Franquicias

Mujeres y franquicias: Amas de marca

Conoce el caso de estas tres empresarias que, con determinación y paciencia, hicieron realidad su sueño de tener un negocio.
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La mujer sigue ganando posiciones dentro del ecosistema emprendedor. Datos del Ipade señalan que tres de cada cinco microempresas que existen en el país son lideradas por el sexo femenino. En el ámbito de las franquicias no es la excepción. La Asociación Mexicana de Franquicias (AMF) calcula que una tercera parte de las franquicias que operan en México están en manos de mujeres.

Gilda Herrero, vicepresidenta de la AMF, señala que este modelo de negocios es propicio para el desarrollo de la mujer, quien por naturaleza es estructurada y tiende a seguir lineamientos. Asimismo, “es disciplinada y tiene una mentalidad abierta para adoptar procesos establecidos”, sostiene la también cofundadora y directora general de Impuestum Contadores, franquicia de servicios de contabilidad.

Esas son cualidades que se requieren para operar correctamente una franquicia, donde no hay necesidad de inventar el hilo negro, sino de ceñirse a modelos establecidos que previamente han probado su efectividad. Lo mejor, dice la directiva, es que en la actualidad existe una amplia variedad de giros y conceptos en los que la mujer puede desempeñarse con mayor facilidad.

Tal es el caso de los centros de belleza, restaurantes, cafeterías y conceptos relativos a la salud, que son comúnmente eficientes al ser dirigidos por mujeres. El directorio de Entrepreneur contabiliza 70 marcas dentro del giro del cuidado personal, y 61 en el segmento de salud y bienestar, donde las mujeres son mayoría.

La AMF señala que la mujer invierte entre $100,000 y $500,000 en este modelo de negocios, que además de representar una oportunidad para expandir sus posibilidades económicas, es una alternativa para compaginar sus actividades familiares. Se calcula que el 90% de las emprendedoras al frente de las franquicias tienen hijos.  

Ilana Klein Marcuschamer es un ejemplo. Hace un año adquirió una unidad de la franquicia Todo para sus pies, con la que dice, puede atender su prioridad, que es su hijo, y tener un negocio. Sin embargo, advierte, “como en todo, manejar una franquicia tiene su parte difícil. Debes hacer números y manejar al personal. Todo depende de ti: los pagos y los gastos, pero al final, todo este esfuerzo es gratificante”.

Unir fuerzas

Existen en México al menos 600 marcas manejadas por mujeres como Ilana según la AMF. “La mesa está puesta ante la gama de oportunidades que hay hoy. El reto es que ellas se animen a dar el salto y a invertir en un negocio propio. Deben creérsela y tener el valor de ponerse a trabajar duro”, dice Gilda Herrero.

Pero ser una minoría en el sector no es una situación exclusiva de México. En Estados Unidos, donde la industria es más madura, las unidades en manos de mujeres representaban tan sólo el 21% en 2007, señala el reporte de Minorías y Géneros de la Asociación Internacional de Franquicias (IFA por sus siglas en inglés de International Franchise Association) del 2011.

Aunque el número de franquicias adquiridas en ese país por mujeres tuvo una disminución del 18% entre el 2002 y el 2007, el estudio señala que presentó un incremento del 43% en el mismo periodo, para situarse en el 24%, cuando más mujeres adquirieron franquicias, pero con la participación de un hombre.

En México existen cada día más emprendedoras que deciden hacer equipo con los hombres para crear conceptos novedosos y generar más oportunidades dirigidas a las mujeres. Myriam y Christophe Belloncle son una de esas parejas. Ellos ofrecen la aplicación de extensiones de pestañas con apariencia natural y tratamientos capilares bajo la marca Evercil.

El negocio nació en 2008 y a finales de 2014 sumaba 29 unidades. Un total de 28 comercializadas bajo el modelo de franquicia y una propia. Myriam, odontóloga de profesión, recuerda que la idea surgió hace 15 años durante una feria de belleza en París, donde vivía. Ahí conoció a estilistas coreanos que aplicaban pestañas postizas y que impartían clases sólo a esteticistas y odontólogos, lo que la cautivó.

Myriam había tenido que cambiar constantemente de residencia a causa del trabajo de su esposo y decidió no volver a montar un consultorio dental hasta no tener una morada permanente. Aunque el curso no fue el mejor, fue el detonante para que decidiera incursionar en el negocio del cuidado personal. “Estaba aferrada a que sí se podía lograr un efecto de pestañas naturales y empecé a practicar utilizando mis herramientas de dentista (pinzas y pegamento) y poniéndolas a mis amigas”, recuerda.

La emprendedora se mudó a Los Angeles donde siguió mejorando la técnica y los materiales de las extensiones. Incluso llegó a colocarle pestañas a celebridades y a integrantes del Cirque Du Soleil. Pero el trabajo de Christophe los obligó a mudarse a México.

Fue cuando su esposo le sugirió convertir su pasión en un negocio. Así abrió la primera sucursal de Evercil en Monterrey. Los clientes no dejaban de llegar y fue tal la aceptación que a los tres meses decidieron abrir su segunda unidad. En menos de un año ya tenían tres locales en la sultana del norte.

Ante la demanda de más sucursales y el incremento en la inseguridad, el matrimonio decidió mudarse a la Ciudad de México donde determinaron crecer bajo el modelo de franquicia. “Nos dimos cuenta que a la mujer le cuesta un poco más trabajo que al hombre encontrar un trabajo bien remunerado y quisimos brindarles la opción”, dice Myriam. Quienes comenzaron a adquirir franquicias de Evercil eran mujeres divorciadas con un nivel de vida alto y con hijos de entre cinco y 10 años, dice la emprendedora.

“Estaban felices porque les permitía mantener su estilo de vida y atender a su familia. Hoy con el negocio se benefician 125 familias donde la mujer es la cabeza de la casa”, añade. El 70% de los casos son mujeres divorciadas que dan trabajo a entre cuatro y siete empleadas, quienes a su vez son en su mayoría madres solteras. Myriam considera que el gran reto en México sigue siendo el acceso al financiamiento para la mujer.

Picar piedra

Precisamente, el poco acceso al financiamiento fue uno de los obstáculos que enfrentó Teresa Castell, creadora de los salones de fiestas infantiles Sipirily. Cuenta que conoció el concepto durante un viaje a Estados Unidos y le gustó la idea de que en una fiesta infantil los papás pudieran subir a los juegos y realizar su festejo en un lugar totalmente privado.

Fue hace 12 años, al buscar un sitio para festejar a sus hijas, cuando se percató de que en el país no existía algo similar y se propuso crearlo. “No había créditos para empezar un negocio así que convencí a mi esposo y empezamos con un financiamiento para un terreno que estaba en la colonia Moctezuma, cerca del aeropuerto de la Ciudad de México”, comenta.

El lugar era totalmente fuera de lo convencional de la época. Una nave de 6m de alto y con 300m2 de ocupación, que empezó a decorar con personajes creados por Teresa y dirigidos a los niños. El lugar contaba con juegos y hasta cancha de futbol y empezó a crear expectativas entre los vecinos. Cuando se abrió de inmediato hubo lista de espera de personas que querían realizar ahí su celebración.

La empresaria quería ofrecer más opciones para las mamás que deseaban celebrar a sus hijos, pero no contaban con los recursos para lograrlo por sí mismas. Además no había quien tuviera el capital necesario ni las garantías para adquirir los terrenos y construir un negocio de esas dimensiones.

“La revista Entrepreneur fue algo decisivo en mi vida porque con ella aprendí de las franquicias y de cómo operar mejor un negocio. Si veía un congreso me inscribía”, recuerda Teresa. En una de esas convenciones conoció a Xavier López Ancona, quien había desarrollado La Ciudad de los Niños, hoy convertido en KidZania, y le planteó su problema. El emprendedor le sugirió rentar el terreno y para evitar que los sacaran del lugar cuando ya estuviera aclientado, asesorarse de un buen despacho para lograr un contrato que protegiera a las dos partes.

Así lo hizo y comenzó su expansión. Tres años después la emprendedora integró a la empresa a su cuñada, experta en cuestiones administrativas, y ante el rápido crecimiento de la empresa, a su esposo, quien cerró su despacho para encargarse de lleno de toda el área contable de la compañía.

Como uno de los obstáculos para tener más franquicias seguía siendo el tema del financiamiento, los esposos decidieron crear una financiera. Ocho de las 27 unidades con las que cuenta la marca las han financiado ellos. Tres sucursales son propias. El secreto del crecimiento, asegura Teresa, es el servicio al cliente y el hecho de que siempre se están reinventando. Para el siguiente año planean sacar una línea de juguetes de los personajes de su salón y ropa.

Aprovechar la experiencia

Teresa, quien también preside la Asociación Mexicana de Mujeres Empresarias capítulo Estado de México, zona Poniente, considera que uno de los retos en el país en materia de género sigue siendo que a la mujer se le reconozca el papel preponderante que juega en la economía, no sólo como operadora de sus negocios, sino como dueñas de los mismos.

La misma Asociación ha reconocido que aunque el 30% del total de sus marcas son dirigidas por manos femeninas, sólo el 20% las adquiere. Sin embargo, las franquicias son una alternativa real para que las mujeres sean dueñas de su propia economía.

Mary Entebi, quien había sido empleada durante toda su vida, decidió apostar por la adquisición de una franquicia de Kepacrepa para tener más recursos económicos para sostener a su familia luego de su divorcio. “Con el tropiezo se aprende y me di cuenta que en este modelo de negocio alguien más ya había probado su efectividad. El riesgo, como en todo negocio no se elimina, pero es menor y el aprendizaje es más corto”, comenta.

Por eso, sin dejar su empleo, hace dos años y medio buscó una marca que le ofreciera un buen producto y sobre todo la acompañara y le brindara todo su know how. Tras revisar tres marcas, conoció a los dueños de Kepacrepa, con quienes de inmediato hizo clic.

La marca ha tenido buena aceptación en los lugares donde la ha colocado: Pabellón del Valle, Plaza Zentralia y Lindavista, en la Ciudad de México. Mary sostiene que el secreto es “ser constante, ofrecer un buen producto, dar el mejor servicio al cliente y sobre todo respetar el tiempo del negocio”.

Uno de los retos ha sido seleccionar a su personal, en su mayoría mujeres. “Aprendes en el camino, pero hay que darle una oportunidad a toda la gente, aprender a delegar y confiar en nuestras capacidades”, añade.

La emprendedora tiene toda su confianza hacia su corporativo y quiere seguir creciendo con este modelo de negocios. “Si se puede confiar en los sueños y luchar por ellos, sólo no hay que confundirlos con fantasías”, concluye.