Columnas

La creatividad como máxima divisa

La oportunidad de convertir las tendencias y los negocios creativos en proyectos rentables para la economía mexicana.
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En México contamos con una gran cantidad de artistas multidisciplinarios, tanto a nivel técnico e industrial como de las llamadas bellas artes, que forman parte de nuestra cultura, tanto a nivel social y político como económico. Lo interesante, es que poco o nada se ha hablado de su relación con los negocios y su impacto en la economía nacional como en otros países.

El Departamento de Cultura, Comunicación y Deporte del Gobierno de Reino Unido, en el año de 1999 creó un listado de lo que ellos consideran su “industria creativa”:
I. Marketing, Publicidad y Promoción Comercial.
II. Creación y Comercialización de Arte Plástico y Conceptual.
III. Mecenazgo, Conservación  y Restauración del Patrimonio Cultural.
IV. Artesanía, Tradiciones e Identidad Cultural.
V. Arquitectura.
VI. Música.
VII. Cinematografía y Artes Escénicas.
VIII. Desarrollo y Comercialización de Software, Animación y Videojuegos.
IX. Producción de Juguetes.
X. Diseño.
XI. Sistema de la Moda.
XII. Producción y Edición de Literatura y Medios de Comunicación.
XIII. Prácticas y Servicios de Investigación y Desarrollo Industrial.

A partir de esto, Reino Unido designó su propia división encargada de investigar y promover el desarrollo de la industria creativa en su país, así como de proponer políticas públicas que colocaran el tema en la agenda internacional.
Estos trece rubros –calificados como sub-sectores industriales– integran a la industria creativa como una de las más destacadas e importantes de nuestros
modelos económicos vigentes, en un siglo como éste, llamado por algunos “el siglo del conocimiento”. Pero, ¿es esto posible en México?

Aun cuando la industria creativa es desconocida para muchos, el término ha logrado grandes conquistas a sólo trece años de salir a la luz como una nueva corriente de pensamiento social y económico, historia muy similar a la vivida por el término “entrepreneur” acuñado a finales del siglo XVIII por el publicista, economista y hombre de negocios francés, Jean-Baptiste Say. Él sostenía una idea que se convirtió en ley para efectos de teoría económica: la producción de un bien con fines de lucro crea y constituye en sí misma, la única y universal razón de la existencia de un mercado para el bien creado.

¿Ejemplos? Podemos hablar en primer momento de ideas como la moda o las artes decorativas, que entran en la economía creativa. Y es que de no existir una oferta dinámica de este tipo de bienes, ¿seguiríamos sintiendo la necesidad de comprarlos? sin filmes para la temporada vacacional, ¿nos sentiríamos llamados de ir a las salas de cine? Y un buen aliento a mentol y eucalipto, ¿alguien estaría interesado en comprar la pasta de dientes que ofrece máxima frescura?

El dinero parece menos honroso en materia de nuevos conceptos de mercado. Porque son las ideas y no la moneda, las que constituyen la máxima divisa del sistema capitalista que regula a la civilización actual.
Las compras que realizamos, los bienes a los que aspiramos y más aún, lo que nos resulta bello, útil o necesario, no sirve más que a una idea sobre nosotros mismos o sobre el mundo que nos rodea que alguien más, individuo o grupo social, nos ha promovido hasta aceptarla.

Y si no todas las divisas poseen el mismo valor y tipo de cambio, que las ideas sean la máxima divisa del capitalismo las vuelve en extremo susceptibles a los tiempos y al juicio de las personas, siempre dependientes de las características sociales, políticas y económicas del lugar y el momento en el que pretenden comercializarse.

No basta con ser creativo para que tus ideas prosperen; se necesita ser observador y singularmente oportuno para elegir el momento adecuado e introducir tu idea con éxito al mercado.
 A este “espíritu de los tiempos” a veces tan complejo de entender, se le conoce hoy en día como “tendencia”: abrir bien los ojos para entender adónde se dirigen los hábitos y necesidades de consumo de los que te rodean.

A lo largo de mi breve experiencia profesional como publirrelacionista especializado en tendencias de consumo e inteligencia comercial para firmas de prestigio, he tenido la oportunidad de participar en procesos de construcción de marca de múltiples compañías creativas, todas ellas con grandes ideas y mucho potencial de crecimiento; sin embargo, donde hay grandes creativos generando ideas, existe por lo común un gran desconocimiento de herramientas y prácticas empresariales que pueden volverlas valiosas.

Es así como la soberbia se alza como un enemigo constante de los mejores creativos. Quizá porque es duro reconocer que las ideas no cobran valor sólo por ser propias, sino por su capacidad de proponer nuevos valores y satisfacer necesidades que resulten atractivas para los demás y no sólo para uno mismo.

El objetivo de este blog es compartir desde mi trinchera no consejos, si es que alguien sabe lo que un consejo vale para quien no lo ha pedido, sino las simples observaciones profesionales de creativos exitosos, expertos en el ramo y un poco de mi personal opinión sobre lo que hace la diferencia entre una idea grandiosa y una idea valiosa en el México de principios del 2012. Me parece tener la certeza de que es el momento adecuado y oportuno para hacerlo. ¡Enhorabuena!