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Vida emprendedora: Alberto Guerra López

Descubre cómo este exfutbolista y director técnico profesional supo tomar decisiones y riesgos que lo colocaron entre los mejores.
Vida emprendedora: Alberto Guerra López
Crédito: Depositphotos.com

Alberto Guerra López, exfutbolista y director técnico profesional, habla en esta entrevista sobre sus inicios como jugador profesional y las decisiones y riesgos que ha tomado a lo largo de los años los cuales lo convirtieron en un entrenador que siempre inspira y motiva a su equipo.

Descubre lo que te gusta y dedícate a eso. Cuando debuté como futbolista profesional, el pago era mínimo. Así que el atractivo de mi carrera no era lo económico, sino más bien tener la posibilidad de estar en un vestuario lleno de figuras y en una institución (Club Guadalajara) que había conseguido muchos títulos sin perder la humildad. Te incentivaban a competir, incluso entre tus mismos compañeros para obtener un puesto. Entonces había mucha nobleza dentro de ese grupo, mucha armonía y una competencia leal.

La familia es tu principal apoyo. Mientras fui futbolista –durante 12 años– formé mi familia. Aunque el sostén era mi mujer: ella se encargó de la educación de nuestras dos primeras hijas y estuvo al pendiente de que yo creciera en mi carrera como futbolista y luego como entrenador. Mucha gente dice: “ofrece tiempo de calidad a tu familia”. Pero yo digo ¡cuernos!, la familia tiene un valor y va primero que tu actividad profesional. Hasta la fecha, mi mujer me aconseja dejar la valija afuera de la casa junto con mis preocupaciones, aunque no siempre logro hacerle caso.

Vivimos a base de caernos y levantarnos. No importa a qué te dediques. Pero hasta que caes te das cuenta de que te equivocaste en algo. Y el futbol te da la oportunidad de rehacerte inmediatamente; tienes aciertos y tienes fallas. Puedes dejar que las fallas tengan consecuencias o puedes ponerles remedio. Incluso, un compañero puede remediar tu falla. Entonces, hay una empatía entre virtudes y defectos (de un equipo) que generan una armonía conjunta y esto hace que consigas el éxito (o el triunfo en el futbol).

No creo en la perfección. Ni que alguien sea perfecto. Pero sí creo que puedes hacer las cosas perfectamente bien. Una vez mi hija Ely hizo un par de conciertos (voz y piano); grandiosos, espectaculares, increíbles. Aunque eso no fue obra de la casualidad. Ella invirtió casi todo su tiempo durante seis meses para que esto fuera posible. Al final, los espectadores conseguimos ver cómo su performance se acercó a la perfección.

He tomado muchas malas decisiones. También me he arrepentido de muchas cosas. Algunas de ellas he tenido la oportunidad de corregirlas, y otras no. Creo que hay muy buenas decisiones que tomas cuando estás solo. En el futbol, por ejemplo, dices: “entrené duro toda la semana”, pero al final hay un pequeño detalle que te hace modificar aquello que entrenaste precisamente durante toda la semana, pero que le agrega un plus de calidad a tu plan original. La decisión es tuya: correr el riesgo o irte por el mismo camino. Muchas veces corrí ese riesgo; muchas veces salió bien, y muchas veces salió mal.

Todos los seres humanos tenemos una historia que contar. Hay cosas buenas y malas. Casi siempre hay algo que la vida misma nos pide que lo aprovechemos o que no desperdiciemos la oportunidad de probar. Y estamos tan vigorosos y dispuestos, que vamos y atacamos con todo aunque nos vaya mal. Después los éxitos o descalabros nos hacen reflexionar. Uno se retroalimenta para seguir intentando y seguir creciendo, y así los descalabros son menos dolorosos.

Creo que en lo que me va mejor es en el futbol. Aunque he incursionado en otras cosas y ha valido la pena –en la industria de la construcción, en un restaurante– no en todo me fue bien. Creo que es bueno, conforme pasa el tiempo, pensar y hacer las cosas acudiendo a la sabiduría. Y prefiero siempre correr el riesgo, no importa que las cosas salgan mal.