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Financiamiento para emprendedores

Aunque todavía no es fácil obtener dinero para un negocio, hoy en México hay alternativas como el venture capital y el crowdfunding.
Financiamiento para emprendedores
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Las opciones para financiar desde una idea de negocios hasta el proyecto de expansión de una empresa han aumentado significativamente en los últimos años en México. Además, otra buena noticia es que se han vuelto más accesibles. Existen ya, por ejemplo, alternativas de financiamiento colectivo o crowdfunding, uno de los esquemas más novedosos en el ecosistema emprendedor.

Pero también los fondos de capital privado o venture capital (VC) han puesto la mira en quienes inician un negocio y en los dueños de pequeñas y medianas empresas de crecimiento acelerado.
Los números hablan. A diciembre de 2013, los fondos de capital emprendedor –que invierten en startups y compañías en etapa temprana– y los de capital de crecimiento o private equity –que invierten en etapas tardías–, acumulaban recursos por US$782 millones y US$7,109 millones, respectivamente.

Desde el año 2000, los fondos de capital emprendedor han hecho 107 inversiones en el país. Una de ellas fue en Procesa Chiapas, una empresa que comercializa atún procesado en empaques de plástico (conocidos como pouch, una alternativa innovadora a la tradicional lata) bajo la marca Marina Azul. El último año, la compañía recibió una inversión de Ignia, un fondo de capital emprendedor basado en Monterrey y uno de los mayores en México, por alrededor de $95 millones (a cambio de una participación minoritaria), usados en capital de trabajo y para ampliar la base de distribución, contratar personal y lanzar nuevos productos.

La empresa chiapaneca ejemplifica claramente la evolución del financiamiento en un negocio. La compañía, que se constituyó en 2003 y abrió su planta procesadora de atún en 2006, en un inicio recibió una inversión de socios capitalistas del estado. “Recién arrancamos y se fueron requiriendo más recursos para todos los proyectos que se tenían en mente y las ideas nuevas que se fueron generando”, comenta Mauricio Pariente, su director general. Así que fueron necesarias rondas adicionales de capitalización.

Luego, entre 2009 y 2011, antes de la entrada de Ignia a Procesa Chiapas, llegó el momento de recurrir a la otra alternativa que tienen los negocios para financiarse: el crédito, en este caso a través de bancos, “para luego llegar al punto del venture capital”, dice el emprendedor. Las buenas prácticas de gestión y la orientación a la eficiencia –fruto de la relación con el fondo–, han incrementado las utilidades de la empresa, que emplea a 500 personas en su procesadora de Tapachula, uno de los municipios más pobres del país. “Como van las cosas, 2014 será el mejor año de la compañía en términos de la rentabilidad”, asegura Pariente.

Las utilidades de la empresa no son lo único que crecerá este año. Los recursos totales gestionados por toda la industria de capital privado en el país podrían crecer entre 6.5 y 11% en 2014, según Antonio Ruiz Galindo, presidente de la Asociación Mexicana de Capital Privado (Amexcap). Y para 2018, los activos podrían llegar a cerca de US$45,000 millones, el doble del monto registrado en 2012.

Este desarrollo ha sido impulsado en buena medida por la entrada de los fondos de pensión (las Afores), que a partir de 2009 tuvieron la posibilidad de invertir en fondos de capital privado por medio de vehículos como los CKD (pronunciado “cecade”) o las Fibras. Los primeros se crearon precisamente para que los fondos para el retiro pudieran colocar parte de sus recursos en la industria.

En tanto las Fibras son instrumentos específicos para inversión en proyectos de bienes raíces. Las Afores hasta ahora han invertido alrededor de US$5,300 millones, apenas una quinta parte del potencial que les permite la regulación, lo que lleva a la industria a pensar que “habrá mucha más inversión en el futuro”, apunta Ruiz Galindo.

Particularmente, en lo que toca a los fondos de capital emprendedor ha habido un notable desarrollo, espoleado en parte por el Gobierno Federal. El sector ganó músculo tras el lanzamiento del Fondo de Fondos en 2006 con un capital por US$500 millones, y el proceso se aceleró en 2010 tras la creación del Fondo Capital Emprendedor con recursos por US$80 millones, y el Fondo de Capital Semilla en 2012 con US$20 millones. Hoy hay 20 fondos de este tipo en México.

“Esto está teniendo una tendencia bastante favorable gracias a que no hay más gestores para lanzar fondos al mercado, sino que tanto inversionistas institucionales –pocos, pero ya hay algunos– y sobre todo familias, han decidido invertir capital en etapas más tempranas, que representan mayores riesgos”, explica Rogelio de los Santos, director general de Alta Ventures, uno de los tres mayores fondos de VC en México por activos gestionados y también basado en Monterrey, Nuevo León.

No obstante, aún hay mucho trabajo por hacer, especialmente en lo que respecta a fondos. “La penetración del capital privado en etapa temprana, como función del Producto Interno Bruto (PIB) todavía sigue siendo muy bajo. Con respecto a países desarrollados, tenemos mucha pista por recorrer”, añade De los Santos, quien pronostica que este segmento se triplicará en los próximos tres años.

Actualmente la industria del capital emprendedor está en una etapa en la que los recursos han llegado a los fondos y estos los han colocado en decenas de empresas, conformando portafolios. El siguiente paso –y el desafío– será aumentar el valor a esas compañías para tener salidas que multipliquen el valor de esas inversiones y generen los retornos esperados.

Mucho por crecer

En lo que toca al crédito, pese a los esfuerzos por masificarlo, éste tiene aún un grado de penetración en la economía mexicana “lamentablemente bajo”, considera Oliver Ambía, director de la licenciatura en Administración Financiera del Tecnológico de Monterrey, campus Santa Fe.

En 2012 el crédito interno (incluidos préstamos y bonos) al sector privado en México fue equivalente al 27.5% de la economía, según datos del Banco Mundial. Se trata de un porcentaje bajo frente a otras naciones, tanto desarrolladas como en desarrollo: menos de la mitad que Brasil y seis veces menos que en Estados Unidos (ver cuadro comparativo, página 26). Si se considera sólo la cartera de crédito bancario a empresas, ésta representaba al cierre del año mencionado aproximadamente 7.6% del PIB. En otras palabras, el sector dedicado a prestar a los negocios mexicanos tiene aún mucho por crecer.

Uno de los temas pendientes es incrementar el acceso al financiamiento a las MiPymes. Según el Reporte de Inclusión Financiera 2013 de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), sólo el 6% de las microempresas tiene préstamos otorgados por la banca. Si bien tres de cada 10 negocios pequeños (de 11 a 50 empleados) y cuatro de cada 10 medianos (de 51 a 250 empleados) tienen acceso a estos créditos, si se considera en conjunto el universo de las MiPymes mexicanas (que suman 3.6 millones), sólo 7.5% de ellas se financia de este modo. La historia es distinta para empresas con más de 250 empleados, entre las que cinco de cada 10 tienen financiamiento bancario.

“El banco y los inversionistas deben perder el miedo”, dice Arturo Macip, cofundador del Instituto Profesional de Terapia y Humanidades (IPETH), una universidad especializada en fisioterapia, que arrancó hace ocho años con préstamos de amigos y familiares.

Pero no todo es motivo de pesimismo, de acuerdo con fuentes consultadas. En años recientes los bancos le han apostado al segmento de las Pymes porque se percataron de que es un gran negocio: sus niveles de cartera vencida son muy razonables y la rentabilidad y diversificación del riesgo muy interesantes. El año pasado y lo que va de 2014, las metas de crecimiento en colocación de créditos de la mayoría de los bancos importantes en el segmento rondaron el orden del 20 o 30 por ciento.

Un ejemplo: la cartera Pyme de Bancomer creció un 25% en 2013 y en este año presenta un incremento similar. A junio, el saldo de su cartera de crédito a estos clientes ascendió a $40,000 millones. “Tenemos crecimiento tanto en créditos, como en cartera y montos colocados superiores al 20%”, afirma Mario Marín, director de Negocios Pyme del banco, filial de BBVA, que atiende en México a medio millón de empresas y personas físicas con actividad empresarial con ventas anuales hasta por $100 millones. El banco rechaza a menos del 30% de los solicitantes de crédito principalmente por problemas en el Buró de Crédito o porque sus resultados financieros ponen en duda su capacidad de pago.

“Hoy el escenario crediticio para las Pymes es alentador porque hay mucha oferta, competencia y cada vez mejores condiciones”, opina Víctor Calderón, director general de ArCcanto, firma de asesoría financiera especializada en dicho segmento. En tanto sobre las condiciones, el directivo de Bancomer considera que los créditos caros de la banca a empresas son un mito: hoy un negocio puede financiarse con crédito bancario a una tasa a partir del 12% anual, mientras que si eligiera financiarse con una tarjeta de crédito pagaría una tasa por arriba del 30 por ciento.

Existe otra oferta –igualmente creciente– por parte de las Sofomes (Sociedades Financieras de Objeto Múltiple) especializadas en Pymes, que atienden a empresas que los bancos no, asumiendo mayor riesgo pero también cobrando tasas más altas. Además, cabe esperar más y mejor crédito como consecuencia de la reforma financiera, pues ésta permite una recuperación más rápida de activos en garantía y propiciará una mayor competencia entre fuentes de fondeo.

El futuro de los préstamos

Por otro lado, la tendencia de los préstamos on line está ganando impulso. Actualmente hay sólo un puñado de startups especializadas en préstamos vía Internet que operan sin sucursales, algunas dirigidas al consumo y otras con oferta a micro y pequeñas empresas. Aunque algunas fuentes son cautelosas al pronosticar el impacto de este modelo, Vicente Fenoll, fundador de Kubo Financiero, plataforma pionera en este tipo de préstamos orientada a micro y pequeños negocios, está convencido de que “en México habrá una revolución del crédito en línea”, que se monta en los cambios de hábitos de los mexicanos para hacer transacciones y en el uso creciente de las redes sociales.

“Mi sensación es que la velocidad de la adopción de las transacciones por medios digitales en México será más rápida de lo que esperamos”, advierte Vicente. En sintonía con esta tendencia, Marín, de Bancomer, considera que la unidad del banco que encabeza “probablemente muy pronto pueda dar a sus clientes este esquema, aunque sólo a personas físicas con actividad empresarial”. Para ellos habrá que asegurarse de que las leyes garanticen certidumbre a la institución sobre esos abonos electrónicos, a la hora de recuperarlos.

Hoy, las plataformas on line prestan entre $2,000 y $150,000, según el mercado al que atienden. Sin embargo, no es descabellado pensar en montos por hasta $250,000, según Fenoll. Y si bien a mayor monto del préstamo se requerirán procesos de verificación diferentes, habrá un porcentaje importante de MiPymes que por medio de la tecnología tendrá un servicio más conveniente y mejores préstamos.

Las grandes ligas

En etapas de consolidación, cuando el negocio ha madurado y las necesidades de capital son mayores, la opción es recurrir a fondos de capital privado, mismos que recaudan cientos de millones de dólares entre inversionistas y luego los invierten en negocios con potencial de generar altos retornos, cuando venden su parte. En el proceso profesionalizan la organización, establecen indicadores de gestión y orientan la administración hacia la eficiencia. En México, estos fondos han estado involucrados en la salida a la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) de 11 empresas entre 2004 y 2013. Esto es una cuarta parte de las firmas que salieron a Bolsa en dicho periodo.

Estos fondos normalmente buscan participación mayoritaria o incluso comprar una compañía en su totalidad. Un ejemplo de ello es la cadena de restaurantes La Mansión, que pasó de ser gestionada durante décadas por dos generaciones de la familia fundadora a formar parte de un conglomerado multinacional que hoy opera más de una docena de marcas y que en 2011 salió a Bolsa en Brasil, recaudando US$249 millones.

En 2006, Advent –probablemente el mayor fondo de capital de crecimiento por activos bajo administración en México–, compró el 100% del grupo, que entonces tenía media docena de unidades propias y nueve franquicias. El fondo nombró como director general a Javier Gavilán, experimentado directivo del sector restaurantero.

Dicha adquisición fue la base sobre la que se construyó International Meal Company o IMC –de la que Advent se mantiene como socio mayoritario con aproximadamente 30% del capital–, firma que hoy tiene restaurantes en seis países de Latinoamérica y opera además las marcas mexicanas Casa Ávila, Bistrot Mosaico y Champs Elisées. Hoy, su subsidiaria Grupo La Mansión es el tercer operador de restaurantes en México, con 80 unidades y 1,900 empleos directos.

Una de las características de administradores de fondos como Advent es que juegan un papel limitado en la operación del negocio. Esto quiere decir que, aunque compren una empresa, en general no pretenden saber manejarla.

Así, estos inversionistas prefieren consolidar un grupo de directivos especializados y con experiencia en el segmento y se apoyan en esa gestión para obtener mejor rentabilidad. Una diferencia notable frente a otros esquemas en los que el socio capitalista interviene y toma decisiones en un sector que probablemente no conoce.