Finanzas

México puede crecer: emprendedores son clave

La esperanza de un país mejor está puesta en los empresarios que se adaptan a los cambios y están listos para el reto.
México puede crecer: emprendedores son clave
Crédito: Depositphotos.com
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La promesa de crecimiento en México aún es factible y tiene bases para lograrlo desde el corazón mismo de su economía: las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPymes). En las perspectivas de la Encuesta sobre las Expectativas Enero 2014 que elabora el Banco Mundial, la proporción de analistas internacionales entrevistados que considera que es un buen momento para invertir en el país aumentó.

Casa de Bolsa BBVA Bancomer dice en su reporte Situación México que incrementará la participación de la bolsa en el país gracias a la salud y enfoques del desarrollo económico de la mano del sector empresarial. Y observadores de medios internacionales como The Wall Street Journal aseguran que México, junto con Perú, Chile y Colombia, podrían crecer por arriba del 4.25% este año, gracias a la Alianza del Pacífico, que hoy representa la octava economía del mundo.

Algunos expertos consultados coinciden en que las políticas económicas impulsadas por la actual administración federal, entre las que sobresalen reformas estructurales (laboral, fiscal, educativa, competencia económica, industria energética y de telecomunicaciones) y planes específicos para apoyar a emprendedores y MiPymes –como el Fondo Nacional Emprendedor– podrían crear un panorama prometedor, aunque éste se enfrenta a un reto: que cada iniciativa repercuta a favor de todos los estratos empresariales. Porque a pesar de los esfuerzos, las cifras recientes no invitan al optimismo.

En 2013, el Producto Interno Bruto (PIB) de la economía mexicana sólo creció 1.1%, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Antes de que esta institución divulgara este dato (última semana de febrero de 2014), el gobierno federal calculaba que el rubro se ubicaría en 1.3%.

Además de representar el peor desempeño anual desde el lapso 2008-2009, la cifra reportada por el Inegi confirma una triste tendencia a la baja: según cifras de la misma fuente, el PIB de la economía mexicana creció 5.1% en 2010, bajó a 4.0% en 2011, y cayó a 3.9% en 2012.

Este año anuncia un número más alentador, aunque la mejoría estará impulsada por factores coyunturales –como fortalecimiento del mercado estadounidense y ejecución de gasto público que impulsará la inversión privada– y no por una sólida estrategia de estímulo económico.

Además, “en el mejor de los casos, la economía mexicana sólo recuperará su tasa de crecimiento histórica, es decir, incrementos de 2.5% o 3% con mucha suerte”, dice Luis Foncerrada, director general del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (Ceesp). Y esos niveles de crecimiento, sugiere el entrevistado, sólo fortalecen tendencias nocivas: baja creación de empleos e incremento de empresas –de todos los tamaños– con limitada productividad y raquítica generación de riqueza.

Según Foncerrada, las iniciativas gubernamentales no solucionan las principales deficiencias de la economía mexicana, y por lo tanto, su capacidad para generar crecimiento será muy limitada. “El ambiente de negocios no mejora realmente: la reforma fiscal no fue la adecuada; el marco regulatorio no se ha simplificado; y sobre todo, no hay estado de derecho ni certeza jurídica que alienten y protejan la inversión privada”, sentencia.

Así, si las previsiones de analistas se cumplen, la economía mexicana crecerá en el orden del 3% en 2014. Las estadísticas ganarán un poco de ímpetu, pero algunos lastres económicos seguirán intactos: a) marcos fiscales y de competencia económica que son complejos e inhiben la inversión y la creación de empleos; y b) corrupción y prácticas comerciales ilegales –a las que emprendedores y MiPymes son más vulnerables ya que, a diferencia de las grandes corporaciones, no cuentan con medios suficientes para defenderse jurídicamente–.

Futuro emprendedor

¿Dónde encontrar confianza e inspiración ante este panorama? En un ambiente que parece poco propicio para el desarrollo integral y sostenible, los mejores atributos del espíritu emprendedor, entre ellos su hambre de conocimiento, se convierten en recursos muy valiosos. Dos cualidades destacan:

1. Flexibilidad en la gestión empresarial. Hace falta rapidez para adaptarse a las condiciones del mercado y visión para explorar una nueva oportunidad de negocio. Sin embargo, dichas habilidades, dada la complejidad del momento, exigen “un compromiso con la información y la capacitación. A pesar de las presiones cotidianas –nómina, impuestos, pagos–, MiPymes y emprendedores necesitan estar bien informados.

Deben entender perfectamente las señales del entorno; capacitarse para enfrentar riesgos, ser innovadores y aprovechar oportunidades reales”, dice Oliver Ambía, director de la licenciatura en Administración Financiera del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (Itesm), campus Santa Fe.

2. Ganas por comprender el ecosistema económico (asumiendo incluso las fallas como áreas de oportunidad). De este modo, emprendedores y MiPymes obtienen una nueva visión de la realidad sin ser complacientes o resignados, y sin descartar oportunidades de crecimiento. Por ejemplo, las reformas energética y de telecomunicaciones –que parecen diseñadas para favorecer a grandes consorcios– podrían beneficiar a MiPymes que crean contenidos (televisión, plataformas digitales, marketing social), que brindan bienes y servicios para la industria petrolera, o que fabrican distintos insumos industriales y operativos.

“Muchas compañías trabajarán con sus proveedores acostumbrados, pero también desarrollarán cadenas de valor locales; y ahí existe una buena oportunidad para MiPymes”, dice José Antonio Quesada, líder de Clientes y Mercados en PwC México.

Además, la solvencia macroeconómica es una prueba de las condiciones positivas que tiene la economía mexicana, explica Michael Steidl, coordinador de Acceso al Financiamiento del International Finance Corporation México y Centroamérica (IFC) –subsidiaria del Banco Mundial que promueve el desarrollo del sector privado en economías emergentes, a través de distintos modelos de financiamiento–.

La estabilidad en varios factores, como el precio de la divisa, favorece la operación de las compañías del país. El caso contrario, señala el experto, se puede ver en Venezuela o Argentina, en donde la falta de estabilidad macroeconómica está dañando la actividad empresarial.

Otro caso más que destaca Steidl es el surgimiento de nuevas modalidades de atención financiera y bancaria, que “aprovechando nuevas tecnologías (como la telefonía móvil) llevan servicios financieros a lugares donde antes no estaban disponibles, y lo hacen con un bajo costo por transacción”, señala Steidl. Estas soluciones ya atienden una problemática grave del sector emprendedor y MiPyme: la falta de fuentes de financiamiento y de métodos de pago más ágiles.

Madurar en conjunto

En el corto plazo, la economía de México necesita para progresar –integralmente y fijando las bases de un éxito permanente– algo más que adaptarse a las condiciones del ambiente de negocios a nivel local e internacional.

Por ejemplo, también hay que aprovechar el advenimiento de nuevas formas de hacer negocios acorde con las tendencias creativas e industriales de la última década.

Los voceros consultados de Ceesp, IFC, Itesm y PwC dan algunas recomendaciones de lo que hoy deben de buscar emprendedores y pequeños y medianos empresarios en busca de “colarse” a esta nueva etapa:

Calidad. En una economía donde será más difícil cerrar ventas, consumidores y socios no serán tolerantes con lo “chafa”: exigirán innovación y la máxima calidad en productos y procesos. Sin calidad en bienes y servicios, un entorno complicado resulta letal. Si la MiPyme no logra los estándares deseados –en mercancías, producción o gestión empresarial–, la capacitación y la asesoría especializada son prioritarias.

Mentalidad colectiva. “Primero gano yo” es una actitud del pasado. Emprendedores y MiPymes deben fomentar las alianzas y  fomentar la creación de cadenas de valor. Por ejemplo: MiPymes del mismo rubro que, asociadas para cubrir todo el territorio nacional, atienden a la misma gran corporación. O bien, productores de bienes que se alían con MiPymes transportistas, proveedoras de soporte técnico o de servicios de capacitación.

Compartir la responsabilidad. El sector debe aprovechar las asociaciones y cámaras industriales existentes o crear las que hagan falta. A través de ellas, se podrán manifestar necesidades, quejas e ideas. Los planes gubernamentales que destinan recursos a actividades de bajo impacto económico no cambiarán por sí solos; para dirigirlos hacia las verdaderas opciones de crecimiento, la crítica y la propuesta empresarial son indispensables.

Empezar en casa. La mejora del ambiente de negocios mexicano puede iniciar desde la pequeña escala: emprendedores y MiPymes que crean empleos bien pagados y formalmente establecidos; que actúan con responsabilidad social y ambiental; que no se adhieren al principio de “cuotas y cuates”. En resumen: que buscan dar buena vida al alma de las empresas, que son los propios trabajadores.