Franquicias

De estudiante a franquiciante

Pamela Tomas estudia la carrera y ya es dueña de una franquicia muy representativa del norte del país: The Barber’s Spa.
De estudiante a franquiciante
Crédito: Depositphotos.com
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Pamela Tomas Obrador Galarza, originaria de San Luis Potosí, a sus 22 años es dueña de una de las franquicias más representativas del norte del país: The Barber’s Spa. Su concepto acerca la industria de la belleza y el cuidado personal a los caballeros, por lo común renuentes a los tratamientos porque el ambiente de los locales es demasiado femenino. “Sólo busco romper con el mito de que el hombre no debe preocuparse por su arreglo personal”, explica la emprendedora.

Entrar a un Barber’s Spa explica por sí mismo lo novedoso de la propuesta de la (aún) joven universitaria. Adentro hay una decoración muy varonil, con revistas y canales de televisión del gusto del hombre promedio, así como la música y los colores de una barbería tradicional, destinados a complacer a sus clientes. Y por supuesto: servicios de belleza, pero con una estética más “ruda” o menos delicada.

Y es que Pablo Hernández O’Hagan, presidente del jurado del Premio al Estudiante Emprendedor –del que Pamela fue finalista en la pasada edición–, tiene la creencia de que “en México, un joven de 20 años está en el mejor momento para iniciar su empresa, porque no le importa fracasar, no se preocupa por las cosas que no tiene y aún no ha sido seducido por las dulces mieles de la quincena”, explica el también emprendedor precoz. “Por eso, Pamela desborda pasión por lo que hace”, dice.

Vocación familiar

Al crecer en una familia de emprendedores especializados en la industria del cuidado personal –sus padres son los fundadores de la clínica Buena Imagen, lanzada en 1996– a través del modelo de franquicias, Pamela no dudó en sumarse con un concepto que pudiera franquiciarse. Esto en cuanto consolidara el nombre de su negocio.

Desde los 17 años trabajaba con su madre en las clínicas, desempeñando tareas simples y como aprendiz de las asesoras de belleza. De esta manera, despertó su curiosidad por el sector y estimuló ese amor por el detalle que heredó de su madre.

Así que mientras estudiaba la preparatoria, inició una carrera en cosmetología por medio de cursos, diplomados y prácticas de apoyo a sus padres en el negocio. “En ese entonces, la verdad sólo sabía que me gustaba todo lo referente al mundo de la belleza y la salud, pero no tenía claro qué hacer con eso”, confiesa Pamela.

El siguiente paso fue escoger una carrera que le diera muchas posibilidades para su futuro. La elección ya pronosticaba sus tendencias profesionales: Licenciatura en Creación y Desarrollo de Empresa en el Tecnológico de Monterrey, campus San Luis Potosí, de la que actualmente cursa el sexto semestre. Ella misma dice que “la idea era comprender cómo funcionaban nuevas estructuras empresariales y así aprender a diseñar una propia”. Una pasión que heredó de su padre.

La dinámica laboral y académica –ayudar en el negocio familiar y la formación de la licenciatura, donde el tema de innovación es recurrente– pronto agudizaron sus sentidos ejecutivos. Y de pronto, observando el modelo de Buena Imagen y otras compañías del mismo giro, descubrió una oportunidad en el consumidor masculino.

“Se ha enfocado tanto el funcionamiento de estas empresas en la belleza femenina que han terminado por ahuyentar al público varonil. Por lo tano, opté por crear una clínica spa con servicios y diseño pensados para el hombre de hoy, que no por buscar estilo de vida y cuidado personal, tiene por qué sumergirse en un ambiente femenino”, señala la estudiante.

Primero acudió a sus padres, quienes le dieron apoyo monetario y su experiencia. “Mi padre representa un pilar, pues no sólo me asesora para lograr mis objetivos, sino que me ayuda en el manejo de la empresa”. Con lo cual, ya tenía mucho camino andado. Lo siguiente fue desarrollar un plan de negocios de la mano de la Incubadora del Tecnológico de Monterrey.

Para capitalizarse contaba con un ahorro personal y una pequeña inversión familiar. Sin embargo, armar un negocio nuevo desde cero, sin antecedentes o referentes, siempre necesita más capital. Por eso, buscó financiamientos y solicitó un crédito a la Secretaría de Economía (SE).

No obstante, el mayor trabajo fue combinar su vida estudiantil con la carrera empresarial, ya que sacrificó aspectos formativos de la licenciatura y tuvo que compensar horas de estudio –que tomó para su negocio– con desvelos.

The Barber’s Spa cuenta con una peluquería y barbería tradicional en un ambiente fino y contemporáneo. Y tiene como parte de su oferta un área de spa donde se brindan tratamientos capilares, faciales, masajes anti estrés, manicure y pedicure. Con esto, Pamela consiguió romper que los hombres dejaran de ver un masaje o facial como algo de mujeres.

Sueño cumplido

El 21 de septiembre de 2009, acompañada de sus padres y el director de carrera del Tecnológico de Monterrey, se inauguró el primer The Barber’s Spa en San Luis Potosí. Pamela recuerda ese momento: “todos estaban muy felices. Mis padres no cabían de orgullo; yo desbordaba júbilo (igual que nerviosismo); y la gente de la universidad estaba contenta de ver concretado el proyecto”.

A los seis meses de abrir la primera unidad, cortó el listón de la segunda y a los tres meses la tercera. A partir del buen funcionamiento de estas sucursales, se desarrolló el modelo de franquicia.

Gracias a la venta de franquicias se estabilizó el negocio, se reinvirtió capital para seguir innovando, “y estar al pendiente de la correcta operación de las clínicas”, asegura la empresaria y (próximamente) licenciada en Creación y Desarrollo de Empresa.

Hoy, cuenta con cinco clínicas de The Barber’s Spa bajo el modelo de franquicia en Saltillo, Morelia, Mérida, To-rreón, Guadalajara y para junio se abrirá la segunda franquicia en San Luis Potosí.

La expectativa de Pamela es llegar a posicionar 50 The Barber’s Spa a nivel nacional y expandirse a Sudamérica donde ya se han establecido pláticas con inversionistas de Argentina. “Por supuesto, esto es sólo el co-mienzo”, sentencia la emprendedora.

4 momentos clave

2006: la vocación. Comencé a estudiar a fondo Cosmetología, con el fin de entender cada detalle del cuidado personal y la belleza, y así dominar aquello que daba vida al negocio de mis padres.

2008: el hallazgo. Descubrí que en el sector belleza había un nicho desatendido: varones que sentían que los spas y los tratamientos de cuidado personal eran demasiado femeninos. Por lo que me enfoqué en desarrollar un proyecto que los hiciera desear la experiencia del spa.

2009: el primer local. Inauguré mi primer The Barber’s Spa. Todos estaban muy felices. Mis padres no cabían de orgullo; yo desbordaba júbilo (igual que nerviosismo); y la gente de la universidad estaba contenta de ver concretado el proyecto.

2012: la expansión del negocio. Mi expectativa es posicionar 50 clínicas en territorio nacional y después expandirme a Sudamérica, donde ya establecí contacto con inversionistas argentinos.