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Haz la lucha: El fracaso no es pretexto

Luego de varios proyectos que fracasaron, estos emprendedores descubrieron que fallar no impide que alcances el éxito.
Haz la lucha: El fracaso no es pretexto
Crédito: Depositphotos.com
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Después de tres años de no haberse visto, Alejandro Cortés, gerente administrativo de Energías Renovables del Sureste y socio de la startup Medicatrix, coincidió con Carlos Navarro, emprendedor serial y fundador de Haz la Lucha.

El encuentro tuvo lugar en 2012 durante un taller de educación financiera al que asistieron los dos para sumar habilidades a sus proyectos. Mientras se ponían al día, los amigos descubrieron que andaban por caminos similares. “Convenimos en muchos puntos sobre emprendedurismo. Así que invité a Alex a que se subiera al ring de Haz la Lucha”, narra el fundador de la marca, que ha pasado de ser un programa de televisión, a empresa de capacitación y consultoría.

El problema que detectaron ambos fue que en el país hay una enorme falta de empleo y pocas oportunidades de alcanzar la independencia económica. Laura Rodríguez en su estudio “Empleabilidad y dinámica del empleo juvenil: El caso de México”, incluido en el Índice Nacional de Participación Juvenil 2013, lo corrobora y explica que “el desempleo ha afectado históricamente en mayor medida a los jóvenes, ya que las tasas de desempleo abierto de estos duplican y hasta triplican las de los adultos”.

A esto se suma que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) destaca que al cierre de 2013 más de 1.3 millones de mexicanos de entre 14 y 29 años carecían de trabajo, lo que representa el 52.5% del total de desempleados en el país.

La solución que propone Haz la Lucha: “un movimiento emprendedor diseñado como plataforma para que los jóvenes universitarios transformen sus ideas en modelos de negocios exitosos”, explica Carlos.

El hábito de crear valor 

El propósito que Carlos se impuso desde que ingresó al Instituto Tecnológico de Mérida fue hacer de este mundo un lugar mejor. De ahí que tras una serie de prácticas en gestión de recursos, decidió iniciar su propio negocio. El resultado fue la empresa N10 Servicios Empresariales. Lamentablemente su dirección no resultó y tuvo que buscar empleo.

Pero Carlos no se dio por vencido. Pronto encontró la opción ad hoc con sus aspiraciones: una vacante de asesor de servicio en Toyota. Ahí tuvo la oportunidad de capacitarse en una metodología corporativa en materia de sistema de producción en línea, servicio al cliente y mejoramiento continuo. Tras un año como empleado retomó su negocio anterior, aunque “en esta etapa amplié los servicios a ‘generadora de negocios’; es decir, hacíamos registro de marca, identidad corporativa, plan de negocios, todo al unísono con mi empleo”, recuerda.

Y dado que siempre había tenido el gusto por viajar, se volvió a arriesgar (¿por qué no?) en otro emprendimiento: una revista de la cultura maya enfocada al turismo del sureste mexicano. A este proyecto le puso seis meses de su vida y sus ahorros. Sin embargo, durante la elaboración del plan de negocios el encanto se esfumó: salía con pérdidas si lo lanzaba sólo con su dinero y tiempo, ya que necesitaba $300,000 como mínimo para operar otros seis meses antes de que alcanzara su punto de equilibrio.

A decir de Carlos Andrés Tejada Naveros, consultor de negocios y desarrollador de una metodología propia de creación y optimización de empresas, fallar proviene fundamentalmente de la falta de práctica, lógica y conocimiento de los procesos administrativos que realmente necesita un negocio. En su experiencia, la mayor parte de las empresas no cobran conciencia de todos los frentes que deben de cubrir una vez que se inicia un negocio. Pero el fracaso, bien encauzado, opina el experto, es una herramienta de aprendizaje si se asume y el dueño se responsabiliza por los errores.

En el caso del emprendedor fue evidente que redituó. Cada paso le dio experiencia práctica en materia de negocios y le ayudó a descubrir que “si las universidades tuvieran más herramientas que fomenten la creatividad para emprender, los jóvenes comenzarían a conocer realmente el ecosistema emprendedor”, explica Carlos. Dicha premisa lo conminó a dedicarse a la capacitación empresarial, pues en 2010 existía poca oferta para la gran demanda de egresados en busca de cursos, diplomados, talleres y consultorías accesibles.

A dos de tres caídas...

Armado de valor, experiencia, traspiés aleccionadores, apoyo, socios y un esquema de trabajo claro, en septiembre del 2011 dejó su empleo e inició Haz la Lucha como un programa de televisión en Mérida, Yucatán. Su dedicación y claridad ubicó pronto al programa entre los más vistos. Aunque aquí el error fue que no buscó a un equipo de trabajo que cubriera todos los frentes, lo que le exigía dedicarse por igual a la producción, edición y ventas de espacios publicitarios.Entonces, nuevamente tuvo que reestructurarse.

Su capacitación en el Tecnológico de Monterrey como Instructor Nacional de Formador de Instructores por parte del Instituto de Capacitación y Desarrollo Político (Icadep), contar con estudios previos de comercio electrónico, y sus charlas en público –consecuencia de presidir la sociedad de alumnos–, aunada a la capacitación en ventas y servicio de Toyota, más su período de trabajo en televisión local, lo impulsaron a formar sus primeros talleres.

En año y medio de trabajo ha tenido resultados alentadores. Hoy cuenta más de 13 pláticas impartidas a más de 2,840 universitarios; ocho entrenamientos para transformar una idea en un modelo de negocios, con un impacto a más de 210 universitarios; y adicionalmente, seis eventos: conferencias y networking con presencia de más de 650 emprendedores universitarios. “¿Mi mayor aprendizaje? El éxito consiste en capacitación y práctica constante de la construcción de valor”, dice Carlos.