Emprendedores

Biotecnología hecha en México

Nafex desarrolló productos de alta tecnología para el control de plagas, fertilización y regeneración de suelos y tiene una red de 48 distribuidores.
Biotecnología hecha en México
Crédito: Depositphotos.com
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Cada año mueren en América Latina de 2,000 a 3,000 personas por intoxicación al consumir productos de cultivos a los que se han aplicado insumos químicos. Estas sustancias no se logran eliminar, sino que se acumulan en la grasa del cuerpo y pueden provocar cáncer, esterilidad, malformaciones en recién nacidos y abortos.

Con este tipo de problemáticas en mente, se crea Nafex, un laboratorio que desarrolla tecnología biológica orgánica para el control de plagas y la fertilización. Las hermanas Nancy y Kenia Méndez Flores comenzaron sus investigaciones hace 18 años y en 2005 formalizaron la empresa. Hoy cuentan con cuatro productos: Fithan (para el control de enfermedades); Micofex (vigorizante de cultivos); Biofex (extracto vegetal para control de insectos); y Nutrifex (fertilizante y mejorador de suelos que contiene lluvia sólida).

Los productos –inofensivos para el ser humano– controlan pudriciones en raíz, marchitamientos, ahogamientos y desarrollo de hongos en semillas, árboles y frutos. Además, pueden aplicarse tanto en el suelo como a las semillas, en trasplantes y al follaje, evitando las pérdidas causadas por hongos en el 60% de los cultivos a nivel nacional.

También se han aplicado con resultados positivos en plantaciones de aguacate, brócoli, cebolla, chile, cítricos, jitomate, mango, papaya, algunas flores, céspedes de campos de golf e incluso, en los jardines de la Presidencia de la República.

Actualmente, Nafex llega a 21 estados a través de una red propia de 48 distribuidores. Produce de 5,000 a 7,000 litros al año. El precio en el mercado oscila entre $315 y $325 por litro. Y todas sus utilidades son reinvertidas en el desarrollo de nuevos productos. Pero para llegar a este punto, las emprendedoras tuvieron que aprender varias lecciones. La más importante, dicen, constituirse de manera formal.

Luego de cinco años de investigación, de haber desarrollado el funguicida y colocarlo con éxito en el mercado, sufrieron un fraude por parte de una de sus socias. “Teníamos una sociedad de palabra y nos empezó a ir muy bien a nivel comercial. Ella manejaba todos los recursos y, de repente, en agosto de 2004 se fue con todo”, cuenta Nancy.

Ese año la emprendedora contactó a la incubadora de empresas de la Universidad Autónoma del Estado de México (Incubask). “Su director me dijo que no me preocupara, pues lo único que me habían robado era el dinero, que lo más importante era el capital intelectual de cada emprendedor, y tenía razón”, afirma.

En Incubask desarrollaron más producto y les proporcionaron acompañamiento empresarial y vinculación. A partir de esta nueva etapa ganaron varios concursos con los que se hicieron de recursos para seguir investigando. El año pasado recibieron el Premio Nacional de los Emprendedores que otorga el Gobierno Federal, y con él ya suman 21 galardones nacionales e internacionales en su historia. Ahora la meta es continuar con el crecimiento de la empresa.