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Cómo ser un emprendedor social

Hacer negocios que beneficien a la sociedad es un modelo que empieza a multiplicarse en México. Conócelo y súmate a esta iniciativa.
Cómo ser un emprendedor social
Crédito: Depositphotos.com
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La necesidad de encontrar soluciones a las crisis alimentaria, ambiental, económica y social motivó el acercamiento de dos mundos que, hasta hace algunos años, se encontraban en polos opuestos: las empresas y los proyectos sociales. Esta unión dio paso a un nuevo modelo económico: los emprendimientos sociales. Mientras este proceso empieza a dar frutos en el mundo, en México aún es un sector incipiente, pero lleno de oportunidades y con gran futuro.

Para muchas personas es difícil pensar en la rentabilidad y el beneficio social caminando de la mano, aunque en esencia es simple. “Es el balance entre hacer negocios y, al mismo tiempo, resolver un problema que afecta a la sociedad”, afirma Tania Esparza, vocera de Iniciativa México (www.iniciativamexico.org). “Cuando se logra un equilibrio entre generar bienestar social y rentabilidad, se habla de una empresa social”.

Mientras que para Joel Adriance, program manager de International Youth Foundation (www.iyfnet.org), al tener un objetivo social, los ingresos que generan estas empresas no son utilizados para el beneficio de los dueños, sino que son reinvertidos en el proceso para maximizar el impacto social.

Por su parte, Cynthia Jaramillo, coordinadora de Proyectos y Negocios Sociales del programa Avancemos, de Ashoka (http://mexico.ashoka.org), dice que las empresas sociales son una alternativa para lograr un cambio a gran escala. “Este objetivo es precisamente su razón de existir, por lo que el modelo de negocio y su rentabilidad pasan a ser un medio y no el fin”, señala.

Tendencia global

En países como Reino Unido, el gobierno se ha percatado del potencial que tienen las empresas sociales y, en consecuencia, ha generado estructuras legales que fomentan su crecimiento. En cambio, en México sigue siendo un tema nuevo y aún poco conocido por las autoridades. Por lo tanto, todavía no se cuenta con mecanismos legales y de inversión que faciliten su desarrollo en nuestro país.

De ahí que es importante recalcar que lo social no elimina el hecho de que este tipo de negocios deben ser rentables y competitivos. Esta característica y la visión de largo plazo les permite innovar con más libertad al no depender de recursos de terceros, pues son capaces de generar sus propios ingresos.

Al respecto, la vocera de Iniciativa México comenta que uno de los principales retos es el financiamiento. Esto debido a que por ser empresas no pueden recibir donativos. Y también porque considerando lo novedoso de estas iniciativas, algunos inversionistas tradicionales no están dispuestos a asumir el riesgo de aportar su dinero en estos proyectos. Sin embargo, ya existen fondos de inversión como Ignia (www.ignia.com.mx) y Adobe Capital (www.adobecapital.org), así como proyectos como Iniciativa México, que les están dando un voto de confianza.

Otros actores que apuestan por el potencial de estos negocios son las fundaciones internacionales y organizaciones como Ashoka. En México a través de Avancemos, su programa de jóvenes, impulsa la formación en esta materia. Esto lo hace por medio de diversas estrategias como la Cumbre Internacional de Emprendimiento Social Juvenil.

Desarrollo de la comunidad

Néstor Palacios, gerente de Desarrollo Internacional de Fundación E, opina que la clave para que este tipo de proyectos sean exitosos está en que los emprendedores aprovechen el conocimiento y costumbres de las comunidades. Esto a fin de generar valor en la cadena productiva.

Siguiendo esta línea, Juan Manuel Martínez, coordinador de la maestría en gestión de empresas de economía social de la Universidad Iberoamericana Puebla, comenta que se ha comprobado que en espacios donde las empresas sociales tienen una gran importancia se genera bienestar social y crecimiento económico. “Siempre que una alternativa genere tanto riqueza económica como social tiene un gran futuro”, asegura.

Los especialistas coinciden en que dadas las condiciones sociales, económicas y ambientales del país, las empresas sociales representan una alternativa viable y de gran potencial. Asimismo, se proyecta que irán cobrando fuerza en los próximos años.

Por eso, a los emprendedores creativos, ingeniosos, con una gran pasión y vocación por generar un cambio social a través de modelos comerciales rentables les recomiendan escuchar y aprender de las comunidades. También deben estar atentos a las oportunidades en la base de la pirámide, donde los ojos de inversionistas, empresas y medios se concentrarán en los próximos años.

Oportunidad de negocio

Según un estudio de la Fundación Rockefeller y datos de la Alianza Internacional de Cooperativas, hay grandes oportunidades de negocio para las empresas sociales debido a las siguientes razones:

- El mercado de la base de la pirámide en economías emergentes tiene un potencial de generación de utilidades de hasta US$667,000 millones en los próximos 10 años.
- La cantidad de capital disponible para inversión en este sector podría rebasar la cifra de US$1,000 millones.
- En Brasil, las empresas sociales son responsables del 72% de la producción nacional de trigo, 43% de soya y 39% de leche.
- En EE.UU. más de 30 empresas sociales tienen ingresos anuales que exceden los US$1,000 millones.
- En México, se estima que existen más de 7 millones de personas relacionadas directamente con empresas sociales. Dichos negocios benefician de manera directa a más de 28,000 personas e impactan positivamente en 1,000 municipios del país.

Tres casos de éxito

1. Grameen Bank. Fundado en Bangladesh en 1976 por Muhammad Yunus –Premio Nobel de la Paz–, esta institución de microcréditos inició con un préstamo de US$27 a un grupo de personas acosadas por usureros. Hoy es el banco de los pobres, con opciones de financiamiento y desarrollo para 8.36 millones de personas.

2. Grupo Mondragón. Surgió en España en 1943 como una escuela de oficios para ayudar a la gente a salir de la pobreza. Luego se convirtió en una cooperativa para dar empleo a sus egresados. Ahora es el grupo cooperativo más grande del mundo, con 255 empresas que operan en más de 70 países y que dan empleo a 85,066 personas.

3. Grupo Jade. Se creó en los años 80, bajo un esquema cooperativo y educativo en Jalisco y Oaxaca, con el objetivo de dar solución a problemas de derechos humanos, migración y pobreza. A la fecha ha generado más de 450 empleos y beneficiado a medio millón de personas en 11 estados. Además, sus ventas anuales se estiman en más de $1 millón.