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Las Alianzas Del Siglo XXI

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Las Alianzas Del Siglo XXI Las Alianzas Del Siglo XXI ¿Venderías tu Idea? Primer Consejo Segundo Consejo Tercer Consejo Cuarto Consejo

Las Alianzas Del Siglo XXI

Descubre el valor del conocimiento en las inversiones empresariales delnuevo milenio

Por José Luis Sánchez Venegas

Durante el siglo XX, el conocimiento tuvo un valor relativo, ya que seconsideraba que sin capital para financiarlo no podía desarrollarse.

Hoy, sin embargo, se demuestra que una idea genial en un proyecto no siemprerequiere dinero para incubarse con éxito.

La teoría del trabajo y el capital fue destruida por su propio peso. Elcapital por sí solo no produce lo mismo que con tecnología, cuyovalor ha subido considerablemente en dinero para su creador, y sin ella eltrabajo humano se minimiza.

El balance final del siglo XX determina que el capital está siendodestruido por el capital mismo y que del trabajo humano cada vez se exige mayortecnología, so pena de aumentar el desempleo.

El impresionante auge de los servicios (de crecimiento tan rápido quedesplazaron a las primeras fortunas mundiales derivadas de la industria)vía Internet, es la mejor prueba de lo que nos espera.

Así como Henry Ford inició toda una industria delautomóvil en el patio trasero de su casa, ahora Bill Gates, deMicrosoft, hace lo mismo con la tecnología. Lo hizo inicialmente conWindows y Office 2000, y ahora con el Internet Explorer que, con suconexión a Internet, está derrumbando imperios telefónicosde larga distancia con su correo electrónico. Está revolucionandono sólo las ventas, sino también la forma de hacer negocios, consu Intranet y Extranet, ligados a Internet.

¿Venderías tu Idea?

Tienes una idea brillante y un inversionista te ofrece financiarla.¿Cómo saber si debes aceptar? Cambiar un peso por otro peso deja acada quien con un solo peso. Cambiar una idea por otra idea, transforma elconocimiento quedando ahora cada uno con dos ideas.

Sin embargo, existen algunos problemas a la hora de &flashquotvender&flashquot conocimiento.Algunos de estos son los siguientes:

1. El conocimiento ofertado debe ser innovador, atractivo, y de gran calidad,de otra manera no tiene peso ni significado.

2. El tamaño del conocimiento requiere un inversionista de la mismaestatura.

3. Se requieren amistades o relacionarse con la clase dirigente para contactaral inversionista adecuado.

4. El conocimiento, aun con ser intangible hasta que se convierte en unproducto terminado y listo para ser lanzado al mercado, requiere muchas horasde investigación para convertir la idea en un proyecto viable que generelas utilidades adecuadas a la inversión.

5. El dueño del conocimiento corre el riesgo de convertirse en empleadoy no en socio del dueño del capital, si maneja la venta de la ideainadecuadamente.

6. Es indudable que se requiere un contrato que especifique derechos yobligaciones para inversionista y tecnólogo, donde se especifique lavida del proyecto, el tiempo de recuperación de la inversiónestimado, los ingresos en calidad de gastos para cada uno, mientras se generanlos propios del producto.

7. El inversionista tiende a obtener ideas gratis, por lo que el dueñodel conocimiento debe protegerlo al estilo de Bill Gates. Debe fragmentarlo entantas partes que nadie pueda accesar al secreto completo, sólo suinventor y las personas en las que él decida confiar. Aquí tepresentamos algunos consejos prácticos para defender tu invento.

Primer Consejo

No escuches el canto de las sirenas. Consulta el dinero que caeráa tu cartera. Para el inversionista es necesario ser realista. Si un negocioestá programado para generar dinero hasta pasado un año, omás, desde el principio debe decidir si lo acepta o no. Pero pasado elperiodo de prueba tiene derecho a exigir resultados.

Para el dueño del conocimiento, su tiempo vale oro en la medida en quesu idea también valga oro. No es justo que inviertas horas de tiempotecnológico invaluable si no da resultado y sin recibir dinero a cambioen una cantidad mensual prefijada.

Un principio muy antiguo dice que los elogios se ven mejor en el cheque dedividendos y en el sobre de nómina. De palmaditas en el hombro nadie come.

Segundo Consejo

Evalua constantemente el proyecto, sin esperar a que el plazo se cumplay los resultados esperados no sean los prometidos.

Tanto el inversionista como el dueño de la tecnología debensaber, minuto a minuto, lo que está pasando ahora y lo que pasarámañana. Con el apoyo de sistemas de información gerencial, comoinformes y reportes financieros diarios (que señalen desviaciones apolíticas y propongan decisiones con base en parámetrosestablecidos), que generen la información necesaria. Lo que realmenteestá sucediendo contra lo que se había estimado.

Tercer Consejo

Cambia tus parámetros en el momento que sea necesario. Es denecios seguir con un plan que demostró su ineficacia; afecta losbolsillos del inversionista y del dueño de la tecnología.

Si el tiempo esperado para el punto de equilibrio e inicio de generaciónde utilidades se alargará, debe conocerse de inmediato para decidir siel proyecto se cancela, o no. Si la inversión inicial debe aumentarse,también las utilidades esperadas deben crecer para hacer rentable lainversión.

Cuarto Consejo

La idea debe ser creativa. Sé un inconforme. Con todo, por todo yde todo. ¿Por qué tienes que hacer siempre las mismas cosas, delmismo modo, a la misma hora? ¿No te enfada? Como dice el libro de JackTrout, Si no está roto, rómpelo, en otras palabras,atrévete. Sé pionero, pero con tecnología superior a laexistente. Rompe paradigmas. Consulta la antigüedad de las teoríasque todos utilizan. En pocas palabras, sé creativo.

En resumen... ¿Cuánto vale el conocimiento, comparado con elcapital?

El capital, sin ideas, no prospera. Deja tu cartera en el escritorio y vuelvemañana. O bien desapareció o bien sigue ahí el mismodinero, ya que no se reproduce solo.

En cambio, el conocimiento es la incubadora de negocios por excelencia. Quientiene la idea puede ir formando el capital si sabe explotarla. Laconclusión es evidente. El conocimiento es, o pronto llegará aserlo, mucho más valioso que el capital.