Emprendedores

Hacia un país emprendedor 1

Hacia un país emprendedor 1
Crédito: Depositphotos.com
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Un profesor del ITAM pregunta a sus alumnos desde hace poco más de una década quiénes de ellos desean tener su propia empresa cinco años después de haberse graduado. “Antes era una minoría; generalmente los ‘itamitas’ querían trabajar en Hacienda. Y ahora es el 70% de los alumnos”, comenta Fernado Lelo de Larrea.

La anécdota del también co-fundador de Venture Institute, una aceleradora de negocios que además inyecta capital semilla a nuevas empresas a través de un fondo con recursos de inversionistas privados, sugiere lo que confirman varias fuentes consultadas: el país está dando un vuelco contundente hacia el espíritu emprendedor.
“Cada vez es mayor el número de personas que quieren tener o emprender un nuevo negocio”, coincide por su parte Miguel Marón Manzur, subsecretario para la Pequeña y Mediana Empresa, de la Secretaría de Economía (SE).

De acuerdo con el Global Entrepreneurship Monitor (GEM), un estudio realizado en 54 países, el porcentaje de la población adulta que está activamente involucrada en comenzar un negocio propio o en sociedad en el país pasó de 4.6 en 2005 a 8.6 en 2010.
Al año abren miles de empresas originadas en incubadoras; mientras que las iniciativas para acelerar proyectos son abarrotadas. Una muestra de ello son los 400 proyectos de alta tecnología que recibió Wayra, la aceleradora de negocios de la española Telefónica.

Marcus Dantus, director de esta iniciativa en el país, espera entre 800 y 1,000 proyectos para este año y opina que hay condiciones nunca antes vistas para fomentar la innovación en nuevas empresas, empezando por la coordinación entre los apoyos de varias instancias de gobierno.
En pocas palabras, el apetito por emprender se incrementa de forma relevante. Este crecimiento, que viene ocurriendo desde hace unos cinco años, puede atribuirse a una combinación de varios factores: por un lado, la valoración de abrir un negocio como una alternativa válida y atractiva frente a otras opciones profesionales ha penetrado en la mente de muchos mexicanos.

Por otro, se han facilitado los trámites para la apertura de empresas e incrementado los apoyos gubernamentales. También crecen las redes de colaboración entre emprendedores, así como los círculos de inversionistas interesados. Y por último, se ha multiplicado la respuesta a esta inquietud por parte de instituciones y organismos que proveen servicios de asesoría, educación, capacitación, aceleración, incubación y financiamiento a este segmento.

Sin embargo, no todo son noticias alegres. A pesar de lo anterior, escasean casos de éxito; es decir, “grandes historias, frecuentes en distintos lugares de la República, en diferentes industrias, con distintos tipos de emprendedores”, dice Federico Antoní, co-fundador de Venture Institute.
“Pregonar más los ejemplos de éxito y el que más empresas empiecen a crecer y salir a la Bolsa, ya sea a través de deuda o levantar capital”, impactará favorablemente en la mentalidad emprendedora de la generación que está iniciando su vida profesional, comenta Pilar Aguilar, directora de la aceleradora de empresas Endeavor México.

Más empleos

Para fines prácticos, el concepto de emprender se ha ligado enormemente a la idea de autoemplearse, al grado de casi convertirse en un sinónimo; aunque en realidad se trata sólo de una parte del abanico de las personas que abren un negocio. De acuerdo con la Secretaría de Economía, se calcula que en promedio cada negocio incubado genera 3.5 puestos de trabajo.

Por tanto, aún es una tarea pendiente el desarrollo de empresas de alto impacto en términos de las soluciones que ofrezcan a un problema, así como de su tamaño financiero y de generación de empleos. Llama la atención que los emprendedores mexicanos no se caracterizan por tener amplias expectativas de creación de puestos laborales.
En su último reporte anual, el GEM clasifica a México con un perfil en el que predominan emprendimientos no ambiciosos; es decir, que sólo buscan el autoempleo o esperan crear entre uno y cuatro nuevos puestos de trabajo en los próximos cinco años.

La generación de empleos se relaciona con el potencial de crecimiento que los emprendedores aprecian para sus negocios. De modo que el perfil emprendedor de la nación sugiere una perspectiva de crecimiento baja.
A este respecto, los especialistas comentan que fondos estadounidenses de venture capital y de capital semilla no invierten en México –pese a observar condiciones económicas favorables– porque perciben que faltan proyectos con una perspectiva real de alto crecimiento y que ofrezcan –de forma justificada– los retornos exigidos por los inversores.

La falta de proyectos de alto impacto es hasta cierto punto consecuencia de un círculo vicioso: los inversionistas no ven alternativas viables donde colocar sus recursos, y estas alternativas no se generan por falta de financiamiento.

El acceso a los recursos

Sin recursos suficientes “puedes arrancar una compañía muy fácil y tener un buen arranque, pero no lo suficiente como para hacer un negocio ya de tamaño considerable”, señala Oswaldo Trava, un emprendedor que co-fundó Lo Mío Es Tuyo, una empresa dedicada a la compra y venta de artículos seminuevos.
Hay avances en esta dirección: el gobierno da apoyo a través del Fideicomiso México Emprende, el cual otorga garantías a algunos bancos, para que estas instituciones ofrezcan préstamos a mejores tasas a emprendedores que requieren un crédito para iniciar un negocio.

Asimismo, Nacional Financiera (Nafin) comenzó en 2011 el levantamiento de capital para el portafolio de México Ventures, parte de Fondo de Fondos, que destinará recursos a fondos de inversión orientados a financiar proyectos de nuevas compañías.
Pese a estos esfuerzos, todavía existe una brecha entre proyectos capaces de absorber hasta $2 millones provistos por algún inversionista y aquellos que reciben inversiones de US$5 millones en adelante (más de $50 millones) por parte de fondos de capital privado.

Esta brecha limita el apetito por invertir porque no se ven salidas claras, como la posibilidad de vender la participación accionaria de una empresa ni tampoco existe la certeza de si habrá interesados en inyectar capital adicional al negocio una vez que éste haya crecido en escala.
Y no hay soporte adecuado: “cuando necesitas una inversión de $15 millones o $20 millones, existen muy pocos apoyos o programas que puedan ayudar a los emprendedores”, dice Hernán Fernández, director del club de inversionistas Angel Ventures.

Entonces, no sorprende que un inversionista mexicano prefiera colocar esos montos en una franquicia o bienes raíces que en un proyecto más riesgoso. Además, los entrevistados coinciden en que el acceso a fondeo para nuevos proyectos depende todavía en gran medida de las conexiones que el emprendedor posea.
Si estás por arrancar y “te toca codearte con gente que sí tiene el capital, lo tienes mucho más fácil que si no”, opina Fabián Linares, director de aceleradora de New Ventures, enfocada a proyectos sustentables. “La disponibilidad de capital sí tiene mucho que ver con tus contactos”, confirma por su lado Oswaldo Trava.

La decisión de un inversionista para colocar su dinero en un proyecto depende en gran medida de la confianza que le tenga al emprendedor. Es mucho más fácil que confíe sus recursos a un conocido o bien, un recomendado de éste.

Los mexicanos otorgan personalmente menos recursos para un nuevo negocio iniciado por alguien más (9% de la población adulta) que los chilenos y los peruanos (18% y 13.6%, respectivamente), pero más que los estadounidenses y brasileños (6% y 1%, en cada caso), de acuerdo con el Global Entrepreneurship Monitor.

Para democratizar el capital, será necesario formalizar las redes de inversionistas. Una manera es a través de clubes de inversionistas como Angel Ventures; mediante fondos de co-inversión como el que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estableció con dicha organización; o por medio de concursos, cuyos ganadores obtengan recursos del sector privado.

Otra alternativa son administradores de fondos que levanten el capital y se especialicen en identificar y apoyar proyectos nuevos con alto potencial.