Columnas

El poder de la voz

Campañas como “Niños invisibles” y figuras como el “protestador” evidencian el poder de la viralización en el mundo actual y en los negocios.
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En los últimos días, una figura ha cobrado gran importancia en todos los medios de comunicación, especialmente en Internet y en las redes sociales: Kony. Joseph Kony es líder del Ejército de Resistencia del Señor (LRA), un grupo paramilitar en el norte de Uganda que ha secuestrado a más de 40,000 niños, a los cuales obliga a asesinar a sus padres y a unirse a su milicia; a algunos los mata, a otros los mutila y les hace comer su propia carne, otros se entrenan para ser soldados, mientras que a las niñas las convierte en esclavas sexuales.

Después de muchos intentos fallidos para convencer a senadores estadounidenses de enviar fuerzas militares al país africano para capturar a Kony y llevarlo ante la justicia internacional, el activista y director de cine Jason Russell decidió apostar por otra estrategia: las redes sociales. El pasado mes de febrero Russell creó Invisible Children (Niños Invisibles), un movimiento basado en una video-denuncia en Youtube y Vimeo en la que se relatan las atrocidades perpetuadas por el ugandés. El proyecto hoy cuenta con más de 600,000 seguidores, incluyendo reconocidas celebridades como George Clooney, Angelina jolie y Oprah Winfrey, que a través de las redes consiguen dinero y firmas para presionar al gobierno de Estados Unidos.

A pesar de que el movimiento ha sido acusado por algunos medios como un “fraude” o una partida inútil que tiene como finalidad incentivar la invasión estadounidense en el continente africano, los resultados que ha conseguido en poco tiempo son destacables: casi 100 millones de vistas y alrededor de 5 millones de dólares recaudados en las primeras 48 horas después de su lanzamiento. El video más viralizado de la historia.

Y es que en realidad, la figura importante en estos tiempos no es Kony, tampoco lo es Russell, sino el “Protester” o “Protestador”. Este personaje, reconocido como “La persona del año 2011” por la revista Time, hace alusión a cualquier civil, una persona que expresa su oposición al sistema e inicia revoluciones sociales, un “hacedor” de la historia. Esta figura ha existido desde siempre, sin embargo, en el último año se ha provisto de una nueva arma: el poder masivo, viral e instantáneo de Internet y de las redes sociales.

Todo inició en Túnez, cuando el vendedor de 26 años Mohammed Bouazizi se prendió fuego como una señal de protesta a años de represión y pobreza del gobierno del dictador Ben Ali.  Posteriormente, numerosos protestadores aparecieron: se subieron imágenes y videos a Internet y se movieron por Facebook y Twitter. El fenómeno se extendió primero a Egipto, donde se derrocó el gobierno de Hosni Mubarak gracias a la “fórmula probada” de Túnez y consecuentemente a los estados árabes de Jordania, Bahrein, Marruecos, Yemen, Argelia, Libia  y Siria. Después, se esparció hacia Europa con “Los Indignados” en Madrid quienes se levantaron en contra del desempleo, las marchas en Grecia y hasta el movimiento “Occupy Wall Street” motivado por la crisis económica en Estados Unidos.          

En fin, el 2011 estuvo marcado por rebeliones contra gobiernos opresores y sistemas ineficientes, la mayoría originados por jóvenes de clase media que utilizaron Internet y sus perfiles en redes sociales no para chatear, ver fotos o para perder el tiempo en Facebook, sino para motivar el cambio. Afirma certeramente la revista Time que, a partir de 2011, globalización y viralización son las palabras que rigen no sólo la política, sino también a la sociedad, la educación y los negocios en el siglo XXI.

Son muchas las lecciones que este fenómeno debe dejar en la mente de cualquier ser humano y particularmente, de los empresarios. Primero, situar el papel que hoy en día tienen los consumidores: son ellos los que participan y los que, con su voz, (la cual se potencia y agudiza con las redes sociales), deciden. Son ellos los que son capaces de crear o destruir una marca -o un régimen dictatorial-, son ellos los que determinan el éxito o fracaso de una organización. Las empresas, sin importar que lleven siendo líderes por 30 años como Mubarak, pueden ser dimitidas si no cumplen con las expectativas de su público, cada día más exigente. No hay forma de suprimir o controlar sus opiniones y pensamientos (ahí yace la democracia). Quien no enfoque su negocio en la satisfacción del cliente, sin duda fracasará.  

En segundo lugar, es básico comprender la influencia que tienen las redes sociales. Es a través de ellas que la gente se conecta, comparte y se une. Estas plataformas están cambiando la forma de hacer negocios, de hacer política y de vivir. Mientras no entendamos su poder, poco a poco nos iremos rezagando y dejaremos de lado un espacio importante para comunicarnos con nuestros clientes y para formar parte de su comunidad. Y ahí está la clave: la función de las redes sociales no es vender, sino “ser social”. Usa esta voz, la voz única y personal de tu marca, para aportarle algo a tus seguidores, para entender mejor su estilo de vida y adecuarte a él. Sí, son un importante canal de promoción, pero no olvidemos que éste no es ni debe ser su principal función.

En tercer lugar, podemos observar otra tendencia que ha cobrado gran popularidad: el consumidor es activo y participa incluso apoyando económicamente a las iniciativas que son de su agrado. Esta práctica, conocida como crowdfunding o financiamiento colectivo, fue el motor de la campaña de Obama en 2008 y el método de recolección de capital del movimiento “Invisible Children”. En México existen algunas plataformas como IDEAME o Fondeadora que utilizan esta metodología: aportar dinero para lograr un objetivo. Este objetivo puede ser un negocio, una campaña o un proyecto creativo. Lo importante es conseguir que la gente se identifique y sea parte de esta idea común.

Finalmente, la principal lección de los “protestadores” es que nada está escrito. En el mundo actual, los ritmos cambian constante y enérgicamente; los que tuvieron grandes glorias hoy las pierden, los que no eran nadie pueden ser el centro de atención del mundo entero, los gobiernos pueden ser derrocados y las injusticias denunciadas. Y lo mejor, hoy contamos con las herramientas que lo pueden hacer posible, que hacen lo invisible, visible. ¡Usémoslas!