Finanzas

Apuesta por un fondo de capital privado

El crecimiento de los fondos que invierten en emprendedores está mejorando el panorama del financiamiento en el México. Pero aún hay retos.
Apuesta por un fondo de capital privado
Crédito: Depositphotos.com
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Pabisan, una empresa de panificación con sede en Puebla y que comercializa parte de sus productos por medio de su cadena de tiendas La Artesa, planea la construcción de una nueva fábrica con líneas de producción semiautomatizadas y una mayor área de almacenaje. Su objetivo es atender el mercado nacional y exportar.

“Como es un proyecto muy ambicioso, nos lanzamos a buscar capital”, dice Enrique Ramón, su fundador y director general. Aunque el monto de la inversión no fue revelado, la magnitud del proyecto es tal que su financiamiento a través de un crédito exclusivamente resulta no sólo inviable, sino demasiado riesgoso. Ante ello, “prefiero tener menos acciones y más solidez, que más acciones pero con mucho más riesgo”, comenta.

Por fortuna para Enrique y otros emprendedores que comparten una visión como la suya –estar dispuestos a ceder parte de su empresa para desarrollarla–, existe una industria que tiene todo para crecer en México: los fondos de capital privado. Éstos disponen de millones de dólares para destinar a negocios en etapa de arranque, desarrollo o consolidación que tengan un potencial vertiginoso de crecimiento. Se trata de una alternativa para que cientos –y a la larga miles– de emprendedores y empresarios consigan los recursos y el apoyo necesarios para hacer despegar y prosperar sus negocios.

Los fondos de capital privado en general son empresas gestionadas por administradores dedicados a invertir recursos de terceros (individuos, familias o inversores institucionales, como fondos de pensión o bancos de desarrollo) en compañías privadas donde detectan un alto potencial de crecimiento –tal fue el caso de Apple y FedEx en la década de 1980, por citar un par de ejemplos– y, por lo tanto, un enorme retorno para su inversión en el largo plazo. Para acelerar el desarrollo de los negocios a los que financian, pueden involucrarse en las áreas financieras, administrativas, operativas e institucionales.

Esta industria pujante representa una opción real para las empresas pequeñas y medianas del país que normalmente carecen de acceso a préstamos bancarios y otras fuentes de capital, señala Arturo Saval, presidente de la Asociación Mexicana de Capital Privado (Amexcap).

Acelerador a fondo

El creciente número de jugadores interesados es una señal de su dinamismo: fundada en 2003 con sólo cuatro miembros, hoy Amexcap tiene 47 asociados. Además, existen unos 25 fondos adicionales, incluidos vehículos de inversión estatales, que no forman parte de esta organización. México es uno de los principales países en América Latina donde se están formando nuevos fondos, aseguró la Asociación Latinoamericana de Capital Privado y Capital Emprendedor (LAVCA, por sus siglas en inglés), en un comunicado reciente.

La consultora Bain & Co destaca en un reporte sobre la industria que mientras la crisis económica contrajo severamente la actividad global del capital privado, la de estos fondos en México se aceleró desde 2008: en cuatro años la tasa anual de recaudación de capital se multiplicó por seis, a US$2,900 millones; en tanto el total de participantes se duplicó. Hoy, la industria de capital privado administra en México casi US$15,000 millones, de los cuales ha invertido el 73% en más de 300 empresas que operan en los más variados sectores de la economía, y que en conjunto emplean a más de 150,000 personas. Se calcula que luego de la inyección de capital, las compañías asociadas a fondos de capital privado generan en promedio tres empleos por cada puesto que ya existía.

Entre los jugadores de esta industria hay optimismo, empezando por el vocero de la asociación que representa a la mayor parte de ellos: “en los próximos cuatro años la industria debe alcanzar US$45,000 millones bajo administración (el triple de los recursos gestionados hoy)”, pronostica Saval, quien además es administrador de Nexxus Capital y tiene 15 años de experiencia en el sector.

Las buenas perspectivas pueden atribuirse a varios factores: la estabilidad económica del país y el avance de las reformas impulsadas por el actual Gobierno Federal han generado una ola de confianza entre los inversores. También México se compara de forma más favorable frente a otras economías emergentes que en el pasado lo superaron como destino de inversión. Y finalmente, se perfila un incremento en las inversiones locales en capital privado tanto por parte de los fondos de pensiones o Afores, como a raíz de iniciativas gubernamentales que inyectarán más recursos a los administradores de fondos.

El gobierno apoyará a administradores de fondos que por primera vez levantan recursos, esto a través del Instituto Nacional del Emprendedor (Inadem) y por dos vías. La primera es un esquema de coinversión por medio de una modalidad del Fondo Pyme que permite al organismo invertir hasta 49% del capital a recaudar o hasta $50 millones; la segunda consiste en aportar dinero a fondo perdido para colaborar con los gastos de creación del fondo, el análisis de los prospectos de inversión y la certificación de los administradores de fondos. Con ello, el Inadem busca crear unos 10 fondos anualmente; “lo que representa un crecimiento de cerca del 100% anual en materia de fondos de capital en etapas tempranas”, explica Adriana Tortajada, directora general de Programas de Emprendedores y Financiamiento del Inadem.

Este dramático desarrollo que se espera de la industria también es fruto de su propio rezago. “Comparado con otros países (economías desarrolladas y mercados en desarrollo como Brasil o India), México tiene una relativamente baja penetración en capital privado”, comenta Óscar Silva, director del Grupo de Estrategia Global de KPMG. La penetración de este sector se entiende como la proporción de la economía al que equivalen sus recursos bajo administración.

Como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB), los recursos de esta industria en el país son del 58% de los que hay en Rusia, 40% de los disponibles en Chile o Brasil y una tercera parte de los que hay en China, según un estudio publicado por Bain & Co.

Los fondos son socios temporales que inyectan el capital que requiere una empresa a cambio de una parte de sus acciones y derechos que les permitan asegurarse de la buena gestión del negocio y procurar los rendimientos esperados. Al cabo de algunos años, cuando la compañía ha crecido y vale más, el fondo sale a vender su parte –ya sea en la Bolsa, a una empresa, otro fondo o al empresario original–, recuperando su inversión y obteniendo una ganancia. Normalmente ésta se establece a partir de 25% anual sobre su inversión o, dicho de otro modo, unos $3 de retorno al salir por cada peso que se invirtió.

Existen tres tipos de fondos: de capital semilla, que invierten en proyectos aún en etapa de creación o desarrollo; de capital emprendedor (o venture capital), que buscan negocios en etapas tempranas, que suelen tener menos de cinco años de vida y no se han consolidado en el mercado; y finalmente, de crecimiento (o de capital privado o private equity), que se asocian a compañías que tienen mayores necesidades de capital, más tiempo operando y que gozan de una relativa consolidación en el mercado.

Recurso emprendedor

Si trazas una línea en cuyo extremo izquierdo se ubican los fondos de capital semilla, en el derecho el capital de crecimiento y en medio el capital emprendedor, se puede decir que en México “el ecosistema del capital privado (los integrantes que interactúan en este sector) se ha desarrollado de derecha a izquierda”, comenta Everardo Camacho, socio administrador de Capital Índigo.

Los fondos dedicados a financiar empresas más maduras, como el mencionado Nexxus –cuyas inversiones incluyen Homex y Sports World–, comenzaron a operar aquí hace 15 años. Salvo LatinIdea, los fondos de capital emprendedor y semilla son una industria naciente, que arrancó con fuerza hace apenas unos tres años. De todos los recursos administrados por los fondos de capital privado, sólo unos US$500 millones (más del 3%) corresponden a este segmento.

En México, el ecosistema de fondos enfocados en negocios incipientes o en etapa temprana “comenzó a gestarse en 2010”, dice Oscar Yasser, un emprendedor que actualmente realiza una estancia en Silicon Valley para desarrollar una app de mensajería instantánea para iPhone y que busca capital semilla para financiar varias startups tecnológicas.

Un año después vino un detonante fundamental de este segmento cuando Fondo de Fondos, una agencia de gobierno que invierte los recursos de los bancos de desarrollo en fondos de capital, lanzó el fondo México Ventures 1 con la misión de invertir sus $850 millones en fondos de capital emprendedor (de los cuales cerca del 80% ya está comprometido). En 2012, Nacional Financiera (Nafin) lanzó Startup México, otro fondo de fondos pero con un enfoque de coinversión en capital semilla.

“Esos dos fondos (de fondos) han permitido la gestación de algunos (administradores de) fondos de capital emprendedor”, asegura Federico Antoní, socio administrador en Venture Partners. Mientras en 2007 sólo existía un fondo de capital emprendedor, hoy hay más de una docena.

Como resultado “la industria está en uno de sus mejores momentos”, considera Alex Rossi, administrador de Latin Idea Ventures, el primer fondo de capital emprendedor en el país que ha evolucionado a invertir en empresas de mayor madurez que requieren entre US$5 y US$15 millones. Si bien aún existen pocos jugadores, “hay muchos más que hace un rato”, señala Rossi. Quizá los más importante es que estos tienen estrategias distintas, generando una segmentación del mercado capaz de atender empresas con diferentes perfiles y niveles de madurez, que requieren distintos rangos de capital y apoyos de diversa índole.

Por otro lado, los recursos seguirán fluyendo. De acuerdo con Felipe Vilá, director general del Fondo de Fondos, se lanzará un segundo fondo de capital emprendedor que comenzará a invertir en administradores de fondos a inicios de 2014. El fondo de capital semilla de Nafin, por su parte, cuya gestión será asumida por la agencia dirigida por Vilá, habrá comprometido la mitad de sus recursos a fines de 2013.

Qué queda por delante

El gran reto para el crecimiento de este segmento de la industria es la recaudación o levantamiento de capital, opina Antoní. Y es que los inversionistas perciben más riesgo en fondos de capital emprendedor que en los de capital privado, dado que las inversiones de los primeros son en empresas de menor tamaño, con pérdidas operativas y que muy probablemente requerirán rondas adicionales de capitalización. Además, sus estrategias de salida (como se conoce al método para vender la participación en la sociedad) son menos claras que en el caso del capital privado, donde una salida natural es listar a la compañía en la Bolsa.

Actualmente, “levantar el capital (para un fondo) toma mucho tiempo”, asegura Erik Wallsten, administrador de Adobe Capital, al que le tomó poco más de dos años conseguir los recursos, provenientes en su totalidad de inversionistas institucionales, para su primer fondo. Este lapso es similar al de otros gestores entrevistados. Si bien levantar capital para un fondo nunca será fácil, la juventud tanto de la industria en su conjunto como de cada administrador de fondo que surge, no juega a su favor.

Los inversionistas normalmente son conservadores y tratan de manejar el automóvil viendo el espejo retrovisor; desean saber la trayectoria del fondo antes de subirse al barco, explica Rogelio de los Santos, administrador de Alta Ventures Mexico. Y por supuesto, cuando se trata de un fondo nuevo, no hay un track record que presumir. Esto cambiará conforme los propios fondos maduren. El “añejamiento” o vintage de un fondo es un factor de éxito, ya que todo administrador recorre una curva de aprendizaje en la medida que levanta y opera su primer fondo y los subsecuentes, señala Hernán Fernández, administrador de Angel Ventures Mexico, un fondo de coinversión de capital semilla.

A escala sectorial, varias fuentes entrevistadas coinciden en que a medida que esta industria siga madurando y conforme genere casos de éxito que acrediten el modelo de los fondos de capital emprendedor, los inversores acelerarán sus decisiones de inversión. Por ende, será más rápido levantar capital. Ello se traducirá en más recursos disponibles para los emprendedores y en más jugadores a la busca de proyectos de alto potencial que necesiten capital. En México existen 48,000 empresas en el rango de tamaño que interesan a los fondos de capital emprendedor y capital privado. “Este país probablemente debería tener 150 fondos” de capital emprendedor, señala Álvaro Rodríguez, administrador de Ignia Partners.

Un beneficio adicional es que conforme la oferta crezca, se volverá más fácil para el dueño de un negocio poder negociar con los fondos. “Muchas veces el margen de negociación del emprendedor es poco porque aunque tiene una idea muy creativa y con un potencial grande de generar flujos a futuro… no tienen el capital para desarrollarla”, dice Federico de Noriega, abogado del despacho Barrera, Siqueiros y Torres Landa. Una mayor competencia entre los fondos podría cambiar parcialmente el balance de poder.

Además, aún falta un mayor grado de especialización en los fondos por áreas de negocios, para que tengan más herramientas a la hora de evaluar sus potenciales inversiones. De hecho, la queja entre los fundadores de muchas startups tecnológicas es que a muchos inversionistas todavía les cuesta entender su modelo de negocios o el potencial que tienen.

Lo cierto es que las condiciones actuales del sector hacen suponer que los jugadores proliferarán: “a nosotros, los primeros administradores de fondos de capital emprendedor, nos tocó comenzar a mover la rueda. Pero una vez en movimiento, puede que sea más fácil para que otros entren y participen (en esta industria)”, considera de los Santos.

Por otro lado, ahora están ahí elementos del rompecabezas que no había hace una década: tras el surgimiento de los fondos de capital privado se generó en forma paralela una comunidad de abogados y consultores especializados en atender las necesidades de esta industria. Dado que este ecosistema está disponible para los jóvenes fondos de capital emprendedor, la velocidad del crecimiento de estos será “más rápida” que la sus hermanos mayores, opina Vilá, del Fondo de Fondos.

Mientras tanto, el escenario está cambiando. Según Enrique Ramón, cuya empresa de panificación emplea a 350 personas, “hoy hay enormes oportunidades de conseguir dinero en México”. Él contrató a un especialista para que le ayudara al desarrollo de un proyecto con el fin de presentarlo a los fondos de inversión. “Nunca nos habían contactado para invertir con nosotros, (y ahora) ya llevamos tres interesados que nos han buscado”, señala.