Recursos Humanos

¿Eres un microgestor?

Aprende a distinguir el trabajo operativo del directivo y empieza a confiar en tu equipo. Te sorprenderán los resultados.
¿Eres un microgestor?
Crédito: Depositphotos.com

Aceptémoslo: En algún momento de nuestras vidas como directivos y/o emprendedores (incluso como empleados) hemos caído en la trampa del microgestor. Es decir, tenemos la mentalidad de “sólo yo sé hacer bien las cosas” y creemos que la mejor manera de lograr buenos resultados es estar todo el tiempo supervisando lo que hacen nuestros colaboradores. Nada más erróneo.

Si bien este mal, es común en la mayoría de los puestos directivos, muchas veces son los emprendedores los mayores pecadores. Muchos de ellos inician su carrera en el mundo empresarial siendo técnicos (con una gran capacidad operativa), por lo que dar el paso de operador a director no es nada fácil. Y menos cuando se trata de TU empresa, que tiendes a querer y cuidar como un hijo propio.

¿Pero qué es lo que ocurre cuando un director se convierte en microgestor? En primer lugar, deja al margen las actividades clave de un directivo, como lo son la planeación, la creación de estrategias y el desarrollo personal y profesional de su gente.

En segundo lugar, esta terrible práctica termina dañando la motivación y el desempeño de los empleados. Cuando un equipo no se siente empoderado para tomar decisiones, generar ideas y actuar, generalmente da lugar a una empresa lenta e incapaz de innovar. Además, el clima laboral y la lealtad de los empleados suele ser muy baja cuando hay un microgestor a la cabeza.

Sin embargo, la línea entre el trabajo operativo y el directivo puede ser muy delgada. Como dirigente de una empresa es común que a veces juegues de un lado y a veces del otro, pero ¡cuidado¡ tu labor debe enfocarse más en la visión de la organización y no en los “fuegos” del día a día.

¿Cómo saber si soy un microgestor?

Normalmente es más fácil encontrar fallas y debilidades (aunque también atributos) en los demás que en uno mismo. Para saber si eres victimario de la microgestión debes auto-analizarte y ser sincero contigo.

Un ejercicio sencillo para identificar si te diriges más hacia el trabajo operativo o al directivo es identificar cinco funciones de tu puesto y cinco responsabilidades. A un lado, define si se trata de un trabajo operativo o de uno directivo. Al final, si tus respuestas indican que eres más operativo, entonces es momento de delegar y aprender a dirigir a tu equipo.

A continuación te presentamos las diferencias entre un líder operativo y un directivo:

Un jefe operativo transforma materia, un directivo transforma personas. Como director, tu principal responsabilidad es potenciar el capital humano y guiarlo para conseguir las metas. Deja de pensar en las operaciones y los procedimientos; piensa en cómo sacar lo mejor de tu gente para que sean ellos los encargados de cumplir con la misión de la empresa.

Un jefe operativo tiene como principales herramientas los elementos físicos, mientras que un directivo los intelectuales. Esto quiere decir que una persona que dirige no se la pasa creando productos, sino pensando e ideando estrategias. Su mejor arma es su cerebro y capacidad creativa.

Un jefe operativo cumple metas a corto plazo, un directivo a mediano y largo plazo. El trabajo de un operador busca obtener resultados inmediatos; su esfuerzo es medible y palpable por la cantidad de pendientes realizados. En cambio, un directivo debe tomar decisiones para cumplir con los objetivos de la empresa en el largo plazo. Debe preguntarse “¿a dónde quiero llevar mi organización y cómo puedo conseguirlo?”.

Un jefe operativo se enfoca en el “hacer”, mientras que el directivo en el “ser”. Un directivo no busca solamente su desarrollo personal, sino también el de cada miembro de su equipo. Sabe que capacitándolos y cultivando sus talentos podrá llegar mucho más lejos.

6 tips para evitar el micromanaging

1. Contrata a las personas correctas. Desde el proceso de reclutamiento asegúrate de contar con los empleados más capaces que también se adecúen a tu cultura empresarial. Suma a tu empresa a personas en las que puedas confiar y aporten algo distinto a la organización.

2. Comunica claramente tus expectativas y los objetivos de la empresa. Tus empleados sólo serán productivos en la medida en la que sepan qué deben hacer y cómo hacerlo. Evita las contradicciones y la comunicación cruzada. Define objetivos y asegúrate que tu equipo esté en la misma página.

3. Establece medidas de evaluación. Esto te permitirá saber si tus empleados cumplen o no con sus objetivos; mientras que ellos podrán tener un parámetro claro de lo que se espera de su trabajo.

4. Retroalimenta, no critiques. Reúnete periódicamente con tu equipo para decirles cómo realizan su trabajo; en qué puntos pueden mejorar y en cuáles están teniendo buen desempeño. Asegura que tu retroalimentación sea oportuna y al momento. Sé puntual con las cosas que dices y habla de hechos concretos.

5. Aprende a delegar. Todo comienza con la confianza en tu personal. Confía en sus habilidades y en su capacidad para hacer bien su trabajo. Empodéralos a actuar y tomar decisiones. Capacita a aquellos que lo requieran y deja volar a los que ya estén listos. Te sorprenderá su pensamiento creativo y las ideas innovadoras que producen y que pueden impulsar tu empresa.

6. Abre tu mente. Olvida la terrible ideología de “las cosas sólo salen bien cuando yo las hago”. Recuerda que no existe un solo camino para llegar a la meta y que cada persona puede ofrecer distintas rutas, algunas mucho más eficaces y rápidas que las tuyas.