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Cabify: Viviendo la vida móvil

Juan De Antonio creó esta plataforma y transformó el servicio de taxis en una experiencia de valor.
Cabify: Viviendo la vida móvil
Crédito: Depositphotos.com
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Solicitar el servicio de un taxi a través de una plataforma online, que con la información de tu punto de partida y destino te indique el importe estimado del trayecto, identifique el vehículo más cercano para que acuda por ti inmediatamente y que además no te cobre en efectivo, ya es una realidad gracias a Cabify. La empresa transformó el servicio de transporte público individual en una experiencia que hoy ya está simplificando la vida de miles de pasajeros en Iberoamérica.

Juan de Antonio, ingeniero en Telecomunicaciones por la Universidad Politécnica de Madrid, y Adeyemi Ajao, co-fundador de la red social Tuenti, son los responsables de este concepto que a tan sólo un año de haber iniciado operaciones en Madrid, España, ya opera también en Lima, Perú; Santiago, Chile; y en la Ciudad de México, donde precisamente este sector se caracteriza por la informalidad y falta de profesionalismo.

Lo mejor es que todo el proceso automatizado de la startup da a los emprendedores la libertad de dedicarse exclusivamente al desarrollo creativo y la dirección estratégica de la empresa, no a su operatividad diaria.

Hace cuatro años ambos emprendedores coincidieron en la Universidad de Stanford. Mientras cursaban un MBA, también se dedicaban a otros proyectos independientes y corporativos, por lo que su ritmo de vida hacía necesario el uso de taxis para transportarse. Durante su trayecto, aprovechaban para resolver pendientes vía telefónica, detallar proyectos en sus computadoras portátiles o estudiar presentaciones. Y de paso, evitaban el estrés de manejar en el tránsito de la ciudad de Palo Alto, California (EE.UU.) y de buscar el oasis de un estacionamiento.

“Compartíamos anécdotas sobre lo difícil que era conseguir un taxi de forma inmediata, de lo terrible que eran los servicios en autos des­gastados, así como de la poca transferencia de las tarifas y lo peligroso que resultaba pagar en efectivo”, relata Juan. Así, identificaron una necesidad no resuelta para las personas que no pueden pagar un chofer privado. Y las opciones que tenían ellos en sus manos eran dos: continuar quejándose de la baja calidad del transporte o hacer algo para solucionarlo con algún mecanismo nuevo.

Juan y Adeyemi eligieron crear una experiencia basada en la realidad del consumidor moderno, sumergido en los gadgets, la digitalización y la velocidad altamente acelerada de la vida urbana. Por eso, su concepto contempla que las peticiones de taxi se realicen a través de la Web o de una aplicación para smartphones, con la que también se puede hacer un seguimiento del vehículo en tiempo real. Además, el servicio se presta con choferes profesionales y vestidos formalmente.

El pago se realiza de forma automática a una tarjeta de crédito o débito previamente autorizada, lo que resulta cómodo y seguro. Una vez hecho el cargo, el cliente es notificado vía correo electrónico con la opción de generar una factura para comprobar gastos y deducir impuestos.

Además, Cabify no utiliza taxis convencionales. El servicio es proporcionado en vehículos de modelos recientes, en colores oscuros o blancos, que cuentan con todos los permisos y seguros requeridos por las autoridades.

“No ofertamos sólo calidad, sino una experiencia completa”, explica Juan. Y es que luego de haber ordenado un vehículo, el sistema ofrece al usuario información sobre éste (matrícula y modelo), además de datos y señas del conductor, incluida su foto. “La plataforma le da posibilidad al cliente de hablar directamente con el chofer y sentirse más seguro”, dice Juan.

Estacionarse en México

La masificación de la tecnología entre la población mundial hace que este concepto sea exportable y adaptable. Y no sólo por su esencia digital: la novedad recae en la suma de valores como la seguridad, la emisión de facturas electrónicas, los múltiples canales de pago, el servicio accesible y los detalles de geolocalización. Y por eso México fue uno de los tres destinos en los que la compañía incursionó fuera de España, ya que la gran afluencia de la banca electrónica en el país, la creciente confianza en el e-commerce, la baja calidad de las unidades en las que se ofrece el servicio de taxi, así como la nula profesionalización del sector, representaban una oportunidad única.

Tomó ocho meses adaptar la plataforma de Internet, integrar la red de choferes y definir las cuotas de acuerdo a las distancias y el tiempo que lleva recorrerlas. En noviembre de 2012 se hicieron los primeros recorridos. “En cuestión de semanas conseguimos el número de recorridos que en España nos tomó meses alcanzar”. Juan De Antonio considera que este fenómeno responde a que en la Ciudad de México es peligroso portar dinero en efectivo; a la antigüedad de los taxis –ochos años en promedio–; y a que los choferes carecen de supervisión.

Por eso hoy el mercado mexicano de Cabify no se limita al traslado de ejecutivos a citas de trabajo. Durante la estancia de clientes extranjeros, las compañías pueden rastrearlos en tiempo real para garantizar que se encuentren en las reuniones acordadas sin pasar contratiempos y con la certeza de mantener monitoreado su transcurso.

Las familias han resultado excelentes clientes. Por ejemplo, las mamás ordenan autos para transportar a sus hijos al colegio o a sus actividades extracurriculares y verifican la ubicación de la unidad desde su celular. Incluso “pueden hablar con los choferes o con sus hijos antes de que lleguen al destino final”, señala el emprendedor. Una solución moldeable por universal e igualmente necesaria que la tecnología. Hasta padres con hijos adolescentes los dan de alta en el sistema para que los lleven a fiestas, bares o discotecas y los regresen a sus casas sin ningún riesgo. “En México detectamos usos nuevos y variados que no teníamos contemplados”, agrega Juan.

Los mejores jugadores

Cabify arrancó operaciones en la Ciudad de México con 50 vehículos. Su meta es tener una red de 500 unidades en un año, incluir a ciudades como Guadalajara y Monterrey, y facturar US$1.5 millones. “Ya tenemos una lista de choferes en espera que quieren trabajar con nosotros, pero el crecimiento se está dando conforme a la demanda para que cada uno asegure ingresos redituables que incentiven a otorgar un mejor servicio”, explica el empresario.

Uno de los secretos de la compañía para abrir oficinas en cuatro ciudades diferentes del mundo a tan sólo un año de estar en operaciones fue encontrar el equipo adecuado, sentencia el empresario español.

“Como emprendedor, cuando inicias un negocio debes visualizarte a ti mismo como un entrenador de futbol. Es decir, tienes que enfocarte en el diseño de la táctica y comunicarla a todo tu equipo”, afirma. “Pero el mayor reto es conseguir a los jugadores ideales para llevarla a cabo y que, de esta manera, la empresa crezca”.

Los directores generales de Cabify son el arma secreta. Todos cuentan con capacidades y compromiso para ejecutar el modelo de negocio de modo efectivo. “Lo primero que aceptamos es que no podíamos hacerlo todo ni estar siempre presentes, o corríamos el riesgo de limitar el crecimiento del proyecto”, dice Juan. Y lo mejor: vigilar que el sistema automatizado funcione de manera óptima economiza el tiempo invertido en el negocio, así como los recursos.

Por eso de Antonio asegura que hoy en día cualquier negocio puede funcionar con independencia del emprendedor, siempre y cuando conjugue al personal ideal con la tecnología. “Debes de concentrarte en el ADN de la empresa, que en nuestro caso es la plataforma. Estamos enfocados y comprometidos con su mejora”.
El tiempo ahorrado es invertido en expandir e innovar. Mientras tanto, el negocio continúa su ascenso en busca de nuevas fronteras.