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Mirada en el cielo y pies en la tierra

Como emprendedor es esencial mantenerse concentrado, de manera que cada día de trabajo signifique un paso más para alcanzar las metas.
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¿Qué es lo que más disfrutan de las vacaciones? En mi caso, el poder tomar distancia del día a día y reenfocarme en mis objetivos. Esa especie de “volver a empezar” es algo que definitivamente necesito. Recién llegada de Buenos Aires y con la cabeza otra vez en orden, todo parece posible. 

Mantenernos concentrados en nuestras metas es una de las tareas más difíciles que tenemos como emprendedores. Excusas para distraernos no faltan: cada día aparece una nueva tarea o problema que parece capaz de terminar con nuestro negocio si no lo resolvemos de manera inmediata. Pero debemos tomar conciencia de algo: el día tiene 24 horas, tanto para las personas exitosas como para las que viven lamentándose por no conseguir lo que desean. Así que tenemos que encontrar la manera de que cada día de trabajo signifique un paso adelante en nuestra estrategia.

Así que, como dice el refrán, mantén “la mirada en el cielo y los pies en la tierra”. Nuestros objetivos de corto, mediano y largo plazo deben guiar nuestro caminar diario, pero a la vez estando siempre en contacto con la realidad. ¿Cómo lograrlo? Les comparto algunos tips que me ayudan cuando siento que estoy perdiendo el rumbo. 

Escribe tus objetivos a principio de año y revísalos mes con mes. ¿Quieres abrir tu negocio? ¿Estás decidido a duplicar las ventas de tu empresa? ¿Te gustaría desembarcar en un nuevo mercado? Que te vaya bien es una meta demasiado general, así que define claramente qué quieres conseguir y divide esas metas en objetivos más pequeños, que deberás alcanzar mes con mes.  

Filtra tus tareas diarias según tus metas. Toma tu agenda y pregúntate: ¿cuántas de las tareas y citas que tienes esta semana te ayudarán a avanzar en tu plan? No se trata de dejar de atender asuntos importantes para el negocio o de ser descortés con personas que necesitan verte, sino de asignar a esas tareas “secundarias” horarios específicos (por ejemplo, dos horas a la semana) o directamente, de delegar.  

Aprende a decir “no”. Asume que es imposible atender las necesidades y pedidos de todo el mundo. Negarse a hacer algo cuesta, puede ser muy incómodo y también ganarte alguna que otra antipatía. Pero si eres amable y das una explicación adecuada, te habrás librado de muchos problemas.

Vuélvete inmune a la gente “tóxica”. Nada peor que un maltratador, un manipulador o un chismoso para amargarnos el día y hacernos perder el tiempo. Como dice el psicólogo y conferencista Bernardo Stamateas en su libro "Gente tóxica", “desperdiciamos más horas tratando de conformar y gustar a los otros que en ocuparnos de nuestra propia vida. Pero si te aferras a tu propósito lograrás hacer lo que nunca hiciste.”

Inspírate. Emprender es un camino fascinante, pero también agotador y, en ocasiones, frustrante. Tómate el tiempo para recordar quién eres, qué te llevó a independizarte y qué quieres en tu vida personal, más allá de tu negocio. 

Cuando me siento agobiada, nada me hace mejor que hablar con mis amigos de toda la vida, aquellos que me conocen como nadie y me recuerdan quién soy. Para mí, la amistad es magia pura, y el mejor remedio contra la mala vibra.