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Cómo son las emprendedoras mexicanas

Las empresarias ocupan un lugar cada vez más importante en el desarrollo económico de México. Y lo hacen sin olvidar a su familia.
Cómo son las emprendedoras mexicanas
Crédito: Depositphotos.com
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El año pasado, tres mujeres –la presidenta de Liberia, Ellen Johnson-Sirleaf, la también liberiana Leymah Gbowee y la yemení Tawakkul Karman– obtuvieron el premio Nobel de la Paz por su lucha no violenta por la seguridad y derechos de la mujer. Ellas se sumaron a la lista de siete mujeres más que han obtenido este reconocimiento.

No es un hecho aislado. La participación de las mujeres en los distintos ámbitos de la sociedad a nivel mundial es cada vez mayor. Y México no es la excepción: tres de las Secretarías de Estado son dirigidas por mujeres, además de la Procuraduría General de la República; hay 23.4% de senadoras, 27.8% de diputadas y dos ministros mujeres en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, según datos del reporte Mujeres y Hombres en México 2011 del Inegi.

Aunque aún existen temas pendientes en cuanto a acceso a oportunidades, a nivel educativo también ganan terreno, pues a partir del bachillerato el país tiene una educación feminizada con más del 50% de alumnas en bachillerato, licenciatura y posgrados, de acuerdo con la Secretaría de Educación Pública (SEP).

Además, uno de cada cuatro hogares mexicanos tiene como jefa a una mujer y el 70.5% cuenta con un aporte de ingresos femeninos, según datos del Censo de Población y Vivienda 2010. Estas cifras ayudan a entender las motivaciones que tienen algunas mujeres para emprender, ya sea por la falta de empleo, para complementar el gasto familiar e incluso, para tener horarios que les permitan atender a sus familias, dice Norma Morel, de la Asociación Mexicana de Mujeres Empresarias (Ammje).

También pueden iniciar un proyecto para explotar y aprovechar sus conocimientos y habilidades o por el deseo de formar parte de familias empresariales, señala María del Carmen Bernal, directora del Centro de Investigación de la Mujer en la Alta Dirección del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (Ipade).

Cual sea su naturaleza, un factor que tienen en común es que en su mayoría se encuentran en la categoría de microempresa (de uno a 10 trabajadores). En la Ammje, por ejemplo, el 60% de sus 4,500 socias a nivel nacional tiene una microempresa, el 30% una pequeña (11 a 30 empleados), 7% una mediana (de 31 a 100) y tan sólo el 3% una grande (de 101 en adelante).

Además, el 70% se ubica en el sector de servicios y comercio, y en segundo lugar con 5.9%, en el sector textil-confección. Esto se debe, a decir de Morel, porque eligen giros que están relacionados con su vida personal (restaurantes-cocina; escuelas-educación de sus hijos; spas y cosméticos-su arreglo personal). “Falta abordar áreas industriales, tecnológicas, científicas y otras que parecieran estar ‘destinadas’ para los hombres”, afirma.

También existen otras opciones para emprender la mano de marcas reconocidas. Una alternativa son las ventas directas, donde las mujeres representan el 80% del sector, de acuerdo con la Asociación Mexicana de Ventas Directas (AMVD).

Otra alternativa son las franquicias, en las que se adquiere el know how y los derechos de uso de una marca a cambio de una inversión. Según el listado 500 Franquicias de Entrepreneur, y datos de la Asociación Mexicana de Franquicias (AMF), 19% de las franquicias en México tienen como directiva a una mujer o incorporan franquiciatarias a su red. Algunos ejemplos: Kumon (educación), Impuestum (servicios contables y fiscales), 4UGYM (gimnasio), Vellísimo Center (fotodepilación), Sushi Roll (comida japonesa) o Tutti Frutti Frozen Yogurt (helados de yogurt).

El toque femenino

La primera organización que las mujeres administran es su hogar, pues verifican que las tareas se realicen y que el dinero alcance para todo. Son directoras de la casa y aplican esas habilidades a las empresas, sólo que con más sofisticación y técnica.

“Ellas tienen estilos diferentes de operar, dirigir y administrar”, señala María del Carmen Bernal, del Ipade. “Son más cuidadosas con los recursos y con el patrimonio, se pueden adaptar mejor y asumen riesgos compartidos. Son más asertivas cuando comunican sus ideas, sin mencionar su facultad para hacer muchas tareas al mismo tiempo”.

Pilar Aguilar, directora de la aceleradora de negocios Endeavor México, las califica como conciliadoras y menos agresivas en términos de negocios. Asimismo, señala que consideran mucho más el recurso humano, lo que contribuye a integrar equipos y a mantener un buen clima laboral.

“La mujer favorece el diálogo, la tolerancia, el trabajo en equipo y un ambiente positivo. Además, al momento de tomar decisiones emplean la cabeza, pero también el corazón”.

Estos factores, sumados a las características de liderazgo de cada directiva, provocan que “cuando las muje-res ocupan puestos de dirección dentro de una empresa, se incrementan hasta 42% las ventas y 66% la rapidez de retorno del capital invertido”, según detallan cifras de la American Chamber México.

Los retos

Pasar de ama de casa a emprendedora y luego a empresaria es difícil, mas no imposible. “Para que el negocio pase a la siguiente fase hay que profesionalizarlo y eso se logra con capacitación, entrenándote a ti y a tu equipo en temas como finanzas, ventas, clientes, marketing, etc.”, señala la directora de Endeavor México.

Las oportunidades son muchas: licenciaturas en universidades privadas y públicas, posgrados y talleres, conferencias y seminarios, o asociaciones que apoyen a las emprendedoras donde puedan compartir experiencias, hacer networking y acceder a mentoría.

Por ejemplo, la Ammje ofrece cursos de capacitación y acerca a sus miembros a fuentes de financiamiento y programas de apertura o aceleración de negocios. El Ipade, por su parte, ofrece MBAs y programas de alta dirección que en los últimos años han tenido un aumento lento pero sostenido en el número de mujeres que los cursan. En tanto que Endeavor también apoya con asesoría estratégica y promueve a emprendedores de alto impacto.

Sin duda, la familia juega un papel primordial en la ecuación, ya que además de ser cabeza de sus negocios, son amas de casa, estudiantes, empleadas, profesionistas, madres solteras, casadas o divorciadas. “Le dedican muchas horas al proyecto e intentan equilibrarlo con su vida familiar, lo que les genera estrés y un sentido de culpa en algunos casos”, señala Norma Morel, de la Ammje.

De ahí la importancia de que a nivel familiar y de pareja se acepte que la mujer se integre al mundo productivo, tanto para su futuro como empresaria y directiva como para que sea ejemplo para sus hijos, coinciden las expertas.

“Queremos ver más empresas dirigidas por mujeres que logren crecimientos destacados, que generen empleos y que contribuyan a cambiar el país”, finaliza Pilar Aguilar.