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La nueva forma de vivir el cine

Conoce cómo Julio Fernández creó Cinetransformer, un concepto innovador de salas cinematográficas móviles.
La nueva forma de vivir el cine
Crédito: Depositphotos.com
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Ir al cine es una de las opciones de entretenimiento favoritas de muchos mexicanos. Tan sólo en 2010, se vendieron 190.9 millones de boletos para asistir a las salas comerciales del país, según la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (Canacine). Esto coloca a México como el más cinéfilo de Latinoamérica y el quinto con mayor consumo a nivel global.

El problema es que aún hay un público desatendido –poblaciones con menos de 50,000 habitantes– que no cuenta con un servicio de calidad para disfrutar esta experiencia de sonidos e imágenes. La buena noticia es que ya operan modelos como Cinemagic y la franquicia Cinelux para atender este mercado; sin embargo, la demanda sigue superando a la oferta.

Los resultados de la Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumo Culturales (2010) señalan que sólo el 45% de los mexicanos asiste al cine entre una y seis veces en un período de tres meses, mientras que el 54% no va ni una sola vez. Esto se debe a las siguientes razones: 21% no tiene tiempo, 17% ni tiempo ni dinero, y 16% dice que el cine le queda muy lejos de casa.

Acortar distancias y dar precios accesibles motivaron a Julio Fernández a crear un producto único en el mundo: Cinetransformer (www.cinetransformer.com.mx), una sala de cine móvil. El concepto consiste en un tráiler que se expande lateralmente para convertirse en sala tipo estadio para 91 personas. Además, está equipado con comodidades equiparables a cualquier sala moderna: aire acondicionado, dulcería y hasta proyección de películas en 4D.

El costo de innovar

Julio proviene de una familia de productores de películas mexicanas, y su padre, Raúl Fernández López, dirige desde 1979 una empresa especializada en fabricación de carrocerías y remolques, llamada Traylfer S.A. de C.V. Por ello, este emprendedor decidió rendir homenaje a su tradición familiar con un negocio revolucionario: un cine capaz de ir a cualquier parte.

Todo comienza con la incorporación de tecnología de primer mundo a un contenedor de carga. “La maqueta del prototipo, diseñada por mi padre, se presentó en un festival de la Canacine, celebrado en Cancún, Quintana Roo en 1994. Inmediatamente recibí oposición por parte de empresarios del ramo cinematográfico, lo que me hizo pensar que el modelo sería un éxito”, dice. Acto seguido, Traylfer desarrolló la primera unidad en 1996, con capacidad para 72 personas.

Una vez que el modelo se patentó, Julio tuvo que resolver una serie de retos, ya que apostó por el formato digital. “Al principio, el riesgo de la piratería que representa la utilización de este formato hizo dudar a los estudios de cine. Por eso, mi hermano Raúl desarrolló un sistema de encriptación para las películas”, cuenta el emprendedor.

Esta herramienta de seguridad –segunda innovación de Cinetransformer por ser la primera en su clase– fue autorizada por los estudios Disney y Warner Bros. “Gracias a esto, el 25 de diciembre de 1998 proyectamos en Coacalco, Estado de México la película Bichos, primera exhibición digital de carácter comercial en el mundo”, explica. El resultado fue positivo, ya que se registró una ocupación del 67%, superior al 35 o 40% máximo promedio de salas fijas.

A pesar de haber probado la validez del modelo, ahora el reto está en su comercialización, debido a que el costo de cada unidad es de US$750,000. Por lo tanto, a fin de capitalizarse para seguir fondeando su proyecto, el empresario creó un catálogo de servicios de marketing y capacitación. En este caso, el público objetivo son grandes compañías que promocionan su marca.

Tenacidad recompensada

México es el mercado natural y en donde están mejor posicionados. Pero también ya han realizado proyectos en Estados Unidos desde 2003. El último fue a principios de 2011, promocionando la nueva película de James Cameron, quien pidió personalmente la asistencia de Cinetransformer. Además, la empresa inició operaciones en Brasil en 2006, con el objetivo de cubrir toda la región sur del continente.

Los últimos años han sido definitivos. Entre 1996 y 2009 sólo fabricaron 10 unidades, sorteando obstáculos económicos –crisis financieras y falta de inversionistas–. Sin embargo, entre 2010 y 2011 crearon nueve salas móviles más y una que está por terminar de construirse a finales de este año.

“Como en todo proyecto, al inicio fue difícil despegar. Normalmente, la gente le teme a lo nuevo; pero la perseverancia es el secreto para asegurar el éxito de un negocio. Y si el concepto ya probó que es eficaz, mejor aún”, finaliza Julio.

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