Emprendedores

Rescata las lecciones del abuelo

Los dueños de Vidrios Marte supieron aprovechar su herencia: el conocimiento y la experiencia familiar para manejar un negocio.
Rescata las lecciones del abuelo
Crédito: Depositphotos.com
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David Hernández, de origen español, fue de los primeros en dedicarse al manejo de vidrio, espejos y lunas en el país. En 1939 fundó Fábricas de Luna OK en el centro histórico de la Ciudad de México, justo donde se localiza la zona arqueológica del Templo Mayor. Se trataba de un taller de unos 200m2, en el que trabajaban 10 empleados; mientras que para la década de los 50, ya sumaba 50 colaboradores en la nómina.


Al cumplir 14 años de edad, cada uno de sus 12 hijos comenzó a laborar en el negocio. Las vacaciones de verano se convirtieron para ellos en un periodo de capacitación intensiva para aprender a barrer, limpiar y conocer todos los secretos de la comercialización y venta de vidrio y biselados.

El negocio crecía a paso firme y generaba ganancias suficientes para darle una vida holgada a toda la familia. Sin embargo, cuando el primogénito de David llegó a la mayoría de edad, tuvo que emprender su propia compañía, porque entre los planes del fundador de Fábricas de Luna OK no estaba la palabra sucesión y, mucho menos, herencia.

"Mi abuelo siempre fue claro con sus hijos y nunca les heredó como tal el negocio, sino que los motivó a que formaran uno propio. Después de cumplir los 21 años de edad, to-dos mis tíos se fueron a trabajar a la fábrica de vidrio de José, el mayor de los 12 hermanos", explica Hugo Hernández, director general de Vidrios Marte y miembro de la tercera generación de un negocio familiar que inició en el vidrio y que se reinventó a tiempo para explorar nuevas oportunidades.

Cada quien su negocio
En la década de los 60, los hermanos mayores -José, David y Juan Bosco (papá de Hugo)- unieron fuerzas para crear su propio negocio: Vidrios y Cristales, donde se dedicaban a hacer espejos, vidrios y biselados. Hasta el 2000, los tres trabajaron exitosamente complementando sus habilidades. José era muy bueno en el proceso de compra-venta y para hacer relaciones públicas, David tenía mucha experiencia en la parte operativa y Juan Bosco llevaba la administración.

Así demostraron que valió la pena trabajar durante varios años con su padre, pues para la década de los 80 ya contaban con 22 unidades de negocio y más de 4,000 empleados a su cargo. "La característica que todos heredamos es el interés por la innovación de procesos. Mi abuelo inventaba máquinas que le facilitaran el trabajo, mientras que mi tío José las importaba a fin de mejorar la distribución y venta del vidrio a nivel nacional", comenta Hugo.

Más allá de la sangre emprendedora, lo más importante que ha pasado de una generación a otra en esta familia es el conocimiento. "Aunque no heredaron la empresa como tal, el abuelo se aseguró de que sus hijos adquirieran todo el know how, lo cual se reforzó con los estudios y preparación profesional con que contaba la segunda generación en áreas de administración y gestión", opina Laila Chartuni, quien es directora de Top Companies, firma dedicada al estudio del clima y cultura organizacional.

La segunda sucesión
A diferencia de lo que pasó entre el fundador y sus hijos, la tercera generación sí tenía asegurado un auténtico proceso de sucesión. El primogénito de José ya trabajaba en el negocio familiar cuando Hugo, 12 años menor, apenas iniciaba, a pesar de que su padre le recomendó que se dedicara a otra cosa.

Para entonces, el negocio del vidrio se diversificó, ya que gran parte de su producción se dedicaba a la fabricación de muebles (mesas y escritorios). Con el objetivo de darle un nuevo giro a la empresa, en 1998 Hugo trajo a México una maquinaria para hacer vidrio aislante (o doble acristalamiento), el cual tiene la característica de no dejar pasar el calor ni el ruido. Un año más tarde, la compañía certificó sus procesos de producción y obtuvo la norma ISO 9000.

En 2003 las ventas de doble acristalamiento eran más importantes que las de fabricación de muebles, así que decidieron abandonar este último rubro. "Mi primo y yo asistíamos a todas las exposiciones de vidrio realizadas a nivel internacional y vimos cómo los chinos estaban ganando terrero ahí. Por lo que nuestra decisión fue cambiar de giro antes de que los productores asiáticos acapararan el mercado en México", asegura Hugo.

En otras palabras, a partir de ese momento desapareció el negocio del vidrio tradicional de los Hernández, actividad a la que se dedicaron por casi medio siglo. Finalmente hace cuatro años, convencido por las novedosas ideas aportadas e implementadas por su hijo, Juan Bosco dejó la dirección general de Vidrios Marte en manos de Hugo, a quien además su tío José vendió su participación accionaria en la empresa.

Hoy, la compañía es líder en la comercialización de vidrio aislante y fue la primera en traer a México (en 2002) la tecnología Low-E -que permite producir vidrio de baja emi-sión que reduce el paso del calor y minimiza el consumo de energía en los llamados "edificios verdes"-. Pero lo fundamental, y como dice Hugo, es que "ya no somos simple fabricantes de vidrios, hoy vendemos soluciones".

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