Emprendedores

Un negocio rentable y de impacto

Capeltic es una cafetería que impulsa el desarrollo de sus proveedores, quienes son productores de café de Chiapas.
Un negocio rentable y de impacto
Crédito: Depositphotos.com
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Maximizar el impacto social a través de una empresa rentable es la idea que dio origen a Capeltic. Se trata de una cafetería ubicada en la Universidad Iberoamericana Campus Ciudad de México, que ofrece productos y servicios de calidad. Pero no sólo eso, también genera oportunidades para productores de café de Chiapas.

Alberto Irezabal, su director, comenta que el negocio fue concebido bajo la línea estratégica de dar valor agregado al café, que es producido por pobladores indígenas que viven en la selva norte de ese estado.

Hace más de cinco años un grupo de cafeticultores del municipio de Chilón, en Chiapas, buscó mejorar sus condiciones de vida. La idea era apreciar su producto en el mercado por medio de técnicas agroecológicas y de cultivo orgánico.

En todo este proceso fueron guiados por emprendedores de la misión jesuita de Bachajón y estudiantes de la Universidad Iberoamericana. El siguiente paso fue vender café en taza, con un concepto de cafetería moderna y de calidad, capaz de competir y conquistar al público consumidor. Así nació Capeltic.

Y es que dentro de la cadena de valor, el grano en taza genera el mayor valor agregado. Un productor de café pergamino recibe $46 por kilo al venderlo a la cooperativa; pero tostado, el kilo llega a $140. En tanto que vendiéndolo en taza, ese mismo kilogramo genera $1,600, explica Alberto.

“En este esquema de búsqueda de valor agregado por medio de calidad en el producto y buen servicio, podemos generar la riqueza para regresarla a los productores de la cooperativa”, afirma el emprendedor. “Asimismo, no sólo es cuestión de darle al mercado lo que pide, sino también de educar al cliente en temas de comercio justo y empresa social”, asegura.

La unión de dos mundos

Capeltic es el último eslabón de una cadena cuyos extremos se encuentran en ambientes diametralmente opuestos. Por un lado, está el ritmo tzeltal de la cooperativa, lleno de tradiciones. Y en el otro, el mundo globalizado, donde Capeltic debe insertarse en un mercado altamente competido con productos de calidad y con valor agregado.

A un año de iniciar operaciones, el negocio cuenta ya con 10 trabajadores, que incluye al director, así como a empleados de piso. Al cierre de 2010 generó ventas por casi $3 millones, lo que permitió reinvertir en el modelo cerca de $300,000.

Uno de los principales retos de la iniciativa es la creación de una estructura legal donde la cooperativa de café Tsumbal Xitalha’, la procesadora Bats’il Maya y Capeltic cuenten con participación legal de todos los socios.

Por otro lado, “si buscamos el beneficio social, con los cargos fiscales enormes en que caemos con estas estructuras, se dificulta el logro de nuestro objetivo”, dice el emprendedor.

Ha sido tal el impacto positivo de la iniciativa en la zona, que los campesinos prefieren venderle a la cooperativa, pese a que existen “coyotes” que ofrecen más por su producto.

“Los cafeticultores le están apostando a nuestro modelo para que sus hijos tengan una alternativa viable de vida en la región y no tengan que migrar a otros lugares”, señala Alberto.

En términos de impacto social, Capeltic busca abrir más puntos de venta, a fin de seguir incrementando la riqueza y regresarla a los productores. Por eso, ya se prepara la apertura de nuevas sucursales en la Universidad Iberoamericana de Puebla, en Guadalajara y en una plaza fuera del ambiente académico en la Ciudad de México.