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Papá, quiero ser emprendedor

La escasez de empleo convierte al emprendedurismo en una buena alternativa para los jóvenes. Es vital promover esta cultura desde el hogar.
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La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, levantada durante el cuarto trimestre de 2013 por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) revela que los jóvenes mexicanos representan el 32% de la población económicamente activa del país. Pero sólo el 1.2% genera puestos formales de trabajo para otras personas.

Este hecho, que se debe a una diversidad de factores socioeconómicos y culturales profunda y compleja, representa un enorme reto para nuestro país y nos lleva a cuestionar el papel de la juventud en el desarrollo económico de México.

Sin embargo, me gustaría destacar uno de estos factores, el cual influye desde el ámbito familiar en aquellos jóvenes que comienzan su vida profesional. Éste gira en torno a la concepción social de lo que hace exitoso, profesionalmente hablando, a un joven recién graduado de la universidad.

En la mayoría de los hogares mexicanos, las expectativas acerca del joven que logró concluir sus estudios universitarios y en mejor de los casos, titularse, se concentran en el hecho de que encuentre rápidamente un empleo formal en la iniciativa privada, obteniendo así la certeza de un salario. Quienes ‘cumplen’ de esta manera se hacen acreedores al reconocimiento de familiares y amigos como un joven exitoso.

Con esto no quiero decir que quienes siguen este camino, que también es muy meritorio, no sean jóvenes productivos y en efecto, exitosos. No obstante, existen otros caminos para que los jóvenes encuentren el éxito y el reconocimiento profesional, los cuales necesitan ser entendidos y valorados por padres, profesores y sociedad en general. Entre ellos, el del joven que quiere emprender su propio negocio.

Es importante que la sociedad entienda, en un primer tiempo, y promueva, en un segundo, que trabajar para otros y tener la certeza de un salario no es necesariamente la mejor vía de desarrollo para un joven con aspiraciones.

México -que en 2011 alcanzó su máximo histórico de población joven en la era moderna- requiere urgentemente de  jóvenes que asuman el rol de generadores de empleo y detonadores de desarrollo; jóvenes que valoren lo privilegiados que han sido al poder asistir a la universidad, entendiendo la responsabilidad que tienen de crear empleo y bienestar, a través de su visión, esfuerzo y liderazgo, para quienes no han sido tan afortunados como ellos.

Afortunadamente, esta conciencia ya existe entre autoridades académicas y profesores universitarios, quienes son los  primeros agentes de cambio en el proceso de empoderar a los jóvenes como motor del desarrollo económico.

Eventos como el Día del Emprendedor que organiza por cuarto año consecutivo la Fundación Educación Superior-Empresa (FESE) con el apoyo de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) y el XII Concurso del Universitario Emprendedor organizado por el Departamento de Fomento Empresarial de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), entre muchos otros, son hoy más que nunca herramientas vitales para capacitar y empoderar a los jóvenes universitarios de todo el país, motivándolos a entender su dimensión social y asumirse como detonadores de desarrollo económico.

A mi parecer, el siguiente paso es integrar a los padres de familia que tienen hijos en la educación media superior y superior a este tipo de eventos, amén de crear foros especializados para ellos. En estos espacios se debe crear conciencia al respecto de que, dado el desgaste que presenta el sistema económico internacional, ya no hay suficientes plazas laborales para que todos los egresados universitarios pasen a ser empleados; por eso, es necesario que sean ellos quienes abran las empresas para generar nuevos empleos.

México sigue siendo un país lleno de oportunidades de negocio de todo tipo, donde crecer y progresar, empresarialmente hablando, es más que posible. No obstante, es esencial reafirmar en círculos sociales y familiares que el sumarse a las filas de la iniciativa privada saliendo de la universidad no es la única vía de ascenso válida y reconocible para los jóvenes mexicanos.

Arriesgarse a no tener la seguridad de un salario fijo es un reto al que todo joven puede hacerle frente,  más aun cuando lo hace mientras establece su empresa y persigue sus sueños.