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Vender con orgullo

Los sarapes, huipiles y rebozos son íconos de la cultura de México. Conoce cómo, por medio de la representación, Zarapito te ofrece una oportunidad de negocio con productos 100 por ciento nacionales.
Vender con orgullo
Crédito: Depositphotos.com

Damaris González, a sus 25 años, no estaba satisfecha de su vida como oficinista. Hasta que conoció a Omar Vela, cofundador de Zarapito, quien la convenció de entrar al mundo de las ventas como su "representante". El objetivo era sencillo: ganar dinero extra.

Hoy, casi un año después de convertirse en una "embajadora" de Zarapito y dedicarse al 100% a esta labor, Damaris es una de las principales fuerzas de venta de esta marca que comercializa prendas artesanales.

"Al principio tenía mis reservas, porque yo nunca había vendido nada", comenta la emprendedora. "Para iniciar, Omar me dio cinco vestidos y todos los vendí en un solo fin de semana. Entonces me convencí que era el negocio para mí".

Productos únicos

Omar Vela, quien se asoció con su esposa Brenda Navarro para arrancar Zarapito, explica que el secreto está en que los atuendos, hechos artesanalmente por indígenas mexicanos de Oaxaca, Chiapas, Estado de México, Puebla, Michoacán e Hidalgo, son únicos e irrepetibles. "Eso le gusta a la gente y le da un valor agregado al producto", sostiene.

Para Damaris, quien primero fue consumidora del producto, el éxito es el resultado de la creatividad de cada representante para encontrar clientes. Al convertirte en representante de una marca, no tienes ninguna obligación con la empresa ni contratos de por medio. Sólo compras determinados productos y los vendes como quieras.

"Este modelo te da la libertad de hacer negocio de la manera que más te acomode. Para vender yo hago desde demostraciones en casa hasta fiestas con mis amigos. Incluso busco participar en ferias estatales", cuenta.

Otra de sus estrategias es utilizar Internet a su favor. ¿Cómo? Poniendo el logotipo de la empresa en todos los correos que envía y en la página personal que construyó gratuitamente en los sitios de "redes sociales" (como Facebook o MySpace). Cada semana, la red de "embajadores", formada por 40 personas, se comunica por mensajería instantánea, compartiendo consejos y experiencias.

Y es que, como lo expresa Vela, director comercial de Zarapito, sus representantes pueden despachar la ropa según les convenga, siempre y cuando no vaya en contra de los valores de la empresa. "La idea es que tú, como embajador, tengas tu propia pequeña empresa. Así, eres libre de decidir cómo la haces funcionar, dónde quieres establecerte y cómo te manejas. Nosotros te asesoramos y proveemos la mercancía, pero tú eres tu jefe", asegura el empresario.

El modelo

Los representantes de Zarapito ganan de acuerdo a lo que venden. Con una primera inversión de $1,000, recuperan el 35%. A los seis meses, con una venta mínima de $6,000, obtienen utilidades del 50% del pedido. Para Damaris, sus ingresos son mayores a los que obtenía como asalariada. "Además, manejo mi vida. Me puedo dedicar a mi familia, a los amigos, a mí y al negocio. ¡Todo al mismo tiempo!", enfatiza.

La satisfacción también es importante. La empresa gira en torno a la filosofía del comercio justo, que busca asignarle a la actividad artesanal y tradicional en México y al trabajo de los indígenas el valor que merecen.

Zarapito ofrece, además, capacitación continua a sus representantes. Ésta incluye desde consejos sobre cómo vender más y psicología de ventas, hasta comercio justo y asesoría en estilo. Hoy, la compañía maneja cuatro líneas de ropa artesanal: Tajín (huipiles), Nahual (camisas para hombre), Balam (vestidos), Cuauhtle (rebozos, sarapes y gabanes).

¿Y el futuro? Damaris quiere seguir vendiendo, mientras Omar ya está planeando sacar al mercado una línea para jóvenes, otra para niños y una colección de accesorios con bolsas, aretes, collares y pulseras.