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El emprendedor serial

El gurú Michael E. Gerber hace un análisis sobre lo que significa emprender en la calle y de encontrar la felicidad en tu negocio.
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De regreso a la calle nuevamente. Como si alguna vez nos hubiésemos ido. Como si pudiéramos hacerlo, cuando todos los días las exigencias de la vida cotidiana nos ponen a prueba. Las demandas del bolsillo, los aparentemente interminables deseos de aquellos a quienes amamos, y de aquellos a quienes no. Las frustraciones que nos encuentran donde sea que veamos. Desconocidos preguntándonos cosas que no podemos responder.

¿Esto te suena? ¿De regreso en la calle?

¿Como emprendedores deseando el espíritu, o mejor aún, el talento de la innovación?

¿Esperando estimular nuestra reducida imaginación?

¿Buscando respuestas donde parece no haber ninguna?

¿Deseando la sabiduría que parecemos no poseer?

¿Buscando el camino a través o fuera de complicados acertijos? ¿De los torcidos horizontes? ¿De los rincones que no se encuentran entre ellos directamente? ¿De los círculos que no se cierran? ¿De pasillos que no llegan a ningún lado?

Esto, para mí, es lo que significa ser un emprendedor en la calle: Llenar los bordes con deseo. Deseo de crecer y deseo de retirarse. Correr de una idea a otra, pocas veces realmente realizando alguna, sólo para ser reemplazada por una tercera y luego por una cuarta. ¿Es esto lo que significa ser un emprendedor “serial”? ¿Correr de un lado para otro, sin siquiera tomar forma alguna?

¿Acaso “serial” significa no tener fin? ¿O hay otra forma de pensar sobre ello? Preguntas, preguntas, preguntas.

Una vez conocí a un hombre que se llamaba a sí mismo emprendedor. Era dueño de una pastelería, de una gasolinera y de una tienda de impresiones. Todos los negocios eran bastante pequeños, ninguno muy ambicioso. Todos ocupaban un espacio limitado, sin siquiera adueñarse de él, sólo “yéndoles bien”.

El hombre no parecía emocionarse por ninguno de ellos.  “Les va lo suficientemente bien”, decía. Pero, incluso cuando hablaba de sus empresas, parecía que miraba a lo lejos, hacia algo más interesante. Como si la pastelería, la gasolinera y la tienda de impresiones fueran incapaces de saciar su hambre.

Había algo más que él esperaba. Algo que tuviera poco que ver con la acción comercial de los negocios.  Algo que hablara dentro de él, pero no lo suficientemente elocuente  ni convincente para que pudiera expresarse con las palabras. 

“¿Qué estás buscando?”, le pregunté a este hombre. “Otro negocio”, me contestó.

“¿Y qué puede traerte este nuevo negocio que los otros que posees no?”, pregunté. “No estoy seguro”, me dijo. Pero después, parece que lo pensó y dijo, con un brillo en sus ojos, “puede ser que sea felicidad lo que busco. No disfruto mi trabajo, no es divertido. “

“Y tu vida”, pregunté, “¿Acaso la disfrutas?”

“En realidad no”, respondió. Y eso pareció ser el fin de la conversación, puesto que, cuando lo dijo, se volteó y caminó hacia su oficina y comenzó a mover con euforia unos papeles que se hallaban en su escritorio.  

He tenido muchas, muchas conversaciones con dueños de negocios. Uno se preguntaría, ¿dónde se encuentra la alegría? ¿Por qué se hacen esto a ustedes mismos?

¿Por qué esta constante necesidad de hacer dinero? ¿De hacer negocios en la calle?

Déjenme escucharlo de ustedes, quienes viven en la ciudad. Háganme saber qué piensan.

Soy Michael E. Gerber, escribiéndoles desde Carlsbad, California. El lugar al que llamo hogar.