socio de lageneración X. Tiene los mejores valores.&flashquot

Stillman hace notar que cuando su socia tenía su edad, la competenciaera tan rígida que si ella no hubiera dado la entrevista, habría80 millones de personas ansiosas de hacerlo en su lugar.

Lancaster contesta su propia pregunta respecto de quién tiene losmejores valores: ninguno de los dos. Simplemente son diferentes.

La Vejez Vale Oro

Dennis M. Lynch es el fundador de TechSmart.com, un sitio de subastas en NuevaYork, que se especializa en la recuperación de activos detecnología que estuvieron en arrendamiento.

Lynch, de 31 años, contrató a Wade Clowes, de 46 años,como su director de operaciones, y, cuatro semanas más tarde, lepidió que ocupara la dirección general. Entre los doshabía una evidente brecha generacional, tanto en edad como enexperiencia. Como dice Lynch: Wade usa pantalones caqui y una camisa bonita,blanca y bien planchada, siempre está bien rasurado y su pelo se veprecioso. Yo uso los mismos pantalones vaqueros que usé el día deayer, una sudadera de los Yanquis de Nueva York, tenis, no me he afeitado desdehace dos días y ya necesito un corte de pelo.

Wade llega a tiempo; Dennis no. (&flashquotLlegaré tarde a mi funeral&flashquot, jura.)Wade es maduro; Dennis es de temperamento indómito. Wade escucha alpersonal; Dennis olvida que tiene personal. Wade es paciente y Dennis, bueno,ya sabe usted. Sin embargo, a final de cuentas, concluye Lynch, a ambos nosencantan las utilidades, cómo lograr mayores ingresos y trabajar duro.

Con todo lo indispensable que es Clowes, Lynch aconseja a sus pares: nuncacontraten a un viejo empresario para que eche a andar su negocio. Nodará resultado. Ustedes tienen que ser el director general y lograr quefuncione. Ustedes sabrán si han tenido éxito, si supequeña empresa rebasó cualquiera de sus sueños másalocados. Y luego ¿qué sucede? Lynch dice que es importante darsecuenta si es necesario y cuándo hay que contratar a un directormás viejo y más sabio. Y más viejo es la clave. Siél hubiera contratado a alguien de su misma edad, estaríandándose de golpes en el estacionamiento todos los días, afirma.Necesitaba madurez y experiencia, no otro ego.

Es Clowes quien con su aptitud y madurez nos llevará al siguiente nivel.Yo no tengo experiencia en eso. Está bien, porque cuando tenga 40años, conoceré las dos facetas de este juego. Sabré lo queaprendí como emprendedor, y cómo navegar un gran barco, eso queaprendí de Wade.

El Otro Aspecto

Sus rodillas a veces le fallan cuando juega softball. Escucha música deantes, no la de los 80 pero, a los 46 años, Wade Clowes puede ser elmás joven de toda la calle. Después de todo, si tienes 20años y estás empezando un negocio, ¿qué se puedeperder que no sea la dignidad y el registro prioritario de la nueva MasterCard?Sin embargo, Clowes abandonó un empleo de alto nivel en Hewlett-Packardpara trabajar en un punto com, un riesgo que difícilmente garantizabaque diera para vivir.

Pero el hecho de que Clowes tienda al heroísmo no significa que seafácil trabajar con un empresario joven. Hay tensiones naturales, afirmaClowes, quien supone que la gente como Lynch busca a personas como élporque necesitan a alguien que tenga un pensamiento elaborado pero deacción rápida. Creo que si tienes uno u otro tipo depersonalidad, estás en problemas. Por ello no me extraña que sedé una interacción como la que tenemos, dice Clowes.

En realidad, cuando asiste a sus juntas con traje y corbata, y Lynch con susvaqueros y sudadera, los inversionistas ni parpadean, cuenta Clowes. Dennis esel empresario joven. Siempre esperan ver algo distinto, relajado. Es el papelque nos toca desempeñar. Me parece que muchos inversionistas searriesgan con nosotros porque saben que esa clase de tensión es saludable.