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9 lecciones que no aprenderás en clases

El mundo real puede enseñarle a un emprendedor mucho más sobre los negocios que un MBA. La clave está en la práctica.
9 lecciones que no aprenderás en clases
Crédito: Depositphotos.com
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En Silicon Valley cada vez vemos menos interés en perseguir programas de MBA. Parece que cada semana una nueva historia resalta los costos de oportunidad de estos programas, las tasas de desempleo para sus graduados (aunque menos del 5 por ciento de las generación de Harvard del 2012 estuvo desempleada por tres meses después de graduarse) y celebra a los emprendedores que no terminaron la universidad y menos un programa de maestría (Steve Jobs, Bill Gates, Richard Branson, Mark Zuckerberg).

Combina eso con el hecho que a las startups, donde parece ser que todos quieren trabajar, no les importa tener un título en negocios. Quieren experiencias de la vida real y lo necesario para sobrevivir en las trincheras de las startups donde todo es más visceral cuando tu trabajo, no una calificación, está en la línea.

Sin embargo, las aplicaciones abundan en muchas escuelas importantes y algunos consultores de admisión predicen un mayor número de solicitantes en las mejores universidades del mundo.

Así que, ¿cuál es el camino correcto? Primero que nada, si eres aceptado o estás inscrito en un programa de MBA, entiende que un título jamás te va a lastimar. Hay mucho que ganar del trabajo escolar así como tiempo para aprovechar en la escuela. La actitud correcta y el título adecuado, te darán la fórmula para el éxito sostenible a largo plazo.

Mientras que una escuela de negocios te otorgará un “pedigree”, el mundo real se basa en  los resultados que obtengas.

Tan pronto como termine el proceso de entrevistas, a nadie le importa el título que recibiste de Harvard, Stanford o Florida Atlantic (mi alma mater). Todo lo que les importa es que hagas el trabajo. Aquí hay unas lecciones del mundo real respecto a esto:

1. La manera de conservar un trabajo es concibiendo cómo se ve el éxito. Comprométete a metas agresivas y logrables. Luego haz más que los otros.

2. Consigue que voten por ti en el equipo todos los días. En el futbol y el mundo real, cuando tratas de resolver los problemas, nadie te da crédito por los logros pasados. A la gente le importa lo bien que hiciste tu trabajo a pesar de las dificultades.

3. Opera con una mentalidad que refleje meritocracia. Es lo opuesto a mostrar un sentido de derecho, sin importar lo orgulloso que seas respecto a tu educación. Tener un título no te da el derecho de ver a los otros para abajo. La gente resiente eso y no le gusta. Y mientras que en Harvard o Stanford abran la puerta a nuevas oportunidades, capitalizarlas tiene que ver con lo bien que haces el trabajo.

4. Demuestra cómo manejas la adversidad. Cuando contrato a alguien, miro sus logros educativos como base para la evaluación de su destreza intelectual. Paso la mayoría del tiempo valorando los retos que ha superado y observando qué tan cotizado es después de esto.

5. Ábrete a la posibilidad de ver la excelencia donde sea que esté. Encontrarás que a veces viene de los lugares menos comunes.

6. Aprovecha tu red. Es uno de los bienes más importantes de cualquier título. Trabájalo.

7. Entiende que no todo tiene que ver contigo. Los programas de MBA tienen mucha competencia. Hay una carrera intensa para ser el mejor de la clase. Pero ese enfoque individualista no es siempre muy bien recibido en tu lugar de trabajo donde la actitud deseada es la de “la empresa primero” no la de “yo primero”.

8. Aprende una nueva cultura. No te obsesiones con lo que aprendiste en la escuela. Pide crédito extra en proyectos que promuevan una exhibición a gerentes ejecutivos y con suerte a la junta directiva. Observa la cantidad de gente que se comporta en estas juntas y modifica tu conducta.

9. Da algo de regreso, mejora y ayuda a otros en su camino. Si tienes un MBA, úsalo para hacer el bien.