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Corporativos apoyan a startups

Las aceleradoras corporativas representan una oportunidad para los emprendimientos de reciente creación enfocados en innovar.
Corporativos apoyan a startups
Crédito: Depositphotos.com
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Algunos corporativos asentados en territorio nacional incentivan el desarrollo económico del país al apoyar integralmente a emprendedores creativos. Se trata de una tendencia reciente, pero que aumenta desde hace dos años con programas que incluyen una base académica y soluciones prácticas para los negocios involucrados.

Estas grandes empresas hoy crean iniciativas de fomento a proyectos nuevos a través de capacitación, tutorías, fondeos, espacios de coworking y redes de contactos (todo en un solo paquete). “La finalidad es que las startups beneficiadas se transformen en empresas que incidan en la sociedad”, explica Paula Roteta, directora de Proyectos de Sustentabilidad en la aceleradora Endeavor México.

Fernando Lelo de Larrea –cofundador de Venture Institute, empresa que desarrolla y financia negocios de alto impacto– y Pablo Hernández O’Hagan –director general de Ingenia Group y fundador del Premio al Estudiante Emprendedor en México– coinciden en que Wayra, la aceleradora de negocios creada por la operadora de servicios de telecomunicaciones española Telefónica, es un ejemplo a seguir en esta práctica.

El proyecto, que data de 2011, conjuga todo lo que un emprendedor busca en un gran corporativo. Los ganadores en México del certamen que Wayra lanza cada año han recibido capacitación y financiamiento por entre US$30,000 y US$70,000 para consolidar su negocio. La intención de Telefónica es fomentar la innovación y mejorar las condiciones de emprendedores digitales capaces de resolver los problemas de la vida cotidiana. El primer objetivo de su sistema es enseñarle a las startups cómo transmitir ideas y presentar proyectos para atraer el interés de clientes, empleados y fondos de inversión.

La iniciativa de Telefónica luce, a decir de María Belén Herreros Serrano –responsable de la comunidad de emprendedores en el Innovation Center de BBVA Bancomer–, resultados favorables en atracción de capital y concursos ganados por startups que están en la aceleradora. Hoy ya cuenta con 12 academias en 11 países (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú, Venezuela, Alemania, España, Irlanda y Reino Unido).

Tropicalizar a Silicon Valley

El modelo que adoptan las aceleradoras corporativas como Wayra, juzga Rogelio Martínez –cofundador de Naranya Labs, aceleradora de startups asentada en Monterrey–, proviene de Silicon Valley. “La consigna de la meca tecnológica radica en que si alguien tiene la posibilidad de hacer mejor que tú algo en lo que no habías pensado y puedes ayudarle, tienes la responsabilidad de apoyarlo”, añade el director de Innovación de Naranya, protagonista del fomento al emprendedurismo desde la compañía fundada por Arturo Galván (Rogelio falleció pocos días después de esta entrevista con Entrepreneur).

IBM, firma líder en teconología y consultoría que afincó su centro de innovación en Silicon Valley, creó SmartCamp. Los ganadores entran en contacto con fuentes de capital, expertos en marketing y medios de comunicación.

Los filtros de IBM y demás aceleradoras corporativas inician con un certamen. De hecho, el proceso de selección a nivel nacional se resume en a) convocar a un concurso a empresas recién formadas, b) evaluar proyectos y c) premiar y darle seguimiento a los ganadores con tutorías y capacitación, para posteriormente d) integrarlos a un grupo al que se le brindará facilidades para desarrollarse; todo a cambio de una pequeña participación de las empresas –entre 5 y hasta 30% de sus acciones–.

Marcus Dantus, ex director de Wayra, y Lelo de Larrea coinciden en que el emprendedor que se suma a estas redes corporativas con su negocio (de reciente creación, innovadores y con acento social) debe de tener ciertas cualidades:

1. Que busque algo nuevo y diferente. “Tiene que ser una fuente de ideas, con mucha creatividad para solucionar problemas”, explica Dantus. “Su principal cualidad es que se enfoca en hacer las cosas mejor de lo que están y busca cambiar”.

2 . Apasionado. “El primer convencido de que la idea no sólo va a funcionar, sino que será un éxito rotundo, tiene que ser el propio emprendedor”, aclara Rogelio Martínez. “Tiene que ser un estilo de vida para él, una necesidad vital de realizarse”.

3 . Capaz de monetizar. “No basta con tener una idea inteligente, también hay que saber cómo capturar valor y generar ganancias para que sea un negocio redituable”, puntualiza Lelo de Larrea. Por ello, también es importante que sea una persona estructurada y con visión.

Miguel Mier –director general de Operaciones de Cinépolis–, recuerda que este fenómeno bilateral y emprendedor no es exclusivo de Silicon Valley, también ha pasado en Israel e Irlanda. “Creer que México es igual a Silicon Valley es un error, pero ciertos fenómenos económicos y culturales que se dieron en aquella región nos sirven como referencia para trabajar en nuestro país, dado que hay indicios de que vamos por un camino similar”, explica.

“En Silicon Valley el gobierno invirtió dinero en empresas y facilitó estudios fiscales; se creó Hewlett-Packard, la Universidad de Stanford y cada compañía nueva que hoy se funda ahí tiene la conciencia de regresarle algo al ecosistema al invertir en otras empresas”, corrobora Dantus.

Algo similar sucede en México. La creación del Instituto Nacional del Emprendedor, el Fondo Pyme y el creciente padrón de universidades vinculadas al mundo emprendedor, son indicadores de un terreno fértil para detonar una cultura de innovación, análogo al modelo económico vigente en Israel, que invierte en incubación y aceleración de negocios que nacen en la academia y centros de investigación.

De este modo, Cinépolis creó su propia propuesta enfocada al cine: Cinépolis Seed Camp. “El proyecto nace de dos hipótesis, la primera es que las grandes empresas desestimamos la capacidad y disposición de nuestro cliente para resolver o mejorar la experiencia de consumo; y la segunda, que los emprendedores desestiman la capacidad de las grandes empresas para impulsarlos”, puntualiza Mier.

El Seed Camp busca soluciones para el cinéfilo. Pero el reto recae en transmitir experiencia empresarial a los emprendedores. “Desarrollamos nuestro programa en tres ejes: trabajo en equipo, colaboración y coaching”, explica Mier. “Este último factor es nuestro valor agregado: que los emprendedores interactúen con ejecutivos clave de la organización de todas las áreas para validar sus ideas con quienes viven el día a día del mercado”.

Empatía académica y empresarial

El secreto para que Cinépolis Seed Camp –con sede en la ciudad de Morelia– funcione como centro de estudios y práctica de negocios, deviene de la alianza que logró con la Universidad de Morelia, que tiene proyectos para impulsar la independencia económica de los estudiantes. Igual que en Silicon Valley la Universidad de Stanford facilita la capacitación de agentes de cambio y una cultura académica innovadora, la Universidad de Morelia da rigor y sistema a Cinépolis para transmitir conocimientos.

Miguel Mier cree determinante que el emprendedor comparta la filosofía de la empresa, sus búsquedas y posibilidades de cambio en tanto actor social. En esto coincide con la visión de Diego Bracamontes, gerente de Connection Planning en Coca-Cola México, que ha lanzado, con el apoyo y asesoría de Venture Institute desde el año pasado, una aceleradora dirigida a negocios ambientalmente responsables, llamada Transformadora Ciel, que arrancó la formación de emprendedores en 2012.

Actualmente, este proyecto también recibe el respaldo de la universidad Centro para cubrir la selección y capacitación. Y es que Coca-Cola México concluyó, al ver la evolución de su consumidor y sus propios programas de responsabilidad social y ambiental, que acelerar nuevas empresas: “descubrimos voluntad de hacer las cosas diferentes por parte de la juventud”, detalla Bracamontes. “En la aceleradora abrimos la convocatoria desde nuestra página de Internet, Venture Institute nos ayuda a seleccionar, evalúa su plan de negocios, al emprendedor y da una recomendación”.

Transformadora Ciel tiene tres programas: a) fondeo colectivo (crowdfunding) en un sitio de Internet, donde Coca-Cola México pone 50% del dinero; b) aceleradora de negocios, que consiste en asesorías a startups, donde los capacitan y después los canalizan dentro del sistema de la empresa –proveeduría interna– y a la búsqueda de capital a través de Venture Institute; y finalmente c) Foro Ciel, espacio acondicionado en la azotea del edificio corporativo en la Ciudad de México, donde se congregan emprendedores para recibir capacitación.

“La ventaja para ellos es que les garantizamos exposición, pues se transforman en voceros de nuestra marca”, añade Bracamontes. “Nuestras spin offs crean nuevos modelos de negocios sobre lo que ya conocemos bien; pero las startups nos permiten participar de mercados y negocios que no tenemos intención de ocupar”.

De emprendedor a emprendedor

Fernando Lelo de Larrea cree que el apoyo otorgado hoy por los corporativos a las startups responde a un cambio en el consumidor, que ahora valora sellos independientes, está a la mira de innovaciones y compra de modo selectivo, atento a los valores y acciones que tienen las marcas en relación a la sociedad más allá de sus productos o servicios. “Tiene más que ver con un cambio en las expectativas de consumo y en la formación de nuevas generaciones de jóvenes creativos que pronto serán parte de sus clientes”, sentencia.

Los corporativos no quieren “hacer negocios” con startups, sino incrementar su mercado –cuando los emprendedores crean nuevas formas de consumo en su sector–, captar talento –innovadores que motiven a sus empleados o se integren a su personal–, aportar algo a la sociedad y posicionarse como marcas.
Sin embargo, no es una práctica exclusiva de grandes transnacionales. Naranya y Café Punta del Cielo han sumado sistemas de integración y desarrollo de emprendedores a su cadena de valor.

El perfil de los dos dueños de estas compañías –Arturo Galván de Naranya y Pablo González Cid de Café Punta del Cielo– es parecido. Ambos son emprendedores que iniciaron de cero y han vivido de cerca la falta de apoyo al iniciar un negocio.

“Me parece honesto de su parte facilitarle a otros el camino que ellos ya recorrieron”, explica Lelo de Larrea. “La flexibilidad de un modelo no corporativo trae beneficios a la larga para una aceleración de negocios, con un know how cercano al del emprendedor”.

Pablo González Cid hasta acuñó un término para definir a negocios que se ocupan de desarrollar startups: “empresas emprendedoramente responsables, que le dan al sector empresarial las herramientas para crecer y, en consecuencia, generar más empleos a través de mexicanos responsables de llevar un proyecto económico a cuestas”.

Café Punta del Cielo Challenge, que cuenta con la asesoría de Endeavor México, consiste en un concurso en el que se reúnen jóvenes a proponer nuevas ideas de productos a comercializar en los locales de la marca, utilizando el café que produce Punta del Cielo como materia prima del platillo, bebida o producto a vender. Al final, los que son seleccionados tienen pruebas frente a consumidores e inversionistas para ver cuál es el que tiene más probabilidades de consolidarse.

Los ganadores reciben mentoría y la oportunidad de comercializar sus productos en los locales de la cafetería. “Ellos siguen siendo dueños al 100% de su idea”, explica Pablo. “Somos un ‘trampolín’: los seleccionamos, aconsejamos y lanzamos a un mercado, pero la idea, el concepto y el producto les pertenece por completo”.

Una de las principales preocupaciones que inspiraron a Pablo fue la falta de confianza en el talento nacional por parte de inversionistas. “Las grandes empresas nacen de un emprendedor. En México tenemos la mentalidad de que no estamos listos y eso nos lleva a buscar cosas desarrolladas en otros países cuando no hace falta”.

“El boom económico que se avecina los próximos años –gracias a los programas del Gobierno Federal y la confianza de capital extranjero– ha despertado el interés de emprendedores y empresarios”, explica Paula Roteta, de Endeavor México, quien ha seguido de cerca a Café Punta del Cielo Challenge. “Ahora quieren volverse inversionistas y apoyar a empresarios por venir; además de que representa un ejercicio para que los estudiantes se pongan a pensar en todas las aristas de llevar un negocio y finalmente que tengan la opción de convertirse en proveedores de una empresa con puntos de venta consolidados”.

Compartir para crecer

Naranya, por su parte, primero lanzó un premio de talento: Reto Naranya, dirigido a desarrolladores de tecnología móvil. Pero desde hace dos años, vienen diseñando una spin off que en julio pasado comenzó a dar ayuda a los emprendedores: Naranya Labs, que se ocupa de dar seguimiento a los ganadores de Reto Naranya y ayudarlos a crecer. “Es un fondo de inversión de etapa temprana con un programa de aceleración de startups”, detalla Rogelio Martínez. La primer generación de Naranya Labs ya recibe capacitación.

“Los emprendedores digitales se caracterizan por ser altamente innovadores y tienen la capacidad de contagiar a la gente de su entusiasmo, lo que genera sinergia y empatía”, explica Arturo Galván, fundador de la compañía. “Queremos que los jóvenes, con total independencia sobre sus proyectos empresariales, se consoliden en nuestras instalaciones, gozando de la experiencia que hemos acumulado y vinculándolos directamente con posibles clientes interesados en sus ideas”, agrega.

Rogelio Martínez opina que lo más importante que le deben de transmitir a los emprendedores digitales en su aceleradora es la monetización de las soluciones móviles, ya que muchas comienzan siendo freemium (ofrecen una versión gratuita).

“Sólo en Latinoamérica hay más de 650 millones de celulares y se cree que para 2015, 70% de los latinoamericanos tendrán un smartphone; pero el punto, es cómo entregar contenidos y soluciones móviles y luego capturar valor”, dice Martínez.

El proceso para compartir infraestructura es fundamental, opina Martínez: “Naranya tiene 10 años en el mercado; que los emprendedores premiados del Reto Naranya se sumen a la organización como parte de la aceleradora no es obligatorio, sólo decimos: ‘Naranya tiene instalaciones, tecnología, recursos técnicos, ¿quieres usarlos?’; pero es opcional”.

Arturo Galván cree que “el deber de un empresario no es sólo dar empleo, sino darle las herramientas a otras personas de emprender como lo hicimos nosotros”, explica. Y esta necesidad de compartir el bienestar a los nuevos empresarios se generaliza poco a poco.

Los expertos coinciden: la creatividad mexicana vive su mejor momento en materia de recursos y plataformas para impulsar su migración a modelos de negocios eficientes. La industria privada tiene disposición, capital, recursos e interés por ayudar a las nuevas generaciones... y lo está logrando.