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Emprender: Nuevas reglas del juego

El rediseño de las políticas gubernamentales alentó el debate sobre cuál debe ser el modelo mexicano de apoyo a emprendedores.
Emprender: Nuevas reglas del juego
Crédito: Depositphotos.com
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Durante la última década, el ecosistema emprendedor de México comenzó a ganar músculo: el crecimiento de la red de incubadoras, el mayor número de emprendimientos de alto impacto y el surgimiento de programas gubernamentales para la creación de nuevas empresas dan cuenta de un sector vibrante y en pleno crecimiento.

Pero como en todo ecosistema en desarrollo, también hay falencias y retos pendientes. La llegada de una nueva administración federal, en diciembre del 2012, trajo el rediseño de las políticas gubernamentales de apoyo a los emprendedores y el cambio puso sobre la mesa un debate: ¿cuál debe ser el modelo de desarrollo del ecosistema emprendedor mexicano?

Hoy, el objetivo declarado de la política gubernamental es que las micro, pequeñas y medianas empresas sean más productivas, con más financiamiento y capacitación. Así, el eje de la gestión de los recursos públicos para tal efecto debe ser la efectividad. Además, el país necesita “que la cancha sea pareja para todos”, dice Ricardo Elizondo, administrador del fondo de capital semilla Ideas y Capital. Ello implica no sólo repartir recursos, sino facilitar el acceso de las Pymes a cadenas de suministro; lograr que parte del ahorro privado se destine a financiar nuevos negocios; simplificar y abaratar la quiebra de empresas pequeñas; y promover que los inversionistas puedan recuperar su inversión y obtener ganancias por medio de salidas más claras –ya sea a través de ventas a otras empresas, a un fondo de capital o el listado en la Bolsa– para que más personas se animen a fondear a emprendedores y estos tengan una mayor posibilidad de éxito.

Tan cierto es que ha habido innegables avances como que existen numerosas oportunidades de mejora. Y recién llegado a la Subsecretaría Pyme –que poco después desaparecería para dar paso al Instituto Nacional del Emprendedor (Inadem)– a Enrique Jacob se le hizo patente la necesidad de dar un golpe de timón en la estrategia pública destinada a promover la actividad emprendedora.

Durante esos primeros días de gestión, se realizó una sesión del Fondo Pyme que los funcionarios salientes ya no habían podido concretar el mes anterior. En ella se seleccionarían proyectos para recibir recursos, entre una treintena de candidatos.

“Lo que me espantó fue el número de llamadas que recibí, incluyendo las de un par de gobernadores y otras gentes más que te hablaban y te decían: oye, sé que vas a tener una sesión del fondo, ahí te encargo mi proyecto”, revela el actual presidente del Inadem. Y aquello no podía ser, comenta el funcionario,  “porque yo no soy nadie para que me encarguen proyectos; yo tengo la obligación de que los recursos se apliquen en programas”.

El diagnóstico del Inadem sobre la política pública de la anterior administración para apoyar a pequeños y medianos empresarios no es nada halagadora: esfuerzos dispersos, reparto de recursos de manera discrecional, programas federales duplicados, opacidad, ineficiencia y escasos resultados.

Sin embargo, la realidad es que “nadie se quejaba del Fondo Pyme el sexenio pasado, porque a todo el mundo se le daba dinero sin realmente tener que demostrar a fondo en qué se usaba o cuál era el impacto de la inversión”, señala Roberto Charvel, administrador del fondo de capital emprendedor Vander Capital.

Ningún César

El plan de trabajo del equipo del Inadem incluyó el rediseño del Fondo Pyme, el programa gubernamental que apoya a micro, pequeños y medianos empresarios, cuyas garantías y recursos en 2013 sumaron $7,200 millones. El resultado: reglas de operación distintas y nuevos sistemas de evaluación y gestión informática.

Bajo el nuevo modelo, los recursos deben asignarse vía convocatorias y los proyectos son analizados por evaluadores independientes. De esta manera, se evita que “yo sea una especie de César que diga el proyecto vive o muere”, afirma Jacob –mientras hace un ademán con el pulgar hacia arriba y hacia abajo–.

Todo el proceso podrá llevarse a cabo vía Internet, sin documentos en papel ni necesidad de contactar a nadie físicamente. Además, los proyectos se evaluarán con parámetros definidos y obtendrán una calificación de acuerdo a su congruencia con las características de cada convocatoria. Y el solicitante contará con asistencia remota y firmará documentos por medio de una firma electrónica.

Claro que si este nuevo modelo funcionará está por verse. Resulta “muy prematuro”, señalar si los cambios ya funcionaron de forma adecuada o no, considera Agustín Mier y Terán, emprendedor, mentor y estratega empresarial para medianas em-presas, y socio de Inflection, filial de la consultora Gazelles International. “Habría que esperar por lo menos hasta mayo o junio de 2014 para determinarlo”, dice.

Jacob se muestra satisfecho luego de la cirugía mayor efectuada. Asegura que el nuevo sistema es robusto y el Inadem está listo para publicar las nuevas convocatorias en los primeros 10 días de 2014, con sus respectivos calendarios y tiempos de evaluación y de respuesta. El organismo, explica el funcionario, hará los cortes de convocatoria a mediados de febrero, y mediados y fines de marzo; y depositará los recursos a los beneficiarios a más tardar en mayo, salvo en los casos en que las convocatorias se publiquen dos veces al año.

Por lo pronto, la puesta a punta del Inadem –que pretende convertirse en el buque insignia del apoyo a los emprendedores y las Pymes del gobierno de Enrique Peña Nieto– se tradujo en considerables retrasos en la asignación de fondos. Esta situación ha generado un previsible descontento entre actores que contaban con dichos recursos.

Y es que las altas expectativas generadas luego de la creación del Inadem se han tornado, en muchos casos, en desencanto. Por si fuera poco, la reciente miscelánea fiscal aprobada por el Congreso tampoco abona el terreno con optimismo. “El nuevo marco tributario aumentará los costos para los emprendedores e inversionistas que quieran desarrollarse en nuestro país”, escribió Juan Pardinas, director general del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), en un artículo publicado en el periódico Reforma el 20 de octubre pasado.

Pero también hay otras voces. Porque si bien probablemente hubo proyectos que murieron o perdieron una oportunidad sin poder levantar fondos, señala Charvel, de Vander Capital. “En muchos casos, la actitud me parece más comparable con (la de) líderes sindicales que se sienten con el derecho de recibir recursos a fondo perdido”, agrega.

En un país paternalista, como históricamente ha sido México, un cambio de ecuación como el que está planteando el Inadem –el cual no sólo significa un análisis a fondo y objetivo de cada propuesta que pide recursos, sino un enfoque en proyectos innovadores, según declaraciones que Jacob hizo en octubre–, “a mucha gente le estará causando molestia”, advierte Jorge Zavala, director de disrupción de Kinnevo, firma especializada en generar startups innovadoras, quien antes fue director de la aceleradora de negocios TechBA en Silicon Valley. Se trata de la resistencia propia de un individuo cuando lo sacan de su zona de confort.

“Muchos en este ecosistema emprendedor que se habían vuelto parásitos del gobierno ya tenían el caminito muy bien estudiado y recibían al año cantidades muy importantes. Por ejemplo, hay aceleradoras o incubadoras que recibían $40, $50 o hasta $80 millones al año”, comenta por su parte Álvaro Rodríguez, administrador del fondo de capital emprendedor Ignia Capital.
Por otro lado, puestos en perspectiva los recursos del Fondo Pyme representan apenas alrededor del 0.05% de la economía mexicana o el equivalente a cinco centavos por cada $100 del PIB; de los cuales 40% son garantías. “¿Realmente creemos que eso va a mover el ecosistema emprendedor? Éste es mucho más grande que eso”, afirma Rodríguez Arregui.

Y tiene razón. Sólo en 2012, más de 30 startups mexicanas levantaron alrededor de US$1,000 millones de fondos de capital emprendedor, mismos que a cambio obtuvieron una parte de las acciones de las empresas, que esperan vender dentro de unos años con retornos.

La academia, por su lado, sigue volcándose al tema. Y ese es otro buen síntoma. El Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), una escuela que tradicionalmente ha formado a las élites políticas y financieras del país, inauguró en octubre pasado un Centro de Creatividad, Innovación y Emprendimiento, ante un auditorio abarrotado con más de 400 universitarios.

Y el interés de la gente crece: la pasada Semana del Emprendedor, organizada por el Inadem en agosto de este año, contó con una asistencia 28% superior a la de la Semana Pyme en 2012. En general, los eventos relacionados con emprendedores han proliferado.

Por otra parte, seis de cada 10 adultos en México considera que tiene capacidades para emprender un negocio, según el Monitor Global del Emprendimiento (GEM, por sus siglas en inglés). Asimismo, fuentes entrevistadas coinciden en que hoy ser emprendedor está de moda.

Todavía falta

Lo anterior no quiere decir que los retos del entorno emprendedor no sigan siendo enormes. Algunos de ellos son culturales: por ejemplo, uno de cada cuatro mexicanos adultos tiene miedo al fracaso, de acuerdo con el GEM. No es gratuito. Además del estigma que tiene un descalabro, en el país el costo para disolver una empresa que no tuvo éxito es muy alto, según el Barómetro Emprendedor 2013 publicado por Ernst & Young (EY).

El aspecto cultural va también para los inversores. “En general, hay sectores que están acostumbrados al dinero rápido y fácil, por ejemplo, con gasolineras, construyendo casas”, dice Adrián Flores, director general del Tecnológico de Monterrey, Campus León, y líder del equipo que coordina la encuesta local del GEM. Esta afición por retornos rápidos resulta contraproducente: “algunos grupos de ángeles inversionistas –entre comillas– que quieren apoyar, acaban comiéndose al emprendedor”, añade el académico.

Otro factor que dificulta el desarrollo del sector es que aún “hay muy pocas historias de éxito en México (sobre emprendedores); eso hace que mucha gente no se quiera meter en esta actividad”, comenta Elizondo, de Ideas y Capital, quien también es un inversionista ángel con casi una decena de proyectos en su portafolio de inversión.

Esta situación puede atribuirse a varias razones. Por un lado, un terreno de juego desnivelado que favorece a las grandes compañías: desde procesos largos, tortuosos e inciertos para que las Pymes les vendan a gigantes corporativos y gobierno, hasta prácticas desleales por parte de jugadores consolidados para bloquear a nuevos participantes en una industria. “En México, nos guste o no, las grandes historias de éxito son monopólicas”, señala Elizondo.

Por tanto, el país debería crear entonces una agencia similar a la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) para proteger a emprendedores y Pymes en caso de que una empresa grande incumpla los términos de un acuerdo, propone Álvaro Rodríguez, de Ignia, en un artículo que escribió el año pasado en Innovations Journal, una publicación del Massachusetts Institute of Technology(MIT). Actualmente no hay a quien acudir. Y el gobierno podría además integrar más ampliamente a emprendedores y Pymes en sus cadenas de suministro.

Claro, también faltan esquemas de salida para los inversionistas. Por un lado, para las empresas de mayor tamaño los recursos a través de la Bolsa siguen siendo escasos: el monto invertido en Ofertas Públicas Iniciales en México como porcentaje de la economía es apenas una tercera parte del promedio del G20, según el Barómetro Emprendedor 2013 de EY.

Para empresas de menor tamaño, en tanto, aquí “no hay una cultura de adquisiciones por parte de compañías grandes”, comenta Luis López, cofundador de Bandtastic, una empresa de reciente creación que se graduó del programa de aceleración de Wayra en 2012 y ha recibido inversión de Startup Labs e InvestoMex. De hecho, “ha habido varias startups que conozco que me dicen que su competidor les copia”, asegura el emprendedor, sin dar nombres.

Pero quizá la mayor asignatura pendiente en el entorno emprendedor mexicano es el financiamiento. Es necesario que los emprendedores “tengan acceso a créditos asequibles y falta que madure más el tema de capital emprendedor”, señala Guadalupe Castañeda, líder de la red de Mercados de Crecimiento Estratégico en México de EY.

Entre 2002 y 2012, siete actores del ecosistema –incluidos la aceleradora Endeavor, el club de inversionistas ángeles Angel Ventures, y fondos de capital para empresas en etapas tempranas como Wayra, Venture Institute y 500 Startups– analizaron casi 11,000 proyectos en busca de aceleración o fondeo. Aunque de ese total, apenas un 4% fueron seleccionados.

México hoy es un país con ahorro interno: los fondos de pensión manejan cerca de US$140,000 millones; la clase media, por medio de sociedades de inversión, tiene ahorros por alrededor de US$100 millones; y las reservas técnicas de las aseguradoras suman US$50,000 millones.

Pero ese dinero está invertido principalmente en Cetes, financiando al gobierno mexicano. Si apenas un 2% de ese ahorro, ó US$3,800 millones, se destinara a fondos de capital privado y emprendedor, incluyendo semilla, contribuiría a que “realmente tengamos un ecosistema emprendedor sano”, considera Charvel, de Vander Capital. Sería casi cuatro veces más de lo que las startups mexicanas recabaron de fondos de capital de riesgo en 2012. Ni más ni menos.