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Qué tipo de crédito te conviene 2

Qué tipo de crédito te conviene 2
Crédito: Depositphotos.com
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Otra opción de financiamiento que existe es el factoraje, y hay dos tipos:
Factoraje sin recurso. Funciona cuando tu cliente es una empresa AAA, como Walmart o Gobierno Federal. Es el tipo de factoraje que maneja Nacional Financiera en su Programa de Cadenas Productivas. Aquí a la institución financiera no le interesa la estructura financiera del cliente (tú), sino quién es tu cliente final (porque a él le hará efectivo el cobro).

Factoraje con recurso. En este caso sí se toma en cuenta la solvencia de la empresa a la que se le dará el financiamiento. En consecuencia, se le hace un estudio de crédito, ya que tal vez el papel que tiene no es de una empresa AAA. Si por alguna razón esta última no le paga a la institución financiera, tú también tienes la obligación de pago. En tanto que la tasa de interés se fija con base en tu estructura financiera.

Si eres proveedor de una gran cadena comercial y te paga a 90 días, ¿qué puedes hacer?
Una opción es el factoraje, el cual sirve para adelantarte los recursos que después la institución financiera hará efectivo a tu cliente y, por ello, te cobra una tasa de interés.

Ésta es mucho más baja que una tasa a la que podrías tener acceso con tu empresa, pues la institución financiera evalúa el riesgo del cliente final y no el tuyo.
Las ventajas del factoraje es que te permite hacer frente a tu ciclo operativo y poder financiar a tus clientes (o tus inventarios). Sin embargo, te ayuda para sobrevivir y no tanto para crecer. Para tener un crecimiento acelerado, te conviene más abrir líneas de cuenta corriente o de capital de trabajo, porque el destino es libre e igualmente puedes financiar a tus clientes o inventarios.

Por otro lado, se encuentran las cartas de crédito de importación, de exportación y domésticas. Las primeras son un instrumento financiero que permite al importador garantizar sus pagos frente a sus proveedores extranjeros. Normalmente los plazos son hasta a 180 días.

Las cartas de crédito de importación son un compromiso incondicional de pago de un banco a un vendedor. Funcionan de la siguiente manera: a la presentación de ciertos documentos y cumplimiento de otras instrucciones dadas por un comprador, el banco atenderá el pago de una cantidad establecida en un plazo conforme se haya previsto en una operación.

Si vas a importar de Estados Unidos, las cartas son garantías frente al proveedor, pues si recién inicia la relación, no te conoce. Por lo que representan una solución para que te puedan dar mercancía sin que pagues de contado (dado que las primeras transacciones son pagos de contado). Mientras tanto, el proveedor en el extranjero te conoce para que después darte crédito.

Así que si no quieres pagar de contado tus importaciones, se establece una carta de crédito: acudes a un banco a solicitarla, otra institución financiera en Estados Unidos hace la labor de corresponsalía y se obliga frente a su homólogo nacional a que cuando se presenten ciertos documentos, este último le pague al extranjero para que éste a su vez le pague al proveedor de Estados Unidos. De esta manera, te pueden entregar la mercancía sin problema.

Las cartas de crédito de exportación funcionan de forma similar a las de importación, sólo que con fines de exportación. Por otro lado, las cartas de crédito domésticas demuestran que las operaciones no necesariamente tienen que realizarse en países diferentes para garantizar una contraprestación entre ambas partes.

Ahora bien, dentro de los arrendamientos existen dos tipos.
Arrendamiento financiero. Se establece a través de un contrato mediante el cual se compromete otorgar el uso o goce temporal de un bien al arrendatario, obligándose este último a pagar una renta periódica que cubra el valor original del bien más la carga financiera y los gastos adicionales que contemple el contrato. Al vencimiento de éste, la arrendadora normalmente vende el bien al arrendatario a un valor residual.

Este esquema permite a las empresas la adquisición de activos fijos con esquemas de largo plazo. Es ideal para la compra de maquinaria y equipo, oficinas o naves industriales; en general, bienes muebles o inmuebles que quieras conservar. Contablemente registras el bien y el pasivo; haces deducibles los intereses y la depreciación del activo. La idea es que la arrendadora le venda al arrendatario el bien al final del plazo a un valor residual poco significativo.

Arrendamiento puro. Se establece mediante un contrato el uso o goce temporal de un bien, pero con la diferencia de que al final del plazo no existe una opción de compra cuando vence el contrato. La idea es que cuando termine el plazo del arrendamiento, tú le regreses el bien a la arrendadora y ésta lo venda. Contablemente tú no registras como empresa ni el bien ni la deuda, simplemente cada mes pagas una renta, que puedes hacer deducible de impuestos. Aquí el valor residual es muy alto.

Esta opción se utiliza mucho para la compra de computadoras y vehículos, ya que se deprecian muy rápido los activos y al final del plazo no te conviene quedarte con el bien. Lo regresas a la arrendadora y, si se firma otra vez un contrato, te devuelve uno nuevo.

Para arrancar un proyecto

Cuando una empresa arranca, las fuentes de financiamiento más comunes son friends, family and fools (amigos, familia y tontos). Y en etapas tempranas (menos de dos años de operación), algunas empresas que tienen un alto potencial de crecer logran levantar Capital de riesgo o Capital semilla. Para obtener este último es necesario contactar alguna incubadora que forme parte del Sistema Nacional de Incubación de Empresas de la Secretaría de Economía (SE).

En América Latina, el Venture Capital o Capital de riesgo está apenas empezando y no hay muchos fondos porque se trata de operaciones de menos de US$5 millones, en donde los inversionistas esperan un mayor rendimiento dado que hay mayor riesgo. En este sentido, el proyecto debe dar rendimientos anuales de entre 60 y 80% para que sea atractivo para un fondo de Venture Capital.

Cuando las empresas comienzan a crecer, llegan a una etapa en la que los créditos ya no son suficientes para seguir manteniendo este paso. Entonces, entra la parte de Capital Privado o Private Equity. Las operaciones son superiores a los US$5 millones. En el país operan unos 50 fondos de este tipo, agrupados por la Asociación Mexicana de Capital Privado AC (www.amexcap.com).

El objetivo de los fondos de Private Equity es encontrar empresas ya consolidadas –con cuatro o cinco años de operación– para inyectarles capital y lograr crecimientos de más del 100% anual, así como rendimientos mínimos del 40 por ciento.

Garantías

Cuando el crédito es menor a cinco años, el mismo bien a financiar es la garantía. Pero cuando el plazo es mayor a cinco años, normalmente te van a pedir una garantía hipotecaria que puede ser el mismo bien a financiar (por ejemplo, una nave industrial). O en el caso de un destino diferente, se necesitan garantías reales, dado que el plazo es mayor y, por ende, el riesgo es mayor.

En la mayoría de los casos los bancos te piden un aval, que es una garantía total o parcial de pago prestada por un tercero que se obliga solidariamente con el deudor para el caso de que éste no realice el pago. En el sistema financiero, casi todos los bancos piden un aval con un bien inmueble libre de gravamen.

Aunque el inmueble no se grava, tienes que declararlo en una relación patrimonial. Por su parte, el banco revisa que esté a tu nombre y libre de gravamen. En realidad se trata de un aval moral, pues la filosofía de la institución financiera es: si yo como banco confío en tu negocio, tú también confía en él. Asimismo, el tema de que el aval tenga un bien inmueble demuestra que a la empresa le ha ido bien (porque tuviste la oportunidad de adquirir un inmueble y que no esté gravado).

De repente, los bancos te dicen que van a gravar el inmueble. En este caso, ya estamos hablando de una garantía hipotecaria. Ésta es un derecho que se constituye sobre los bienes de un deudor o de quien avala la deuda en beneficio de un acreedor para asegurar con estos bienes el pago de la obligación. Si la deuda no es pagada en términos, en consecuencia, el acreedor tendrá derecho a quedarse con los bienes hipotecados o a rematar los mismos para cubrir los saldos adeudados.

Por ejemplo, si vas a comprar una maquinaria o un equipo de transporte, ¿qué garantía debes ofrecer? Si la estructura financiera de la empresa es sana, el banco va a solicitar sólo una garantía prendaria (que es el mismo bien a adquirir) y el aval (sin gravar el bien).

Otro tipo de garantías que también te pueden pedir las instituciones financieras en créditos estructurados son los inventarios y cuentas por cobrar (que cubran en cierto aforo el monto del crédito). O bien, te piden una garantía líquida, es decir, un porcentaje de la línea que se desea disponer; por ejemplo, para obtener un préstamo de $10 millones, debes dejar un depósito de $1 millón. Esta cuenta genera intereses, pero no podrá ser tocada mientras subsista el crédito.

Incluso, cuando la estructura financiera de la empresa se ve muy mal, la única forma para que algunos bancos te presten es con un back to back. Por ejemplo, depositas $10 millones y te prestan $10 millones. ¿Por qué recurrir a esta opción? Algunos negocios lo hacen para crear un historial crediticio o por beneficios fiscales.

Por otro lado, la hipoteca industrial es una garantía que al constituirse el gravamen afecta los bienes muebles e inmuebles que están destinados a la operación de la empresa. Es la mayor garantía que un banco puede tener sobre una compañía. De este modo, la institución financiera está garantizado el pago con toda la parte de inmuebles, muebles e incluso, cuentas por cobrar, es decir, toda la operación del negocio.

También se estilan los fideicomisos para poder garantizar el pago ante una institución financiera. Si tú como empresa tienes un contrato a largo plazo, muchas veces la institución te pide que lo cedas en garantía (los derechos de cobro).

Para darle más solidez a la operación de los flujos generados de ese contrato, el cliente final ni siquiera te paga a ti, sino que lo hace al fideicomiso. Mientras que éste tiene instrucciones para que la institución financiera tome de ahí su capital más sus intereses y lo que sobra se le regresa a la empresa.