Columnas

Lecciones de la Selección Sub-17

El pasado domingo, la Selección Sub-17 nos llenó de júbilo y emoción a todos los mexicanos al llevarse el título de la Copa Mundial al vencer 2-0 a la escuadra charrúa. Pero también, estos jóvenes futbolistas dieron en el Estadio Azteca –y a lo largo del torneo en el que se mantuvieron invictos- un gran ejemplo de liderazgo, organización y actitud de constante esfuerzo e innovación que sirven de lección para cualquier negocio y emprendedor que quiera alcanzar el éxito.

Como en toda empresa, el factor humano significó la base de la victoria del tricolor. Si bien la Selección Sub-17 posee una marca fuerte y aceptada entre la afición –por haber obtenido también hace seis años el primer lugar en Perú con la llamada “Generación dorada”- lo cierto es que la alineación diseñada por el DT Raúl “Potro” Gutiérrez destacó por ser una acertada conjunción de grandes y prometedores talentos con un excelente trabajo en equipo. Sin duda, las piezas clave de esta agrupación se encontraron en el cálculo y la proyección del portero Richard Sánchez; en el liderazgo del capitán, Antonio Briseño “el Pollo” quien, desde la retaguardia organiza, administra y alienta a su equipo; en el esfuerzo del mediocampista Jorge Espericueta (quien será recordado siempre por su magnífico “gol olímpico”); en la agilidad y perseverancia de Julio Gómez que, después de recibir 10 puntadas y anotar el histórico gol de chilena que puso a México en la final, se convirtió en un auténtico héroe y en el mejor jugador de la Copa; y finalmente, en la precisión y el compromiso de los delanteros Marco Bueno y Carlos Fierro, así como del mediocampista Giovani Casillas.

Pero además de la importancia de su capital humano, las razones que condujeron al triunfo a esta joven escuadra también se encontraron en la actitud ganadora y motivada de sus jugadores, la cual no disminuyó ante ningún rival ni obstáculo, y en la correcta administración de los recursos desde su interior hasta la cancha, incluyendo la destacable labor de su director técnico. Sin embargo, en realidad el principal motor que animó a la selección conformada por estos chicos menores de 17 años fue la consecución de una meta común: coronarse como campeones del mundo en su propia tierra, mientras millones de fanáticos gritaran al unísono “¡Sí se pudo!”.