Plan de Negocios

Panorama de la industria de la moda en México

Los retos de las empresas nacionales son crear marcas de prestigio, incentivar el consumo local y establecer alianzas.
Panorama de la industria de la moda en México
Crédito: Depositphotos.com

En México, la industria del vestido atraviesa una fase de cambio. Integrada por 20,000 empresas –que dan más de un millón de empleos–, representa 10% del Producto Interno Bruto Manufacturero y el 90% de las compañías son pequeñas y medianas, según datos de la Cámara Nacional de la Industria del Vestido (Canaive). Pero hoy una palabra se aventura como su horizonte: competitividad.

Pero aún hay mucha tela por cortar si se desea posicionar a la moda mexicana como generadora de tendencia internacional y como una industria de peso en la economía del país. De acuerdo con Anna Fusoni –experta en la industria de la moda en Latinoamérica– los diseñadores mexicanos necesitan dejar el sueño del glamour y “pensar en el negocio y hacer de su oficio una empresa”.

“La pasarela tiene que ser un medio y no un fin. Los diseñadores deben aprender que en sus vidas requieren una colección y un muestrario, que la colección es para las fotos o el espectáculo y que el muestrario es lo que venden y les permite subsistir”, sentencia Fusoni.

Rodrigo Santini, director de Mercadotecnia para México y Centro América de Invista Apparel –una de las mayores productoras de fibras y polímeros para nylon, spandex y poliéster–, agrega que los diseñadores deben saber dónde y cómo buscan información los consumidores de moda, cuál es la relación exacta que tienen con la estética mexicana y de qué manera se sienten identificados con las propuestas disponibles en el mercado. 

“México aún se encuentra a diez años de conformar una verdadera industria de la moda, donde participen activamente empresarios del sector textil, el vestido, cadenas de comercialización, diseñadores y un buen grupo de inversionistas que apoyen el diseño nacional”, asegura Fusoni.

Otro reto del sector es la competencia de los fabricantes chinos, que con su entrada a Estados Unidos causaron el cierre de numerosas empresas que no estaban preparadas para la competencia en su principal mercado. “Además desatendimos el mercado local –que también aprovechó China– y nos dedicamos a la maquila, con lo que abandonamos la creación propia”, explica Jorge Plata, presidente del Instituto Nacional Textil.

En 2000, las fábricas mexicanas realizaron exportaciones a Estados Unidos por US$9,692 millones –la cifra más alta históricamente–. Y al año siguiente, los asiáticos propinaron un revés con la introducción de prendas y materiales más baratos. Porque tras el ingreso de China en 2001 a la Organización Mundial de Comercio (OMC), el imperio del dragón hizo más eficiente su industria textil –de por sí autosuficiente en materias primas–, con proveedores organizados y hasta diseños propios.

“Pero los empresarios mexicanos especializados en mezclilla, por ejemplo, no supieron reaccionar al ver la reducción de sus pedidos, ya que no sabían cómo migrar a la fabricación de prendas con mayor demanda”, relata Huberto Juárez Núñez, miembro del Centro de Investigación y Estudios de Posgrado de la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP).

Para agosto de 2006, las marcas chinas ya ocupaban el 26% del mercado estadounidense, 18.8 puntos porcentuales más que la participación mexicana, que se redujo al 7.2%, según el estudio La industria del vestido en México. Impactos sociales de la maquila en las regiones de asentamiento, de Juárez Núñez.

La crisis llegó a un punto alarmante. “La entrada de textiles y prendas más económicas provocó que los diseñadores y manufactureros líderes del mercado se dieran a la tarea de unirse y reinventarse en busca de reconquistar el mercado y alcanzar nuevos horizontes”, dice Plata. Prueba de ello, es que en 2010 el Producto Interno Bruto (PIB) de la industria textil observó el crecimiento más importante en la última década: 7.6%, lo que rebasa incluso al crecimiento del PIB mexicano. Mientras que la industria de la confección lo hizo en 5.2%, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

El camino a recorrer

Aunque diseñadores, maquiladores y empresarios del sector van dando las puntadas necesarias para volverse competitivos, la Canaive diagnosticó que 2012 inició con hasta un 10% menos producción y 5% menos empresas y empleos de lo registrado en los primeros meses de 2011.

“Tampoco es para hacer un drama”, precisa Fusoni. “Esto pasó en la década de 1990, con la apertura a mercados internacionales sin previa capacitación para la competitividad del empresario de la moda en México. Lo que se suma a que las escuelas de modistos y de diseño de moda no educan para hacer negocios”.

Jorge Plata considera que la innovación traducida en diseños originales y automatización de procesos podría ser la respuesta para que la industria mexicana genere tendencias en moda. Pero la realidad es que sólo un 30% de las empresas han automatizado su producción, y pese a que el 80% de los fabricantes ya cuenta con departamentos de diseño, las creaciones se limitan a recrear modelos de otros mercados.

Para Mario Flores, presidente de IM Intermoda –el evento más importante del sector en México, con sede en Guadalajara, Jalisco– la moda mexicana ya existe y tiene grandes posibilidades de desarrollar un considerable número de negocios dentro y fuera del país. “Será una de las industrias de mayor crecimiento en los próximos cinco años, gracias al proceso de reconversión por el que está atravesando en diversas zonas del país”.

Para Anna Fusoni, aún falta mucho, pero ninguna iniciativa es imposible. “Mi sueño es que una marca comercial lance colecciones en conjunto con un diseñador, para agregar valor gracias al sello del creativo”.  

El reto de los protagonistas

Según Raúl Alfaro Segovia –director general de Umma Trend Bureaux, empresa de inteligencia comercial– y Anna Fusoni, los retos para que el diseño de moda prospere en México son los siguientes.

Industriales. Se debe agregar valor con el diseño. También mejorar el precio de las producciones y abrir canales de comunicación con los creativos.
De diseño. Los diseñadores deben aprender a costear. Pero sobre todo, volverse emprendedores y empresarios visionarios.
De comercialización. Actualmente, las cadenas piden volúmenes superiores a lo que producen los diseñadores. Por eso se deben incorporar políticas especiales para los creativos.
Gubernamentales. Se necesita más acceso al crédito para diseñadores. Una buena opción sería crear una banca de fomento.