Emprendedores

Café con aroma social

Productos orgánicos, comercio justo y enfoque en los amantes de las bicicletas son los estandartes de La Procedencia.
Café con aroma social
Crédito: Depositphotos.com
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No es una cafetería como las otras ni sólo una tienda de orgánicos. En realidad, La Procedencia es un concepto híbrido, que combina un restaurante con clases de cocina y un bed & breakfast, y que se ha transformado desde que vio la luz en enero de 2011 de la mano de Rodrigo Díaz y Anaïs Mouroux.

Lo que comenzó como una distribuidora de café de pequeños productores es hoy un lugar donde los apasionados de la bicicleta; amantes del café y de los productos orgánicos, encuentran un espacio para disfrutar de una experiencia gastronómica y social. El modelo evolucionó muy rápido: a dos semanas de subir su perfil en Facebook, La Procedencia ya sumaba 6,000 seguidores, muchos de ellos bike lovers (atraídos por el logo de la empresa, en el  que figura una bicicleta). Y es que como explica Rodrigo, este medio de transporte alternativo generó mucha efervescencia en los últimos dos años, particularmente, en la capital del país y, al utilizarlo como parte de su imagen, se montaron al movimiento.

“Querían saber quiénes éramos y dónde estábamos, aunque ni siquiera teníamos una tienda”, recuerda. Ante esa respuesta, él y Anaïs –su socia y esposa– se instalaron en un local de 9m2, pero no fue suficiente pues los clientes querían un lugar dónde sentarse, algo para comer y servicio para llevar. Una vez más, los emprendedores transformaron su modelo resultando en una cafetería-restaurante-tienda ubicada en una casa estilo porfiriana de la colonia Roma en la Ciudad de México, y decorada con toques ciclistas, contemporáneos y hogareños.

Sin haberlo considerado, encontraron su nicho de mercado: personas que apoyan las causas sociales y ecológicas, que buscan un ambiente acogedor, con rincones privados para platicar con amigos, trabajar o leer, y con servicio de comida y bebidas sanas. Además, se convirtieron en el primer negocio bike friendly en el Distrito Federal, es decir, que cuenta con bici-estacionamiento y ofertas especiales (como café gratis) si las personas llegan en bici. “El concepto se va complementando conforme los clientes nos van diciendo qué quieren”, afirma Rodrigo.    

Negocio con causa

Otro valor agregado de La Procedencia es la venta de productos orgánicos (miel, chocolate, salsas, huevo, té, leche, pan, licores, etc.), que provienen de unos 160 pequeños productores mexicanos. No obstante, debido a que muchos de estos proveedores no cuentan con los recursos económicos para obtener las certificaciones correspondientes, los emprendedores siguen una metodología propia para filtrar qué venden en sus anaqueles.

Primero, se aseguran de que los productores cultiven en un terreno de máximo una hectárea y media –la medida estándar para considerarse “pequeño productor”– o bien, que sean una asociación o cooperativa, además de aprobar requisitos de sanidad y calidad. Segundo, los emprendedores piden dejar una muestra para ver su desplazamiento, así como un registro de cómo llevan a cabo su producción (incluso Rodrigo y Anaïs verifican personalmente este paso). Finalmente, el precio lo fijan los productores más un 35% que agrega La Procedencia, como concepto de gasto de comercialización.

Si una vez en anaquel el artículo no se vende, estudian la razón –ya sea la etiqueta, el precio, el empaque o el sabor– y se la comunican al productor para que modifique lo necesario. “Hemos visto cómo van adaptando su producto para que puedan colocarse también en otros lugares”, cuenta Rodrigo. Por esta razón, Ashoka –organización de la sociedad civil que impulsa el cambio social a través de la promoción del emprendimiento social en diferentes sectores de la sociedad– los considera “una plataforma para el desarrollo de pequeños productores”, según presume el emprendedor.

Las nuevas apuestas

Para ligar el lado social de La Procedencia con el público ciclista, a mediados de este año Rodrigo y Anaïs crearon Coffee Bike, un concepto que consiste en una barra de café montada sobre una bicicleta equipada con una máquina percoladora, cafetera, termos y luz. Aunque la idea es franquiciar este modelo (para que circule libremente por las calles de las ciudades), por el momento se maneja sólo para eventos privados.

El problema, explica Rodrigo, es que al ser un concepto nuevo, no existe un antecedente y hay una laguna legal en cuanto a permisos se refiere. La buena noticia es que ya se encuentran en pláticas con las autoridades locales para que puedan operar en la vía pública. La lucha vale la pena, pues con apenas tres unidades móviles operando, han recibido solicitudes para franquiciar en Mérida, Hermosillo, Villahermosa, Puebla y Guadalajara.

Entre los planes de los emprendedores destacan la profesionalización de la empresa, la posible entrada de un tercer socio para capitalizarse y el empuje de su tienda en línea (laproce.com), además de expandirse en el centro del país y próximamente en Ámsterdam, Holanda, donde ya hay inversionistas interesados en replicar su modelo de negocios.