Franquicias

Piccolo Mondo: un mundo seguro y divertido

Con sus centros de entretenimiento infantil, Piccolo Mondo fue pionero en conjugar en una misma fórmula la diversión y la educación.
Piccolo Mondo: un mundo seguro y divertido
Crédito: Depositphotos.com
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Desde su nacimiento, en 1995, Piccolo Mondo se planteó una misión: ofrecer a las familias espacios limpios y seguros para el entretenimiento de los niños, donde además de divertirse pudieran educarse y trabajar en su desarrollo psicomotriz. Es una fórmula que en la actualidad ya ha probado su éxito, pero que hace quince años significó toda una revolución en el mercado infantil de México.

La empresa cuenta hoy en día con 26 unidades operando en el país, y ya tiene planes para exportar su concepto a Costa Rica, Panamá, Chile y hasta España. Su mercado potencial es tan grande que un estudio de la marca reveló que tan sólo en la República Mexicana hay capacidad para instalar 180 puntos más. “Tenemos cubierto apenas el 5% del territorio nacional”, dice Adela Fasja, fundadora de la empresa junto con su hermano Eduardo.

En este crecimiento sostenido de Piccolo Mondo -que en italiano quiere decir “mundo pequeño”- fue clave la adopción del modelo de franquicias, hace 10 años. Con este formato de negocios, la compañía se convirtió en una de las marcas de mayor crecimiento en México.

Raúl Jiménez Rodríguez, director de franquicias de la empresa, explica que Piccolo Mondo está dirigido a los bebés y niños de entre seis meses a 12 años, cuyos padres, no importa su nivel socioeconómico, busquen opciones de entretenimiento para sus hijos en un entorno seguro.

Desde sus inicios, el lugar elegido para instalar las unidades fue dentro de plazas comerciales. Esto se debe a que, luego de hacer varios estudios, los emprendedores detectaron que en las ciudades había cada vez menos sitios seguros donde los niños pudieran entretenerse y aprender jugando. “Los centros comerciales eran ideales porque además generaban el flujo de niños suficiente para que el negocio fuera rentable”, explica Adela, hoy directora general adjunta de la compañía.

Así, luego de analizar varios conceptos que existían en países más desarrollados y hablar con psicólogos y sociólogos, la emprendedora y sus hermanos desarrollaron su modelo de negocios. Después hubo que convencer a un grupo de inversionistas para financiar el proyecto y a los desarrolladores del Centro Comercial Santa Fe, que recién había abierto sus puertas en el poniente de la Ciudad de México (una zona de un nivel socioeconómico alto).

La primera unidad fue todo un éxito: los padres que la visitaban con sus hijos quedaban encantados con la fórmula entretenimiento/educación. “Cada uno de los juegos que existe en nuestros centros tiene una justificación pedagógica”, asegura Raúl.

En un Piccolo Mondo existen 30 actividades distintas, como laberintos, areneros, juegos inflables, pistas de carros a control remoto, muros de escalar, una tirolesa, una sala de princesas, ludotecas, un karaoke, un mini cine y un golfito, además de salones de fiesta y un área de comida rápida y delicatessen.

Al trabajar con menores de edad, la seguridad es un tema prioritario en todas las unidades. Al ingresar a las instalaciones, se le coloca un brazalete a cada niño y se le da la contraseña correspondiente al adulto que se haga responsable. Si ésta persona no se presenta a la salida, no hay forma de que saquen al menor de las instalaciones. Los empleados del lugar también cuentan con el apoyo de cámaras y puertas completamente cerradas.

Innovación permanente

Si algo han aprendido los dueños de Piccolo Mondo es que, como clientes, los niños pueden ser los más exigentes del mundo: se aburren rápido y, además, no lo disimulan. Por eso la apuesta por la innovación, tanto en la oferta de juegos como en el servicio, es permanente. “Le damos un mantenimiento constante a los juegos y además cada dos años renovamos completamente la decoración, para que se vea siempre algo distinto”, aclara Adela.

El modelo de negocio de Piccolo Mondo se mantiene en constante innovación. La más reciente fue la inclusión de un teatro que proyecta películas en 4-D; es decir, además de la tercera dimensión, el visitante puede percibir olores, texturas y movimiento.

Durante el primer año de operación, el número de visitantes de la unidad de Santa Fe presentó un crecimiento constante y para el segundo año quedó clara la oportunidad de abrir una segunda sucursal. Entonces se iniciaron las negociaciones para instalarse en el centro comercial Plaza Loreto, ubicado al sur de la Ciudad de México, también en una zona de alto poder adquisitivo. El segundo corte de cintas  finalmente se concretó al cuarto año de la inauguración de la primera unidad. Dos años más tarde fue el turno de una tercera unidad en Satélite, al norte de la capital del país.

En 2003, a ocho años de iniciar operaciones, los empresarios se dieron cuenta de que el mercado mexicano les demandaba más unidades pero que ya no podían crecer por sí mismos, y que la única forma de abarcar más zonas del territorio nacional era a través del sistema de franquicias.

El desarrollo del modelo duró dos años. En ese lapso, los franquiciantes se percataron de que les faltaba experiencia en áreas como negociación, estandarización de procesos y capacitación. Para lograr superar estas cuestiones se acercaron a la Asociación Mexicana de Franquicias (AMF), de quien recibieron orientación para contratar a un consultor especializado.

El lugar para abrir la primera franquicia de Piccolo Mondo, en 2005, fue Metepec, Estado de México, una zona con habitantes de nivel socioeconómico medio alto, que según los dueños de la marca son capaces de gastar lo mismo o más en la diversión de sus hijos que un consumidor de ingresos más elevados. En los últimos cinco años, Piccolo Mondo creció a un ritmo de una o dos unidades por año.

“Nuestra propuesta empezó a volverse atractiva para la clase media y también para la de ingresos más bajos, por lo que surgió la oportunidad de abrir unidades en otras zonas que al principio no teníamos contempladas”, asegura Raúl. “El hecho de que los visitantes pertenezcan a un nivel socioeconómico mayor no te asegura un ticket de venta más alto”.
De hecho, la siguiente franquicia ha sido otorgada en Ciudad Nezahualcóyotl, en el Distrito Federal. Lo mejor es que Piccolo Mondo ha probado ser un negocio exitoso para los inversionistas aún en tiempos de crisis. En 2009, la marca creció un 20%, al abrir un total de ocho unidades.

Evolución del concepto

Actualmente Piccolo Mondo suma 26 centros en todo el país, que dan empleo directo e indirecto a poco más de 1,000 personas. El corporativo –que mantiene la propiedad de las unidades de Santa Fe, Plaza Loreto y Plaza Satélite, en la Ciudad de México y Estado de México– ya tiene franquicias en Aguascalientes, Querétaro, Veracruz, Puebla, Hidalgo, Quintana Roo, Guerrero, Jalisco, Coahuila y Morelos.

Además, la firma se ha diversificado en tres marcas adicionales, que creó para fortalecer al grupo. Se trata de Stromboli, Picccolo Gym y Piccolo Factory.
La propuesta de Stromboli es ofrecer salones para realizar fiestas temáticas, y en este rubro también fue pionera. El segundo concepto son centros de estimulación temprana que implementa programas completos para el desarrollo integral de bebés y niños, desde los tres meses hasta los cuatro años de edad. Finalmente, Picccolo Factory es la empresa encargada de la fabricación de los juegos que se usan en las unidades, y también vende a hoteles, restaurantes y particulares.

La compañía recibe anualmente entre 600,000 y 800,000 niños, que permanecen en sus instalaciones un promedio de cuatro horas. Además de familias, acepta visitas de escuelas y también presta su espacio para fiestas infantiles.

En la unidad de Santa Fe, de 1,000m2, se han celebrado por ejemplo hasta 14 fiestas simultáneas. Pero la capacidad de cada centro es distinta, dependiendo de su espacio. En principio, por cada 100m2 se pueden atender a 45 visitantes.

El encargado del área de franquicias de la marca sostiene que un aspecto que la distingue del resto de las franquicias es que sus dueños ponen especial atención a la hora de firmar un contrato. “No somos una marca que entrega las llaves del local así nomás. Trabajamos muy de cerca con el franquiciatario para que realmente entienda, viva y transmita la cultura de la empresa”.

Por ejemplo, los candidatos a franquiciatarios pasan por varios filtros para medir ética, su interés en el negocio y su compromiso por desarrollarse en el sector servicios. Además se exige que por lo menos uno de los socios esté al frente de la unidad en todo momento. Esta persona es quien recibirá la primera capacitación a lo largo de 20 días.

Pero eso no es todo, ya que durante el año se realizan visitas de supervisión por parte del corporativo por medio de las cuales se verifican políticas y procedimientos y se da, en caso de ser necesario, capacitación adicional.

La empresa también realiza campañas de mystery shoppers o vendedores encubiertos, con el fin de que en las mismas unidades sepan cómo se están desempeñando sus empleados y en qué pueden mejorar el servicio y la experiencia de los clientes.

Las claves del éxito

Identificar un sector con altas posibilidades de crecimiento. A través de un análisis del mercado nacional y regional, los  dueños de Piccolo Mondo comprobaron que el mercado infantil en el país y Latinoamérica tiene un gran potencial para desarrollar nuevos negocios, ya que cada vez se demandan más servicios de entretenimiento educativo.

Crear un concepto completo. No hay otro negocio que fusione tantas atracciones y juegos formativos dirigidos al público infantil como Piccolo Mondo. En México, y según el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi), este segmento está constituido por 30.9 millones de niños.

Establecer un plan de expansión. Ante las solicitudes de franquicias que están recibiendo de otras partes del mundo, los emprendedores estudiaron la legislación española, francesa y estadounidense para adaptar sus manuales y exportar su concepto.

Seleccionar bien a los socios. Son muy cuidadosos y selectivos para elegir el perfil de sus franquiciatarios.

Estar atento al mercado.
Adela dice que piensa como niño pero actúa como adulto. Materializa los gustos de sus clientes, quienes son los que deciden si se debe cambiar algo dentro de cada centro de entretenimiento.