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Ganando con los drones

Altura Films se subió a la ola de los drones para ofrecer servicios de fotografía y video aéreo. Su siguiente paso es el cine y documentales.
Ganando con los drones
Crédito: Depositphotos.com
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El anuncio de un helicóptero de juguete –que al final resultó ser un timo– fue el chispazo que detonó la idea para emprender. En aquella ocasión, Oliver Nava, Luis Lepine y Mauricio Lomelín disfrutaban de un paseo dominical en bicicleta de montaña cuando vieron dicha publicidad en el área del Ajusco, en la Ciudad de México.

El rótulo aseguraba que ese pequeño aparato de control remoto traía integrada una cámara que era capaz de grabar imágenes de alta resolución, pero ya en la práctica, “la maniobrabilidad era nula y la imagen pésima”, cuentan.

Así, los tres amigos crearan su propio “juguete volador”. La tarea no fue fácil, y montar su primer robot a control remoto les costó medio año de investigación, pruebas y aprendizaje.

Para desarrollar esta primera etapa del proyecto invirtieron $350,000, los cuales reunieron con ahorros personales y préstamos de amigos y familiares que confiaron en ellos. El trabajo consistió en adaptar equipo de video y fotografía a drones (vehículos aéreos no tripulados) importados de Japón y Alemania, para luego ofrecer un servicio integral.

Cuando Oliver, Luis y Mauricio decidieron asociarse, tenían claro que su negocio giraría en torno a espacios abiertos, pues si algo une a estos tres empresarios es su fobia al yugo de una oficina y a las órdenes de un jefe. Luis, con carrera de diseñador, tuvo una consultoría y una empresa de rafting en Veracruz; Oliver se dedicó muchos años al alquiler de juegos infantiles; en tanto Mauricio, mercadólogo de profesión, sería el encargado de trazar la estrategia de la empresa.

Debido a su elevado costo, “la fotografía y el video aéreo siempre han sido muy elitistas, por ejemplo, grandes productoras de cine, video o comerciales”, dicen los
emprendedores. Por lo que en la mayoría de los casos, quien deseaba realizar este tipo de tomas debía alquilar un helicóptero, “cuyo costo es de unos $32,000 la hora más el sueldo del camarógrafo que vuela en la aeronave”, agregan.

Frente a este panorama, a finales de 2012 nació Altura Films, una startup de drones amigables que hace asequible a particulares y Pymes imágenes aéreas de calidad profesional. De este manera, ofrecen el mismo trabajo por $3,000 o $4,000, dependiendo del lugar y las condiciones climatológicas. Los tres socios tienen la capacidad y el conocimiento para volar el dron. Además, reconocen que su mayor fortaleza es el trabajo en equipo: “mientras uno hace de piloto, los otros dos miran con catalejos que el vuelo sea acertado y advierten de cualquier obstáculo en el aire”, explican.

Su mercado abarca inmobiliarias, la industria minera, campos de agricultura, hoteles, organizadores de eventos deportivos y pequeñas productoras de cine y TV, los cuales fueron identificados mediante búsquedas en directorios, Internet y redes sociales, así como a través de acercamientos personales a cargo de Mauricio. De hecho, para el primer contacto con clientes potenciales realizaron un video aéreo musicalizado de lugares emblemáticos del DF, como Paseo de la Reforma (en el Ángel de la Independencia) y Chapultepec.

Próximos destinos

En lo que se refiere a sus primeros trabajos profesionales, los socios recuerdan con ilusión la grabación de la Carrera del Color en Guadalajara, Jalisco; el triatlón de San Gil, en Querétaro; y un video musical filmado en la carretera México-Teotihuacán.

Actualmente cuentan con cuatro drones de diversos tamaños y capacidad de carga con los que han realizado una veintena de proyectos. Y para aumentar su cartera, los emprendedores determinaron dar a conocer sus servicios enviando su demo a una lista de potenciales clientes. “La realidad es que un contacto te lleva a otro”, sostiene Mauricio. “Gracias a que nuestros clientes han quedado muy satisfechos, ellos mismos nos recomiendan”.

Entre sus planes destaca el montar una gran cámara de cine 100% profesional a un dron y, de este modo, poder participar en proyectos cinematográficos. Mientras tanto, ya hicieron un trabajo para un documental que aborda el tema del movimiento estudiantil de 1968. Paralelamente están lanzando una campaña viral en redes sociales que consta de videos musicalizados –con duración de un minuto– acerca de sus trabajos, cuyo objetivo es captar más clientes.