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Al rescate de la hamaca

Con diseño y calidad, Álvaro Verdiguel logró llevar un objeto de tradición costeña a las grandes ciudades e incluso fuera de México.
Al rescate de la hamaca
Crédito: Depositphotos.com
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La hamaca puede tener múltiples beneficios para la salud. Estudios científicos han comprobado que ayuda a conciliar el sueño y a alcanzarlo de manera profunda más rápidamente que una cama convencional. Además, a las personas diabéticas les permite tener una mejor circulación en las piernas y es uno de los objetos utilizados con mayor tradición en las costas mexicanas. 

Buscando tres hamacas para sus sobrinas recién nacidas, Álvaro Verdiguel observó que en Coyuca de Benítez, Guerrero (una comunidad tradicionalmente tejedora) no había quién fabricara estos objetos a la medida y en cantidades superiores a dos o tres. Sin embargo, existía un mercado. Había tejedoras que poseían la técnica y estaban dispuestas a realizar una labor de calidad si les proporcionaban los materiales.

“Lo más importante para nosotros fue que, tras hacer una investigación, nos dimos cuenta que había quien estaba dispuesto a pagar por una hamaca hecha a la forma, medida y color que quería. Ahí detectamos la oportunidad de negocios”, relata el emprendeor.

Así nació la idea de Hamacas de la Costa, una empresa 100% guerrerense que cuenta ya con cuatro años en el mercado y que se dedica a la fabricación y comercialización de estas piezas. Sus principales clientes son el sector hotelero –donde destaca el grupo Fairmont–, aunque también el sector residencial en la Ciudad de México.

Álvaro recuerda que siendo oriundo de Acapulco, se apasionó por el tema de la hamaca y comenzó a investigar sus beneficios para la salud, así como la manera de mejorar el tejido y la calidad del producto. También en cómo introducirlo en zonas que no fueran sólo de sol y playa. Así se topó con un interiorista, quien le dio recomendaciones de acabado, texturas y colores que podía armonizar con las decoraciones que por lo regular se utilizan en casas y departamentos citadinos.

El siguiente reto fue convencer al artesano de que debía permitir que le explicaran cómo hacer mejor el tejido, nudos y terminados para que la pieza fuera más resistente y duradera. Otro punto fundamental era que aprendiera a hacer diferentes diseños y los pudiera estandarizar en calidad para cubrir pedidos más grandes. Una vez superado este punto, Álvaro se comprometió a comercializar la artesanía. “Si tú te dedicas a hacer esa chamba, tráeme el diseño que quieras y yo te lo tengo a tiempo”, le aseguró una de las tejedoras. El emprendedor invirtió $20,000 en materias primas y entonces comenzó la producción de hamacas bajo este nuevo proceso.

No se trataba sólo de ser superiores en el tema textil. Para conquistar al público residencial, el fundador de Hamacas de la Costa llegó a la conclusión de que debía ofrecer un paquete integral que hiciera fácil la instalación y el mantenimiento de la pieza. “Nuestra investigación arrojó que muchas hamacas se compraban, pero nunca se instalaban”, dice.

Por lo que, las hamacas de la empresa incluyen un kit de instalación fácil de entender, con una broca, un par de taquetes, tornillos, ganchos y sogas para colgar la pieza. El paquete también contiene una bolsa especial para que la artesanía pueda asearse en una lavadora convencional, sin que corra el peligro de romperse o enredarse.

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El emprendedor asegura poner especial atención en los temas de seguridad. “Cada taquete soporta una tonelada, y no es que alguien pueda llegar a ese peso”, explica. “Aunque prefiero dar un colchón de seguridad amplio que nos proteja de cualquier error. Y que haga que las personas nos recomienden”.

Una de las principales estrategias que utiliza la empresa para dar a conocer el producto es la reco­men­dación boca a boca. “Nuestra producción inició con dos piezas en 2009 y de ahí empezaron a hablar cada vez más de nosotros”, señala Álvaro.

Es lo mismo que Hamacas de la Costa hace con los administradores de hoteles: “se les deja un par de productos a prueba y, al cabo de unos tres meses los clientes nos llaman, pues se dan cuenta que nuestras hamacas no se rompen y los hilos no se desgarran. En promedio, cada pieza dura hasta dos años en óptimas condiciones”, agrega.

Ante el buen recibimiento del mercado, Álvaro, con ayuda de su novia Dulce Mendoza, diseñó la imagen corporativa de su negocio y montó una página Web. Con ella comercializa las hamacas a cualquier parte de la República. Incluso, ya realizaron algunas ventas a Estados Unidos, Canadá, España e Inglaterra.

Por otro lado, el emprendedor considera que los negocios también deben beneficiar a la comunidad en la que nacen. De la mano de la Secretaría de Desarrollo Económico de Guerrero, trabaja en un proyecto para ayudar a 250 personas con altos índices de pobreza en la comunidad de Copalillo.

Además, desde hace tres años logró un acuerdo para que 25 internos del centro de readaptación social (Cereso) de Acapulco le manufacturen las hamacas. “Este proyecto es estratégico en la generación de empleos y combate a la violencia; por lo que buscamos que se replique en otros ceresos del país”, sostiene.

El 30% de su mercado es residencial, y el resto hotelero. Siguiendo esta tendencia, Álvaro trabaja junto a ProMéxico para lograr la exportación de sus productos y conquistar a estos públicos. Mientras tanto, surte a hoteles del Pacífico en Puerto Vallarta, Ixtapa y Acapulco. También logró colocar sus productos en Veracruz, Tabasco, el Distrito Federal y próximamente Los Cabos. “Es tiempo de seguir tocando puertas para crecer”, finaliza el emprendedor.