Emprendedores

Inmersys: Mucho más que videojuegos

Con sus proyectos de apps interactivas y representaciones virtuales, esta empresa desarrolló una herramienta de marketing para aumentar ventas.
Inmersys: Mucho más que videojuegos
Crédito: Depositphotos.com

Los pasatiempos también pueden servir como detonadores de nuevos negocios. Fue precisamente lo que le pasó a Héctor Gutiérrez Calderón, José Zenteno Cabrera y Ángel Tamariz Sánchez, quienes transformaron su gusto por los videojuegos en una empresa. Se trata de Inmersys, que desarrolla aplicaciones 3D interactivas, recorridos virtuales inmersivos y maquetas animadas en realidad aumentada; además de ambientes virtuales educativos, manuales y catálogos en 3D interactivos.

“Esta idea surgió cuando estábamos haciendo el servicio social a finales de 2006”, cuenta Héctor, quien estudió Ingeniería en Computación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). El emprendedor relata que junto con José se había especializado en el desarrollo de aplicaciones y realidad virtual, que podían ser utilizadas en el desarrollo de videojuegos.

Pero en ese tiempo no había muchas empresas nacionales que ofrecieran esos servicios, ni campo de trabajo para ellos. “La industria de los videojuegos es enorme en México, incluso supera la del cine, pero resulta que aunque el país es uno de los principales consumidores no es productor. Además, en esa época la industria era muy cerrada”, dice José.

La solución era buscar nuevos nichos de oportunidad y crear una empresa. Sin embargo, abrir un negocio no es algo que pueda lograrse de la noche a la mañana, así que los emprendedores comenzaron a trabajar por proyectos. El primero fue para el Laboratorio de Investigación para el Desarrollo Académico (Linda) de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, donde desarrollaron los recorridos virtuales de las preparatorias 4, 5 y 9.

Definir el nicho a conquistar

“En aquel entonces aún no había tablets y todo se hacía para Web. Al inicio el proceso era lento. Nos llevó mucho tiempo el desarrollo, pero aprendimos a programar mejor y de la especialidad en general”,  recuerda Héctor. Al terminar el proyecto, confirmaron que la realidad virtual tiene muchas más aplicaciones que los videojuegos.

“Vimos que había demanda en el área de capacitación y educación; en el diseño de interiores; con inmobiliarias; y también en el sector turismo y cultura”, señala Héctor. Los dos años siguientes realizaron varios trabajos gracias a contactos obtenidos por medio de la División de Educación Continua de la Facultad de Ingeniería (Decfi).

Entre ellos, una aplicación para enseñar a los niños a alimentarse mejor, que hicieron para la Facultad de Psicología; algunas herramientas educativas para la SEP; representaciones para inmobiliarias; y su proyecto más emblemático: el recorrido virtual del Palacio de Minería, que les abrió la puerta a más clientes.

Con una carpeta de trabajos en mano, los emprendedores pudieron conquistar a más prospectos al mostrarles cómo con la tecnología que desarrollan pueden incrementar sus ventas. “La realidad aumentada con interactividad te ayuda a transmitir ideas, objetos y espacios con mayor precisión”, sostiene Héctor.

El paso siguiente fue formalizar la empresa. Así nació Inmersys en 2010. No obstante, los jóvenes tuvieron que superar algunas pruebas más, como la conformación de su equipo de trabajo y medir sus capacidades. “Iniciamos cuatro y, en el camino, quedamos dos. Conforme nos encargaron más proyectos, empezamos a medir fuerzas y a darnos cuenta de quién podía trabajar bajo presión, quién es mejor para los detalles o para las ventas”, explica Héctor. Hace dos años se unió Ángel, quien se enfoca más al área comercial. 

Cuando pensaban que ya podían concentrarse más en el negocio, los jóvenes vivieron su noche más oscura en el emprendimiento: una consultora les ofreció ayuda para crecer y conseguir más clientes a cambio de algunas acciones de la compañía y el pago de asesorías.

Los emprendedores entraron al programa, mas al poco tiempo se dieron cuenta de que no conseguían cerrar más ventas, tenían más trabajo y más deudas. “Estábamos en la fase uno y ya nos pedían adelantos de la fase tres. Nos convocaban para ver clientes nuevos, pero luego nos cancelaban y no avanzábamos. Seguíamos en números rojos y cada vez nos endeudábamos más”, recuerda Ángel.

Hacer un nuevo business plan, negociar la salida de los nuevos socios y reestructurar de fondo la compañía fue la solución. Así llegaron a la incubadora de negocios InnovaUNAM, donde varios consultores los apoyaron para hacer nuevas proyecciones financieras, bajar riesgos y tomar mejores decisiones. “Las oportunidades de trabajo para este tipo de especialidades no son suficientes. Inmersys está generando nuevas fuentes de empleo para las nuevas generaciones y sigue explorando nuevos nichos de mercado”, asegura Paola Dorado, gerente de InnovaUNAM Ingeniería.

Los emprendedores siguen espe­cia­lizándose. Actualmente las aplicaciones que desarrollan pueden verse en equipos de escritorio que trabajen con sistemas Windows, Linux y Mac; en cualquier navegador; y en dispositivos móviles iOS y Android, donde pueden tener interactividad. Los costos de­pen­den del proyecto y su complejidad, pero pueden ir de $10,000 a $30,000 por espacio a representar.

Inmersys quiere posicionarse en tres grandes rubros: inmobiliarias, turismo y cultura, y el sector educación. Hoy, tiene 19 proyectos en marcha y, por primera vez, cerrará el año con números positivos.