Emprendedores

10 minutos con Francesco Piazzesi

Conoce al fundador de ¡Échale! A tu casa, una iniciativa social de autoconstrucción de vivienda asistida.
10 minutos con Francesco Piazzesi
Crédito: Depositphotos.com

“Dale a un hombre un pescado y comerá un día; enséñale a pescar y comerá toda su vida”. Ésta es la premisa bajo la cual opera ¡Échale! A tu casa, una iniciativa de autoproducción y autoconstrucción de vivienda asistida que opera en las regiones rurales más pobres del país.

Y es que en México unas 4.2 millones de familias viven en hacinamiento o en casas de lámina y cartón, asegura Francesco Piazzesi, su director general, quien en abril pasado fue reconocido como “Emprendedor social del año” por el Foro Económico Mundial de Davos, en su edición latinoamericana realizada en Río de Janeiro.

Gracias a este proyecto, 135,000 personas de bajos recursos son dueñas de una casa propia que además es verde y sustentable, pues está construida con Adobloc (un bloque de tierra, cemento, cal y/o arena), es ecotérmica, y tiene un sistema de captación de lluvia y biodigestores.

¿Qué es la inversión de impacto?
Es un proceso para dar servicio a una población no atendida en todo sentido. No se trata de filantropía o de asistencialismo, sino de subir esa base de la pirámide a la economía mundial, demostrando a las personas que ellas mismas son el motor de su propio desarrollo. En nuestro caso, las casas no son gratis, sino que tienen que construirlas ellos mismos, les cuestan (de $90,000 a $130,000) y tienen que ahorrar y obtener un crédito. Además, les damos capacitación en albañilería, carpintería, herrería y plomería, que usan como autoempleo; o bien, pueden comercializar los Adoblocs en las demás comunidades como fuente de ingreso.

¿Quién puede ser un emprendedor social?
Cualquiera que tenga una idea no para salvar el planeta, sino para cambiarlo. Su mayor poder debe ser el reunir una serie de recursos y hacer cohesión para acercar las oportunidades a quienes lo necesitan. A diferencia de un emprendedor de negocios, su foco debe ser la sociedad y no las ganancias económicas, aunque el proyecto debe ser autosostenible. Y sus mejores cualidades deben ser el liderazgo y la organización.

¿Cómo transformar una idea en realidad?
Lo primero es ponerla en papel, es decir, escribir tu plan de negocios. No necesitas grandes herramientas, basta una hoja y una pluma y responder preguntas básicas como: ¿qué es lo que quieres hacer?, ¿cómo lo vas a hacer?, ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿por qué? y ¿con quién?. Luego tienes que buscar a las personas que se sumen al proyecto, ya sean socios, ONG’s, etc. Finalmente, tienes que hacer un programa piloto porque una vez que arrancas y detectas las debilidades puedes perfeccionar tu proyecto. No existe un plan perfecto, por lo que tienes que adaptarte a las circunstancias para llevar tu idea al siguiente nivel.

¿En qué consiste el trabajo de ¡Échale! en las comunidades?
Nosotros llevamos la máquina y ponemos a la gente a producir su material y sacar las piezas para su casa, supervisamos la construcción y los vamos guiando. Pero no sólo se trata de las casas, también formamos un comité de vivienda para que se organicen socialmente y para que todos estén de acuerdo en qué es lo que se va a hacer. Este comité está formado por personas de la propia comunidad y es muy importante para el proceso porque los empodera y así se dan cuenta que ellos son su propia solución, nosotros sólo somos les acercamos los elementos.

¿Un líder nace o se hace?
Definitivamente, nace. Por ejemplo Nancy, una mujer de 20 años que es la líder de su comunidad en Tlaltizapán, Morelos. Desde que llegamos ella tomó la iniciativa, empezó a organizar a la gente, era la que les tomaba la lista de asistencia, revisaba que cumplieran sus horarios y su nivel de producción, les cobraba sus créditos y además, también hacía sus bloques para su propia casa. Ella tomó naturalmente esa posición de líder sin que nadie la impusiera y pudimos ver cómo se despertó ese potencial que tenía “dormido”. Gracias a su liderazgo, se eficientó el trabajo ya que al principio de la construcción producían 600 Adoblocs al día y al final, contabilizaban hasta 1,500 diarios.

¿Cuál es el valor agregado de su proyecto?
Que no sólo te da la oportunidad de tener tu hogar o de mejorarlo, sino también de tener trabajo, ya que a la gente se le paga por producir el material y por construir la casa ($1 por bloque). Cuando termina la construcción, se les da la opción de que adquieran una franquicia social para que continúen trabajando el proyecto en otras comunidades necesitadas.

¿Qué es una franquicia social?
Opera como cualquier otra franquicia, con la diferencia de que también busca ser sostenible, tener impacto, generar riqueza, trabajo y bienestar social en las comunidades y que el modelo se replique. Nuestro objetivo es que el modelo se desarrolle en otras regiones pero que sean ellos, y no nosotros, los que se encarguen de la operación aprovechando todo el aprendizaje que adquirieron.

La franquicia tiene un costo, no es gratis, pero es para pagar la máquina, la supervisión, los manuales y para poder seguir trabajando. Actualmente ya trabajamos con un despacho acreditado por la Secretaría de Economía (SE) para armar el modelo y entrar el Programa Nacional de Franquicias (PNF) para que el Gobierno otorgue financiamiento para su compra. Aunque como tal no está a la venta, sino que se le da a las comunidades donde estamos trabajando para que puedan continuar la labor.

¿Cómo fue su experiencia en el Foro Económico Mundial?
Aplicamos durante muchos años pero no nos habían seleccionado porque nos faltaba pulir algunos aspectos como finanzas, estructura interna, etc. Eso nos ayudó mucho para mejorar y finalmente en la cuarta ocasión logramos entrar.

Sin duda, la mayor recompensa –además del reconocimiento– fue la interacción con la gente y el networking que puedes lograr en este tipo de espacios. Fue muy enriquecedor conocer a otros emprendedores que también están poniendo su granito de arena en otras áreas y ver de qué forma podemos trabajar juntos. Además, abrió las puetas para que ¡Échale! llegue a países como Chile o Haití. Esa fue la gran lección, la colaboración y la sinergia, no la competencia.