Franquicias

12 claves del contrato de franquicia

Este documento es una pieza fundamental para que un franquiciante y sus franquiciatarios puedan iniciar una relación de largo plazo.
12 claves del contrato de franquicia
Crédito: Depositphotos.com
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Siempre recordaré con sentimientos encontrados las caras del director general de una empresa franquiciante y de su primer franquiciatario en el momento en que firmaban su contrato de franquicia. Era a principios de los años 90 y la verdad no se quién estaba más asustado. Aunque ambos tenían claro que se comprometían en una empresa casi desconocida, suponían que el contrato estaba bien hecho y que les permitiría mantener una relación segura y fructífera.

La realidad es que, en la mayoría de los casos, cuando un franquiciante y un franquiciatario firman un contrato de franquicia ninguno de los dos es abogado. Y si bien es cierto que confían en la capacidad del abogado de la franquicia, quien redactó el contrato, muchas veces se enfrentan a lo desconocido.

Hagamos un poco de historia. Cuando me preguntan por qué la franquicia se desarrolló tan tardíamente en México, mi respuesta es muy sencilla: porque no existía un marco jurídico que otorgara seguridad y certeza jurídica a franquiciantes y franquiciatarios.

Y no sólo eso. En materia legislativa, la Ley de Transferencia de Tecnología prácticamente impedía que la franquicia existiera en México. Imaginemos si era posible pensar en este modelo de negocios cuando, de acuerdo con la ley, una vez que concluía un contrato de transferencia de tecnología los conocimientos transmitidos pasaban a ser propiedad del adquirente. Y cuando era el Gobierno el que –después de un análisis económico, técnico y legal– decidía si un contrato de licencia de uso de marca o de transferencia de conocimientos debía suscribirse o no.

Además, teníamos una de las leyes marcarias más atrasadas del mundo, lo que había permitido que la piratería de marcas fuera prácticamente “deporte nacional”.

Certeza y seguridad

Sin embargo, todo o casi todo cambió en 1991 tras las primeras pláticas dirigidas a la celebración del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que obligaron a México a modificar a fondo su legislación en materia de propiedad intelectual. Fue entonces que la Ley de Propiedad Industrial reguló a la franquicia de una manera clara y sólida. Las relaciones entre franquiciante y franquiciatario se dieron entonces en un ámbito de mayor certeza y seguridad. Si bien es cierto que en ocasiones aún se presentan controversias entre franquiciantes y franquiciatarios, éstas son mínimas.

Indiscutiblemente una de las razones por las que hoy son muy pocas las disputas entre franquiciantes y franquiciatarios (que se dirimen en tribunales o en el arbitraje) es que en la elaboración del contrato se trata de ser lo más claro y extenso posible a fin de establecer la forma de prever los conflictos que pudieran presentarse. Así, no obstante que la Ley de la Propiedad Industrial regula a la franquicia, el contrato que celebran franquiciante y franquiciatario es la máxima norma que regirá la relación entre ambos.

En primer lugar, un contrato de franquicia debe ser justo y equitativo. Si partimos de que la idea de una franquicia es que sea un negocio ganar-ganar, franquiciante y franquiciatario serán prácticamente “socios”. Por lo que el contrato, además de proteger la marca y conocimientos del franquiciante, debe velar por los intereses de las dos partes.

El contrato debe ser estricto, pues la franquicia es un negocio de estándares que busca la uniformidad en la operación de todas unidades. Por lo tanto, no puede permitir que en su red existan diferencias en imagen, operación y servicio.

La uniformidad es otra característica fundamental de este documento. Esto significa que todos los contratos que firme un franquiciante con su red de franquiciatarios deben ser iguales, aceptándose desde luego que periódicamente puedan revisarse y, de ser el caso, modificarse.

Un buen contrato de franquicia debe contener además, y con el mayor detalle posible, los derechos y obligaciones tanto del franquiciante como del franquiciatario. También deberá prever los posibles conflictos entre las partes y establecer la forma en que han de resolverse.

Puntos medulares

Resultaría muy difícil decir cuáles son los puntos esenciales en un contrato de franquicia. He tratado, no obstante, de señalar aquellos a los que franquiciantes y franquiciatarios deben prestar especial atención.

1. Titularidad de la marca. El franquiciatario debe confirmar que el franquiciante es titular de los derechos de explotación de una marca y que, por lo tanto, puede otorgar franquicias legítimamente.

2. Cuota inicial y contraprestaciones periódicas (regalías). Debe establecerse con la mayor claridad posible cuándo se pagan, cómo se pagan y cuáles son las consecuencias de no cumplir con estas obligaciones.

3. Asistencia técnica. Deberán definirse con la mayor claridad posible las distintas formas de asistencia técnica que el franquiciante le va a proporcionar al franquiciatario.

4. Obligaciones del franquiciante y franquiciatario. Un buen contrato de franquicia debe definir a detalle las obligaciones de ambas partes, estableciendo las consecuencias de su incumplimiento.

5. Territorio. Deberá establecerse de la manera más clara y precisa posible el área geográfica que el franquiciante está otorgando al franquiciatario para su explotación exclusiva.

6. Vigencia. Un contrato de franquicia no puede ser indefinido, sino que se debe indicar su duración, si es posible que se renueve y desde luego, las condiciones de renovación.

7. Terminación y rescisión. Es importante que el franquiciatario conozca las causales por las que el contrato puede darse por terminado o bien rescindirse, así como los efectos de esta medida.

8. Estándares de calidad. Resultan vitales las cláusulas dedicadas a mantener la misma calidad en todas las unidades de una red de franquicias, lo que implica dejar muy claro quiénes deben ser los proveedores, cuál es el proceso de autorización de éstos, la forma de uniformar la imagen y el servicio, etc.

9. Penas convencionales. Si el franquiciatario o el franquiciante incumplen con el contrato, para evitar recurrir a instancias judiciales resulta muy conveniente establecer por anticipado y de común acuerdo las penas convencionales en que cualquiera de las partes pueda incurrir.

10. Capacitación. El contrato deberá contener a detalle la forma y las circunstancias en que el franquiciante deberá impartir la capacitación, un factor indispensable para poder replicar un negocio bajo el modelo de franquicia.

11. Manuales. Constituyen la compilación de conocimientos que el  franquiciante transmite al franquiciatario y es importante que se describan en el contrato. Normalmente un manual se entrega al franquiciatario en comodato o depósito, y también es común que se establezca que los manuales formen parte íntegramente del contrato.

12. Resolución de controversias. Resulta clave definir quién resolverá las diferencias entre franquiciante y franquiciatario. Desde luego estarán siempre los tribunales competentes, aunque son muchos los franquiciantes que establecen en sus contratos el arbitraje y previamente la mediación.

Por último, quisiera mencionar que el contrato de franquicia es prácticamente un contrato de adhesión, ya que el franquiciatario tiene muy poco margen o casi siempre un casi nulo margen de negociación. Sin embrago, sí puede pedirle al franquiciante que le aclare, le detalle o le explique los puntos sobre los que tenga alguna duda. E incluso puede pedir que esta aclaración conste por escrito.

Otro punto importante a señalar es que el contrato de franquicia es un traje a la medida para cada negocio. Por lo tanto, los formatos o machotes no son válidos y copiar un contrato o elaborar uno si no se tienen los conocimientos necesarios resulta peligroso. Cada contrato responde a las características y hasta a la filosofía, visión, misión y valores de cada empresa.

Con el tiempo, la franquicia se ha definido ampliamente en la comunidad empresarial. Hoy, franquiciantes y franquiciatarios saben mucho más acerca de esta figura, lo que permite que en las firmas de contratos de franquicia que se dan ahora ya no veamos más esas caras de pánico o de miedo a lo desconocido. Por el contrario, podemos ver a franquiciantes y a franquiciatarios suscribiendo un instrumento con la certeza de que ese documento permitirá a ambos hacer un buen negocio, que a final de cuentas es lo busca una franquicia.