Franquicias

Imago: Aprender a volar juntos

Con una franquicia especializada en la liberación de mariposas, esta empresaria puede trabajar poco tiempo y desde casa.
Imago: Aprender a volar juntos
Crédito: Depositphotos.com

Asumir el compromiso de un negocio no fue lo primero que se planteó Karina al planear su carrera. Sin embargo, el destino comenzó por arrojarla al temido mundo del desempleo cuando la empresa transnacional en la que trabajaba cerró en 2009. “La decisión era simple: o buscaba trabajo o iniciaba algo por mi cuenta”, recuerda la hoy franquiciataria de Imago –empresa dedicada a la liberación de mariposas para eventos– quien opera su negocio en la ciudad de Querétaro. “Me ganó el deseo de ser mi propia jefa y hacerme responsable de mis inversiones”.

La ventaja de Karina es que tenía dos respaldos seguros. Por un lado, contaba con el capital necesario para aventurarse, gracias a su liquidación. Y por el otro estaba el apoyo anímico y profesional de su esposo, Eduardo Arcos, quien también es empresario. Con lo que no contaba era con la experiencia que una marca ya probada le podía proveer para cumplir su nueva aventura.

“Sabía que necesitaba algo diferente y quería ser dueña de aquello a lo que le invertiría las mismas horas que a un trabajo”, recuerda la emprendedora. “Fue entonces que encontré a Imago en la edición 500 Franquicias de la revista Entrepreneur ”.

La novedad del concepto, el trato que recibió al hacer contacto, la baja inversión del modelo, la relación comercial y la asistencia técnica que proporcionaba la marca, sirvieron de indicadores para optar por este modelo de franquicia. Pero en realidad la flexibilidad de tiempo jugó un factor determinante al elegir la marca que iba a adquirir. “Imago no exige muchos días a la semana y yo decido cómo distribuir mi tiempo en relación a las ventas que requiero para que el negocio sea redituable”, añade Karina.

Su labor como empresaria se reduce a realizar mercadotecnia en la región que ocupa (el estado de Querétaro), comercializar (realizar ventas y convenios con empresas que ofrecen servicios complementarios) y distribuir las mariposas con el cliente final.

Hoy la emprendedora, quien trabaja desde un estudio en su casa acondicionado con línea telefónica, muestrarios, fotos, videos, cajitas temáticas y pósters de la marca, reporta ventas promedio de hasta tres liberaciones de 55 mariposas semanales, con un margen de utilidad del 85% por cada una y un ticket promedio de $5,000.

Romper el capullo

Azálea Cendón tuvo en cuenta los factores de libertad horaria y de desplazamiento que requiere el emprendedor cuando creó el concepto de Imago en 2003 para ayudar a la economía del hogar y construirse profesionalmente sin afectar su tiempo familiar. “La idea proviene del extranjero, donde la vi aplicada”, explica. Y aunque parecía fácil implementarlo en México, donde las bodas, primeras comuniones y bautizos ameritan gastos de este tipo, la labor resultó compleja.

La emprendedora contactó a entomólogos especializados en mariposas y se capacitó durante un año con expertos. Un obstáculo que surgió justo cuando intentó registrar el modelo de negocio, fue la falta de conocimiento de las autoridades. Y es que la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) –quien da un permiso para comercializar especies– nunca se había enfrentado a una idea como ésta, por lo que tuvo que explicar detalladamente que se trataba de criarlas en un ambiente sano, con estándares de calidad, y que además, las liberaciones siempre iban a ser en lugares abiertos con el fin de que las mariposas continúen su ciclo natural de vida.

Una vez que obtuvo la aprobación, montó su infraestructura en el jardín de su casa, que consistía en un laboratorio, mariposario y oficina para recibir clientes. “Ahí desarrollé el know how que me facilita tener listas las órdenes de mariposas para cada evento”, dice la franquiciante.

Imago sólo comercializaba la liberación de mariposas en la Ciudad de México y Área Metropolitana, hasta que la demanda superó su capacidad de producción al ser requerida en otros estados de la República. Además, las aplicaciones del concepto se diversificaron y pasaron de bodas y bautizos, a XV años, lanzamientos de productos, inauguraciones, convenciones, retiros espirituales, pedidas de mano y hasta sepelios.

A diferencia del mercado estadounidense –de donde es originaria la idea–, el consumidor mexicano le ha otorgado significados rituales. Eso permitió darle un giro a la venta: “si pides un deseo a una mariposa, el deseo va a llegar al cielo y se cumplirá”, dice Azálea. “Así que nosotros buscamos que los convidados al evento se unan en pensamientos positivos y dentro de cada caja se depositan los deseos más bonitos de los invitados. El momento es muy emotivo e íntimo”.

En 2005 el negocio superó expectativas y como la estructura casera ya no se daba abasto, la empresaria abrió otro mariposario en Cuernavaca, Morelos y desarrolló un modelo de franquicia de la mano de la consultora Feher & Feher. La consigna: mantener como propio el know how de la crianza y darle beneficios en comodidad y baja inversión a los emprendedores que se sumaran a la red para vender liberaciones de mariposas.

Equipo ganador

Las tareas de Azálea y las de Karina –y el resto de los franquiciatarios en las ciudades de Toluca, Guadalajara, Guanajuato, Xalapa, San Luis Potosí y Zacatecas–  quedaron divididas. La franquiciante se encarga de construir la experiencia de la marca (diseño de cajas, personalización de evento, publicidad en medios masivos y especializados, administración de redes sociales y página Web), la operación de los mariposarios, crianza de cada pedido, logística de la distribución, canalización de prospectos por territorio, comercialización en la Ciudad de México y la capacitación y asistencia técnica de los franquiciatarios.

La franquiciataria comercializa la liberación dentro de su territorio, se encarga de la logística de entrega para eventos, paga por la publicidad en medios de su región y genera alianzas estratégicas. “Para mí representa una ventaja, pues sólo me concentro en monetizar el concepto”, puntualiza Karina. Y así, a los inversionistas se les evita un desembolso grande cuando la marca absorbe los gastos de la crianza.

“Organizar tus horarios es el primer paso para sentirte como en casa”, sentencia la franquiciataria. “Yo le dedico cinco horas diarias. De esas cinco horas sólo dos son para el trabajo de campo (visitar clientes, hacer entregas, etcétera)”.

La operatividad de los franquiciatarios requiere de un estudio u oficina adaptada en el hogar para recibir clientes, lo que les permite disminuir costos. Y es que un local exige gastos y responsabilidades que devienen en distracciones y tiempo invertido lejos del cliente, al que hay que visitar y entregarle pedidos.

El siguiente paso de Karina es conseguir comisionados para crecer en ventas. “Les permitimos que sean los responsables de toda una región”, aclara Azálea. “Así su única necesidad es crecer con nosotros; y nuestra tarea principal, es hacer de estas experiencias algo cada vez más emotivo”, concluye la franquiciante.