Emprendedores

Suma capital inteligente

Grupo Bellopuerto ha logrado innovar en el sector restaurantero al conquistar a los socios e inversionistas y trabajando en equipo.
Suma capital inteligente
Crédito: Depositphotos.com

Una de las razones por las que muchas personas frenan o aplazan la decisión de ser su propio jefe es, sin duda, la falta de recursos económicos. Más allá de los ahorros personales o de un préstamo familiar, al parecer no hay otras opciones para financiar a quienes apenas tienen una idea de negocio, un prototipo o infraestructura mínima para operar.

Pero Andrea de la Garza –graduada de la carrera de administración turística en 2002– no se detuvo frente a este obstáculo e hizo una apuesta diferente: salir a conquistar inversionistas.

Antes de emprender, Andrea se desempeñó en puestos gerenciales y como directora de operaciones en importantes firmas del sector restaurantero, como Moshi Moshi. De esta manera, durante cuatro años adquirió conocimientos y experiencia sobre cómo dirigir una unidad, así como hacerse cargo de la apertura de sucursales.

Todo ello implicó la creación y estandarización de diferentes procesos en áreas estratégicas y actividades de la operación diaria. “Aunque sin ser yo la tomadora de decisiones”, reconoce. Por eso quería ser la creadora de su marca.

Finalmente, en 2006 dejó salir ese deseo por tener su propia empresa y abrió su primer restaurante, Primo Bacio, ubicado en Polanco, en la Ciudad de México.

“Todo salió muy bien, pero un par de años después decidí separarme de la sociedad para crecer y es cuando se da la oportunidad de iniciar el concepto Bellopuerto, inspirado en el Acapulco de la década de 1960 con todos los elementos de esa época: la madera, el plástico de las sillas, colores pastel (azul, verde, rosa) y hasta La Quebrada”, describe la emprendedora. Sin embargo, en esta nueva aventura “me di cuenta de que el negocio pintaba para ser mucho mayor”.

El camino hacia el éxito “parte de la disposición para hacer una autoevaluación e identificar nuestros puntos débiles para, entonces, capacitarse o buscar asesoría de expertos en la materia”, opina Eduardo Mercado Peña, docente del Colegio de Gastronomía en la Universidad del Claustro de Sor Juana.

En esta ocasión, al tratarse de un proyecto con una visión más grande, Andrea buscó sus piezas complementarias. Así, Grupo Bellopuerto está integrado por cuatro socios operadores (cabe señalar que ninguno de ellos es chef).

De acuerdo con la líder del equipo, son cuatro las características que los unen: “credibilidad; confianza entre nosotros (por ejemplo, si no soy la experta en números, confío en las decisiones de quien sí lo es); el factor humano, es decir, tener contacto directo con el resto de los colaboradores, sentarme a la mesa para platicar con ellos me ayuda a saber por qué es bajo o alto su desempeño, lo que se refleja en los resultados; y el sentido de urgencia para resolver las diferentes situaciones que se presentan en la operación diaria”.

No obstante, este esquema definitivamente no estaría completo sin los socios capitalistas. Andrea cuenta que desde su etapa profesional como directiva ganó adeptos que reconocían en ella su trabajo y logros al frente de varios restaurantes –muchos de ellos clientes de estos lugares–. Por lo que desde que salió a buscar socios para fondear su primera apertura consiguió reunir 25 candidatos, de los cuales al final –tras una selección– se quedaron 12, reuniendo $6 millones en total.

La ventaja es que no se trata sólo de personas que aportan dinero, sino que se involucran con el negocio y aportan recomendaciones para mejorarlo.

En 2009, cuando surgió el primer Bellopuerto, eran 35 empleados. Para 2010, con la segunda unidad –ubicada en Santa Fe–, se da un crecimiento general del 100%, tanto en el número de colaboradores como en ventas y hasta en complicaciones.

“Pasar de uno a dos restaurantes ha sido uno de los retos más importantes hasta ahora, porque prácticamente te tienes que duplicar y, en este caso, implicaba que debía repartir mi tiempo y desplazarme entre dos puntos de la ciudad”, señala la emprendedora.

La tercera apertura –en la calle Florencia, a una cuadra del Ángel de la Independencia– el año pasado fue más sencilla y, a decir de Andrea, fue cuando lograron una estandarización en todos los procesos de operación.

En este renglón, el factor humano fue fundamental, “ya que hacer que toda la gente siga procesos parte de inculcar una cultura y una forma de trabajar; es estar día a día con ellos. Y cuando hay rotación de personal, hay que empezar de nuevo a enseñar cada paso”, detalla.

Hoy Grupo Bellopuerto está formado por siete ubicaciones, además de integrar otras marcas: IT Come Pasta, en Santa Fe; así como Revés, Limantour y Malamén en Polanco. Por lo que ahora Andrea se encuentra al frente de un equipo de 200 colaboradores, con el apoyo de sus otros tres socios operadores; mientras que cada uno de los restaurantes cuenta con sus propios socios capitalistas.

Pasión que se contagia

La decisión de independizarse, según la empresaria gastronómica, la tomó a partir de las ganas y pasión con que realiza su trabajo día a día. “Es como esa fuerza que traes dentro y que te impulsa a crear, a emprender. Tal vez no tenía todo el conocimiento necesario, o sea, si bien no era la experta en números o en administración, sí tenía la iniciativa y en mi experiencia había demostrado que todo tiene solución; porque el tener pasión y ganas te lleva a hacer las cosas”, sentencia.

Para Andrea, la parte más difícil con la que alguien se puede enfrentar al ser su propio jefe es la auto exigencia. “Si uno no se exige, no tienes al jefe al lado que te diga lo que debes hacer; desde pagar la nómina y el teléfono, hasta entregar reportes financieros a los socios”, dice.

De ahí que la disciplina se ha convertido en su mejor aliado para poner el ejemplo en diferentes renglones básicos, como la puntualidad o el cumplimiento de objetivos. “Y conforme obtienes buenos resultados, generas credibilidad a tu alrededor, tanto con tus socios como con tus colaboradores”, agrega.

Así que primero debes contar con credibilidad y luego crear una estructura de negocios, es decir, un procedimiento a seguir. Tras su salida de Primo Bacio, la emprendedora planteó un nuevo modelo en Grupo Bellopuerto, el cual le ha funcionado muy bien hasta ahora.

Por un lado, los cuatro socios operadores, incluida Andrea, se quedan con parte de las acciones en compensación por el know how y el desarrollo del proyecto, aunque también pueden adquirirlas.

Por otra parte, los socios capitalistas no sólo aportan dinero, sino que al hacerlos sentir parte del negocio, dan retroalimentación y hacen relaciones públicas, trayendo nuevos clientes e ideas para implementar. La mayoría es gente que le gusta viajar y los restaurantes.

“Era cliente frecuente y me gustaba mucho el concepto de Primo Bacio, porque siempre se sentía una calidez especial y el servicio era excelente. Ahí conocí a Andrea –quien era socia operadora del lugar– y empezamos una amistad”, cuenta Josette Trespalacios, quien sin tener experiencia previa en invertir en startups se unió al proyecto de Bellopuerto como socia inversionista.

“Creo que para invertir en el proyecto de un emprendedor la parte más importante es la confianza, ya que conoces su trabajo, sabes que lo puede hacer y, sobre todo, confías en sus decisiones (como operador del negocio) porque se trata del experto en el tema”, complementa.

La unión hace la fuerza

Ser emprendedor no es únicamente crear algo o innovar una idea, hay que hacerlo bien. ¿Cómo? Andrea reafirma que esto se consigue a través de “establecer procesos, con disciplina, siendo auto exigente, identificando y resolviendo problemáticas; o sea, toda la raíz de la empresa”.

En el caso de la relación con los socios capitalistas, las reglas son muy claras: tienen juntas mensuales para revisar los números y recibir feedback. “Eso sí, ellos no pueden llegar a los restaurantes a dar órdenes o a pedir que su consumo sea gratis; se les da trato de cliente y estamos atentos a sus comentarios”, aclara la empresaria.

“Lo mejor es que como socio capitalista también aprendes”, asegura Josette, quien confiesa que al inicio quería intervenir en la toma de decisiones; “pero al final comprendes que esa es la función de los operadores”. Según la inversionista, ninguno de los socios se imaginó que Bellopuerto llegaría hasta donde se encuentra hoy.

“La capacidad reactiva es una de las fortalezas del grupo, pues cualquier cosa que surge en la operación, Andrea –que siempre está al pendiente del negocio por todos, de día y de noche– tiene esa capacidad de distinguir las cosas que no están funcionando y las corrige de inmediato”, sostiene.

“Aunque hemos recibido ofrecimientos para asociarnos y abrir sucursales en varios estados de la República, Estados Unidos y España, no hemos aceptado porque pensamos que la calidad del concepto se perdería”, explica Andrea.

Igualmente, esta decisión se debe a que los socios consideran que el mercado está cambiando de manera constante. “Unos tres años después que inauguramos el primer Bellopuerto (en 2009) comenzó un boom de restaurantes, no sólo en Polanco, sino en general.

Frente a los nuevos retos que ello implica, preferimos crecer de forma ordenada, fijando objetivos cada seis meses a partir de lo que dicte el mercado”, concluye Andrea.