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Guía para convertirse en multimillonario**

C?mo generar riqueza y seguridad financiera para ti y tu empresa
Guía para convertirse en multimillonario**
Crédito: Depositphotos.com
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?Quieres ganar lo suficiente para subsistir o deseas amasar una fortuna? Si tu respuesta es limitarte a subsanar tus gastos cotidianos, entonces lo ?nico que debes hacer es mantener el empleo que tienes hasta hoy.

Pero si perteneces al grupo de personas que desea producir riqueza, entonces vale la pena que reflexiones acerca de las claves para alcanzar la prosperidad que exponemos en esta edici?n.

Tomamos como referencia el libro Gu?a para convertirse en multimillonario, pues consideramos que expone sugerencias pr?cticas y humanas (en este segundo concepto nos referimos a cuestiones emocionales y operativas, es decir, de actitud) que los emprendedores pueden aterrizar a su vida cotidiana. El estilo novelado del libro permite que la lectura sea amena y entretenida.

En Entrepreneur tomamos los puntos que nos parecieron m?s sobresalientes en este libro, para trabajarlos con mayor profundidad para nuestros lectores. As?, encontrar?s parte de la introducci?n de la Gu?a para convertirse en multimillonario. Le siguen art?culos que hablan de cuatro factores clave para el ?xito de tu negocio: la pasi?n y entrega que se traducir? en perseverancia para llevar al ?xito a tu empresa; que tu producto est? realmente enfocado a tu cliente-objetivo; estrategias para hacer m?s rentable la empresa (creciendo ventas y no s?lo controlando gastos); y establecer una relaci?n de riqueza con tus empleados.

Del primer cap?tulo

La esquina de la confusi?n

En resumen: Len, el protagonista de este libro, est? cabizbajo por sus problemas econ?micos. Llega a orar a una sinagoga y ah? conoce al rabino Silver, quien lo invita a participar en un juego de p?quer junto con el sacerdote Murphy y el pastor Edwards. Durante la reuni?n, los tres religiosos tocan el tema del dinero y ofrecen a Len compartir los aspectos que ellos han observado en la gente de sus congregaciones que hab?an alcanzado la prosperidad. Para complementar la ayuda, lo contactar?an con tres "hacedores de dinero" que tambi?n asesorar?an a Len. Y entonces.

Mientras los tres conversaban, el juego de p?quer se detuvo. Todos guardaron silencio, mirando a Len, atentos a su reacci?n. Por su parte, Len estaba estupefacto. Apenas si pod?a creer que estos tres cl?rigos, que jugaban a las cartas al lado de una caldera asm?tica y malgeniada en el s?tano de una iglesia, realmente podr?an ayudarle. Salvo por un detalle: los nombres que hab?an mencionado: Richard Paul, Roberta Bains, Carlos Grover. Cualquier lector de prensa estaba familiarizado con esos nombres. Eran individuos enormemente exitosos y ricos. Hasta ahora lo ?nico que Len sab?a que ten?an en com?n era que se trataba de multimillonarios que hab?an hecho sus fortunas por s? mismos.

?Por qu? yo? se escuch? decir Len.

Estamos buscando personas a quienes ayudar, personas que nos agraden. El rabino Silver lo invit? aqu?, como invitamos a todos nuestros candidatos, para que los tres pudi?ramos conocerlo. Es sorprendente cu?nto se puede aprender del car?cter de una persona jugando unas pocas manos de p?quer, dijo el padre Murphy.

Nos han dicho que los secretos para pasar las tres pruebas funcionan para casi todo el mundo, de modo que queremos asegurarnos que nuestros candidatos tengan car?cter, dijo el rabino Silver.

Por car?cter nos referimos a personas que operan a partir de una serie de valores, se?al? el padre Murphy, mientras miraba lentamente sus cartas con la esperanza de que surgiera s?bitamente un as.D?game ?por qu? quiere ser rico?

Por la mente de Len cruzaron muchas razones.

Quiero poder pagar las cuentas. Alimentar mejor a mi familia. Facilitarle la vida a mi esposa, Linda. Ser?a estupendo si Hanna, nuestra hija de diez a?os, pudiera tomar clases de m?sica. Y Jimmy, nuestro hijo de doce a?os, quiere unos nuevos patines. El auto est? que se cae a pedazos, pero si compro uno nuevo las cuotas mensuales aumentar?n. En realidad no quiero dinero para comprar cosas lujosas, darles a los ni?os una buena educaci?n, asegurarme de que si algo me llegara a suceder, Linda quedar?a tranquila desde el punto de vista financiero, y dejar de temer de una vez por todas que el lobo est? a la vuelta de la esquina y que no demora en tocar a nuestra puerta. Trabajo como un desesperado, pero nada parece cambiar. Tiene que existir una mejor manera.

Me parece justo, dijo el pastor Edwards. Pero supongamos que logra hacer mucho dinero, dinero en grande. ?Hay algo m?s que le gustar?a hacer?

Len empez? a responder:

Pues bien, ir?a al norte a pescar. Me encanta la pesca, dijo, y enseguida se detuvo unos instantes. Lo que estaba a punto de decir no se lo hab?a confiado nunca a nadie. Si tuviera suficiente dinero, me gustar?a poder ayudar a gente necesitada. Es s?lo un sue?o, pero me gustar?a convertir ese sue?o en realidad.

?Ka-ching!, dijo el rabino Silver.

?Ka-ching?

Es el sonido de la caja registradora, explic? el rabino Silver. Tambi?n significa que me gusta su respuesta a la pregunta que le hizo el padre Murphy. Ver?, no queremos ayudarle a alguien que piense que acumular riqueza es un fin en s? mismo, o a alguien que crea que la persona que muere con la mayor cantidad de juguetes es la que gana.

?Quiere decir que el dinero es malo? pregunt? Len.

De ninguna manera dijo el rabino. Puede serlo, pero s?lo cuando uno coloca el dinero y la riqueza en un pedestal y se enceguece a todo lo dem?s. Sin embargo, el dinero no es el problema. Es la actitud de uno frente a lo que tiene lo que puede convertirse en problema.

Pues uno de los aspectos positivos de vivir endeudado es que no tengo que preocuparme por mi actitud frente al dinero, apunt? Len.

Se equivoca. S? tiene que preocuparse, dijo el padre Murphy.

Si no presta atenci?n a la trascendencia antes de ser rico, para cuando sea millonario es posible que ya sea demasiado tarde, dijo el pastor Edwards.

Trascedencia, murmur? Len tentativamente, como si estuviera poniendo a prueba la palabra.

As? es, trascendencia, dijo el rabino Silver con suavidad. El ?xito se refiere a valor. La trascendencia se refiere a valer la pena. El ?xito es obtener. La trascendencia es dar... dar tiempo, talento, dinero y servicio a otros. El ?ltimo t?rmino, eso es lo que realmente importa.

Charles Dickens lo ilustr? de una manera muy hermosa con su personaje Scrooge, en su Cuento de Navidad, interpuso el pastor Edwards. Cuando uno muere, lo que uno haya logrado desde el punto de vista financiero muchas veces se olvida de inmediato. Lo que la gente recuerda es qu? hizo uno por los dem?s. Nuestra misi?n consiste en ayudar a nuestros aprendices de hacer dinero, a mantener las cosas en perspectiva. Por eso, aunque Richard Paul, Roberta Bains y Carlos Grover van a ser sus entrenadores en lo que se refiere al ?xito, nosotros nos aseguraremos de que no olvide la trascendencia.

Los tres viejos amigos y Len guardaron silencio durante algunos instantes, reflexionando sobre la importancia de lo que se hab?a dicho, y enseguida, como por un consenso t?cito, el juego se reanud?.

?Entonces qu? dice? ?Est? listo para afrontar las pruebas de la alegr?a, la intenci?n y la creatividad? pregunt? el pastor Edwards.

S?. Estoy listo, respondi? Len con entusiasmo.

* Tomado del libro Gu?a para convertirse en multimillonario, por gentil autorizaci?n de Grupo Editorial Norma, http://www.norma.com

* Ken Blanchard, coautor de este libro, es un reconocido conferencista y consultor de negocios a nivel mundial. Tambi?n ha escrito los libros A la Carga, Administraci?n por Valores y ?Bien Hecho! que han sido traducidos a m?s de 25 idiomas y han vendido poco m?s de diez millones de ejemplares en todo el mundo. Sheldon Bowles es un empresario canadiense (director de una de las cadenas gasolinerasm?s exitosas de Canad?), colaborador en The New York Times y Business Week. Sus textos siempre se enfocan a compartir susconocimientos pr?cticos sobre qu? funciona y qu? no, en elmundo de los negocios.

Contenido

Gu?a para convertirse en Multimillonario, Blanchard Ken, Bowles Sheldon, Grupo Editorial Norma, M?xico 2001, 149 pag.