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Ooyala: De googlers a empresarios

Bismarck Lepe, hijo de migrantes mexicanos, inició esta empresa que reproduce y monetiza videos, la cual le da batalla a YouTube.
Ooyala: De googlers a empresarios
Crédito: Depositphotos.com
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Un joven hijo de emigrantes mexicanos entra a una de las universidades más prestigiosas del mundo y es contratado por una reconocida empresa global, la cual abandona para crear un imperio en internet. Aunque parece el argumento de una película de Hollywood, ésta es la historia real de Bismarck Lepe, presidente y co-fundador de Ooyala.

Bismarck nació en Oxnard, una ciudad cercana a Los Ángeles, pero sus padres son oriundos de Juchitlán, Jalisco. Como muchos compatriotas, la familia Lepe cruzó la frontera para buscar mejores condiciones de vida, dedicándose a la recolecta estacional de frutas. Bismarck recuerda que sus primeros años de vida los pasó yendo de una ciudad a otra de Estados Unidos -donde hubiera trabajo- y regresando ocasionalmente a México.

“Pero mis padres sabían que eso no era lo mejor para mi educación”, dice Bismarck, por lo que decidieron instalarse en California donde estudió en una escuela pública. Sus buenas calificaciones y los ahorros familiares le permitieron ser aceptado en numerosas instituciones, pero apostó por quedarse en la Universidad Stanford, localizada en Palo Alto.

Era finales de la década de 1990 y aunque Bismarck tenía la firme intención de estudiar medicina (la persona más exitosa que hasta entonces había conocido era un reconocido médico, tío suyo) fue seducido por la tecnología y el auge de los negocios digitales, la mayoría producto de lo que sería la burbuja punto com. Por ello cambió su enfoque hacia la economía y la programación. Al poco tiempo fue contratado por una creciente compañía que se convertiría en el líder de su campo: Google.

En octubre de 2006, mientras trabajaba en el área de monetización de contenido, el gigante con sede en Mountain View hizo una de sus compras más cuantiosas: adquirió el popular sitio Web de videos YouTube por USD$1,650 millones. El potencial del portal era claro: miles de personas veían y compartían videos, mientras que cada día más empresas publicaban su contenido en línea. El problema era la capitalización.

Bismarck, quien era parte del equipo dedicado a este asunto, no sólo encontró una solución, sino también una oportunidad para independizarse y crear su propia empresa.

De Google a una startup   

Dar el salto de un medio tradicional, como la televisión y la prensa escrita, a uno online no es una tarea fácil. La apuesta de Bismarck era ofrecer todos los servicios que ayudaran a las empresas a reproducir, analizar y monetizar sus videos en Internet, independientemente de los dispositivos que se utilizaran. Pronto compartió la idea de negocios (pionera en aquella época) con su amigo y colega, Sean Knapp, y con su hermano siete años menor, Belsasar.

Los tres ‘googlers’ decidieron renunciar a sus trabajos y aventurarse a iniciar un negocio. Dejar Google no fue fácil; tenían un empleo seguro y bien pagado en una compañía icónica que además destacaba por su cultura empresarial. De hecho, Bismarck afirma que el gigante les ofreció USD$ 3 millones de acciones y oficinas propias fuera del corporativo para que se quedaran. “De haberlo aceptado, hubiéramos creado un producto más de Google. Queríamos lanzar algo que fuera 100 por ciento nuestro”, sostiene.

En abril de 2007 comenzaron a trabajar en lo que sería Ooyala, que significa ‘cuna’ en Télugu, un idioma hablado en India. Las primeras semanas las ocuparon en analizar el mercado que, según el emprendedor, representaba 500,000 millones de dólares. “En esa etapa no escribimos ni una sola línea de código. Nos enfocamos en el producto”, dice. “Por un mes prácticamente vivimos en la oficina”.   

Originalmente, los co-fundadores pensaban invertir su propio capital en la creación de la empresa, pero en cuanto se acercaron a sus mentores y contactos recibieron atractivas ofertas de inversión, incluso antes de lanzar el producto. A las seis semanas lograron levantar USD$1.5 millones. Ahora se preparan para cotizar en la Bolsa de Valores.  

Creciendo una compañía exitosa

Ooyala tiene más de mil clientes en todo el mundo, especialmente televisoras, cableras y conglomeraciones de medios, como Times Group of India. Su catálogo incluye a desde Pymes que pagan $25,000 dólares hasta corporativos que les facturan $12 millones anualmente. “En Google aprendimos que puedes crear un mismo producto que brinde servicios para diferentes grupos del mercado”, afirma Bismarck. “Esto lo hace un negocio muy eficiente”.

A la fecha, Ooyala reproduce cerca de un billón de videos a 200 millones de visitantes únicos al mes. En el corto plazo, su meta es controlar la mayoría del multimedia que se ve en dispositivos conectados a Internet. Su CEO afirma que en los próximos años más de la mitad de los videos serán vistos en medios digitales. “Y queremos que, en cinco años, el 75% de las personas que vean televisión en línea lo haga con un servicio nuestro”, afirma.

Para cumplir este ambicioso objetivo tienen nueve oficinas incluyendo las corporativas, ubicadas en Mountain View, una de reciente apertura en la Ciudad de México y otra en Guadalajara, misma que constituye la segunda en tamaño. Y es que una de sus estrategias consiste en introducirse en el mercado latinoamericano donde ya tienen clientes importantes. Además, Bismarck está convencido de que en el país hay una cultura muy creativa y gran talento, “el mismo que se puede encontrar en Estados Unidos”, afirma.

Como buena compañía fundada por ex googlers, para atraer y retener a los mejores empleados cuentan con un ambiente laboral que favorece la innovación: las paredes están pintadas de colores, tienen áreas de juegos, horarios flexibles, política de puertas abiertas y un sistema para recompensar a los miembros más sobresalientes. Esto ocurre tanto en sus oficinas de California y Nueva York, como en las de la capital tapatía donde poseen un centro de desarrollo.  

Claves de un gran empresario

¿Cuál es la rutina de un emprendedor exitoso en Mountain View? En el caso de Bismarck, todo empieza levantándose a las cuatro de la mañana para responder e-mails y correr cerca de 20 kilómetros. Después se traslada a la oficina (un recorrido no superior a los 15 minutos) donde ocupa el día en reuniones con su staff, proveedores y clientes. En las tardes, si tiene ratos libres, vuelve a correr y en las noches suele asistir a cenas de negocios. “La clave es trabajarle”, añade.

Más allá de una agenda apretada, el presidente de Ooyala piensa que es fundamental el equipo con el que se emprende. Además de reclutar empleados que compartan los valores de la empresa (y de despedir rápidamente a aquellos que no aportan nada de valor), para el éxito de un negocio es necesario elegir con cuidado a los socios y co-fundadores.

En este punto acertó formando un equipo de primera; su hermano Belsasar -quien había sido contratado en Google al salir del bachillerato, antes de entrar a Stanford- hoy funge como director de ingeniería, mientras que Sean está al frente de la Tecnología. El empresario asegura que los tres fundadores comparten una misma visión, lo que facilita la toma de decisiones y un buen flujo de operaciones. 

A sus 33 años, Lepe está al frente de una compañía global, sumamente rentable y que crece a paso veloz. La startup que nació hace poco más de seis años con el sueño de tres empleados es ahora una influyente marca en internet que da trabajo a más de 300 personas en diferentes países. “El punto es atreverse. En estos tiempos para iniciar un negocio no se requiere de un gran capital, por lo que el costo del fracaso es mucho menor. Sólo hay que perderle el miedo”, concluye.