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¿Están listas las startups latinas para innovar?

La educación de los países de la región huele a lo que los boxeadores denominan como knock-out.
¿Están listas las startups latinas para innovar?
Crédito: Depositphotos.com

¿Están las startups latinoamericanas preparadas para enfrentar los desafíos del siglo XXI de innovación, productividad y competitividad global? ¿Están las condiciones necesarias para un medio emprendedor capaz de brindar a las empresas nacientes el recurso humano requerido, y a un costo razonable y competitivo? ¿Nos estamos quedando algo oxidados en Latinoamérica en nuestro capital organizacional?

Mi diagnóstico es que sí, estamos algo oxidados, y que los recursos disponibles son más bien escasos en comparación a otras regiones, lo cual nos vuelve menos competitivos internacionalmente.

Déjenme partir con un ejemplo trivial, pintoresco, del mundillo del fútbol, pero que en mi opinión, dice bastante de lo que podría estar pasando con el capital humano de la región.

El fútbol y las técnicas organizacionales

En 2013, el argentino Gerardo Martino se transformó en el flamante nuevo entrenador de uno de los equipos más ganadores y competitivos de la última década en el fútbol mundial: el Barcelona F. C. el mismo equipo que ganó hace unos de días la Champions League europea. Que un técnico sudamericano alcance esta posición no es para nada extraño si consideramos que el fútbol en la región ha sido por décadas de lo más competitivo en el mundo, con tres seleccionas campeonas del mundo, y liderando habitualmente la lista de jugadores y técnicos top en todo el orbe.

Sin embargo, algo pasó con Martino, algo particularmente decidor de una tendencia parece más extendida y no limitada para nada a este deporte: Martino duró apenas una temporada, el equipo cayó en su nivel, y pese al cariño de sus jugadores, terminó abandonando el club sin mayor pena ni gloria. ¿Por qué? De acuerdo con la prensa hispana especializada, el problema había sido muy simple: las técnicas de entrenamiento del argentino estaban completamente oxidadas y sacadas del baúl de los recuerdos, al punto que los propios jugadores del equipo se lo habrían hecho saber, señalando que entrenando de esa forma no llegarían a ninguna parte. Y tuvieron razón.

Pero vayamos al punto que realmente nos interesa: ¿estamos en Latinoamérica algo oxidados en nuestras técnicas organizacionales?

Bueno, posiblemente la situación en el mundo empresarial no sea tan diferente de lo ocurrido al técnico argentino, de hecho, de acuerdo al ranking Forbes de las 100 empresas más innovadoras a nivel global, sólo cinco de ellas son latinoamericanas, con empresas de Brasil, México y Chile, como las únicas exponentes de innovación empresarial a nivel continental.

Revisemos algunos datos bastante más serios que el fútbol…

La educación latinoamericana

La educación de los países latinoamericanos huele a lo que los boxeadores denominan como knock-out. Los datos no son para nada optimistas: ninguna nación latinoamericana figura en la lista de países top 20 en relación con calidad y eficacia de su sistema educacional. Sin ir más lejos, de acuerdo con los datos de la prueba PISA 2012, México, Brasil, Argentina y Chile, obtuvieron resultados que los puso a todos, sin excepción alguna, en el tercio más bajo del total de 65 países participantes de la medición. Esto fue así en los tres campos bajo medición: Lenguaje, Matemáticas y Ciencias. Grave.

El peligro oculto de las carencias educativas

Mi propósito implícito y aquello de lo que realmente deseo escribir es de la importancia de las habilidades socioemocionales, y mi sospecha es que estos números de rendimiento reflejan un problema mayor: un problema de habilidades socioemocionales, o, el concepto que mucha gente usa y que, aunque general, ayuda para entender la idea: habilidades blandas.

Barry Zimmerman, psicólogo estadounidense, y junto a otros investigadores educacionales, se han dedicado por años a investigar qué comportamientos identifican a los estudiantes de alto rendimiento: en otras palabras, dar una respuesta a la pregunta de qué hacen los buenos estudiantes que los hacen precisamente tan buenos estudiantes. Entre los descubrimientos más asombrosos que los investigadores han hecho figuran algunos comportamientos bastante explícitos. Estos estudiantes superiores muestran comportamientos tales como: búsqueda de información de calidad y en forma proactiva para la resolución de problemas, elaboración de pasos necesarios para el dominio de una materia en particular, planificación de objetivos, evaluación de resultados de estrategias empleadas y adaptación de las estrategias posteriores en función a tal evaluación, solicitud de ayuda a pares y profesores, entre otras.  Ser un buen estudiante no es sólo acerca de buenos genes, o un buen colegio: es un tema de buenos hábitos individuales. Y la gracia de los buenos hábitos es que sirven prácticamente para todo: inclusive para el mundo laboral.

¿Por qué podríamos estar en problemas en esta área en Latinoamérica?

Si creemos lo que PISA indica, entonces es posible especular con que los estudiantes de los países líderes en términos educativos no sólo “saben” más de las materias evaluadas en el PISA, sino que además, y aún peor para nosotros, han desarrollado de mejor forma los hábitos requeridos para alcanzar tal rendimiento superior.  Tales hábitos, podemos seguir especulando, no tienen por qué desaparecer tras el colegio, y, por lo tanto, es posible que les permita a estos muchachos y muchachas seguir incrementando su capital “educativo” en el tiempo y a una tasa superior a la de nuestros profesionales, dando con ello, una ventaja al recurso humano de tales naciones por sobre el de nuestra región.

¿Me estoy excediendo? La verdad que no creo que demasiado.

La sociedad del conocimiento es un entorno dinámico, cambiante, en constante movimiento. El conocimiento de hoy puede resultar insuficiente mañana, literalmente. De ahí la importancia del factor educativo socioemocional, es decir, de tener profesionales con buenos hábitos de aprendizaje: profesionales capaces de generar autocrecimiento.  Mi hipótesis es que tal cosa es en la actualidad insuficiente en la región, y la cultura organizacional de las empresas que compiten en el mundo de la innovación, conocimiento y globalidad, no ha incorporado aún estos elementos socioemocionales esenciales en su desarrollo institucional.

He ahí el desafío oculto regional.