Emprendedores

don’tworry: la revolución de los merengues light

Santiago Arroyo y sus socios consiguieron lo que muchos soñaban: un postre mexicano saludable… y que sí sabe rico.
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Gracias a un sistema basado en la investigación, experimentación y creación de marca, Santiago Arroyo y sus socios en don’t worry consiguieron lo que muchos sólo soñaban: un postre tradicional mexicano con propiedades saludables… y que sí sabe rico.

Jorge Zubiría y Santiago Arroyo comparten la pasión por los grandes retos. Jorge, con más experiencia y perteneciente a una generación que vivió de cerca momentos difíciles del país en las últimas tres décadas, es egresado de la carrera de Administración de Empresas de la Universidad Iberoamericana, y ha emprendido en medios –fundó la revista Alto Nivel– y en el sector salud –La Dieta de los Tres Factores–. Su carácter empático e hiperactivo delatan su exigencia de movimiento constante.

Mientras que Santiago, más joven y con espíritu de riesgo y perseverancia, estudió en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), trabajó en L’Oreal, fue gerente de marca de Lancôme y hasta director comercial en una empresa de medios publicitarios. Su mayor interés es la incursión en nuevos mercados y el desarrollo de productos. “Al juntarnos por primera vez y conversar sobre nuestras vocaciones”, recuerda Santiago, “descubrimos que teníamos la posibilidad de llevar a buen término un desafío en la industria alimentaria: demostrar que los antojos más deseados por los mexicanos pueden tener entre cero y tres calorías”.

La mancuerna –hoy complementada por el expertise de Diego Arroyo, coordinando la experiencia de marca– trajo al mundo en 2012 a don’tworry (dontworry.com.mx), empresa que desarrolla, produce y comercializa antojos saludables, con ínfimas calorías y recetas igual de sabrosas que las tradicionales.

Su producto es un merengue sin azúcar en ocho sabores diferentes, “algo no menor, pues la receta original de este postre cuenta con 50 por ciento de azúcar”, explica Jorge.  La innovación ya se vende en las cadenas Costco, Walmart, Superama, Comercial Mexicana, City Market, Soriana, HEB, Palacio de Hierro y Nutrisa.

Obesidad a la mexicana

Para algunos parecerá poca cosa sólo sustituir un ingrediente. Pero don’tworry suplió la esencia misma del merengue sin restarle el sabor característico, transformándolo en un alimento saludable.

Jonathan Lewy, inversionista y cofundador del fondo de inversión en startups InvestoMex, arguye que “la innovación de mayor impacto proviene de la necesidad y la carencia”. Los fundadores de don’tworry hacen honor a esta máxima. Ellos detectaron un apuro del mercado en materia alimenticia: México es el primer lugar a nivel mundial en obesidad infantil (35 por ciento de niños y adolescentes) y el segundo con mayor obesidad a nivel mundial, con un total de 60.6 millones de personas (52 por ciento de los mexicanos), acorde con la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). Y el 90 por ciento de los diabéticos en el país es tipo dos (no dependiente de insulina), el único que se puede prevenir con la adopción de estilos de vida saludables, según el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

El principal problema de los achaques asociados al sobrepeso y la obesidad es que para la adopción de consumo responsable se requieren productos en anaquel que sí satisfagan lo mismo necesidades que deseos. ¿Cómo hacerlo sin cambiar hábitos alimenticios? El aspecto cultural también debía de resolverse sin asumir que diabéticos, hipertensos o gente con padecimientos eran el único target de don’tworry. En general, lo no calórico se asocia a un sabor insípido. “La oportunidad estaba –recuerda Santiago– en conservar las propiedades de sabor del antojo pero anulando por completo cuanto crea culpa: las evidentes y jugosas dosis de grasa y azúcar”.

El producto que reunía los atributos y presentaba el mayor reto era el merengue. “La manera de demostrar que podíamos lograr algo de alta gama, fue apostar por lo irrealizable: quitarle toda el azúcar”, relata Santiago. Algo que, manifiesta Jorge, “más de uno tachó de ‘sueño guajiro’ sin futuro”.

Anular la competencia

Lo light no es benchmark de don’tworry, argumenta Diego: “en México falta rigor en la regulación de alimentos que usan el sello saludable”. Se refiere a la norma oficial mexicana NOM-086-SSA1-1994, en su apartado 7.6.3, que especifica “producto reducido en colesterol: aquel cuyo contenido de colesterol es al menos un 25 por ciento menor en relación al contenido de colesterol del producto original o de su similar y contiene dos o menos gramos de grasa saturada por porción”; y en el 7.7.3 “producto reducido en calorías: aquel donde el contenido de calorías es al menos un 25 por ciento menor en relación al contenido de calorías del alimento original”.

Aun así, “muchos productos no cumplen ni con normas ni con etiquetado; incluso dicen mentiras”, sentencia Santiago. “Reportan información nutrimental falsa. Por eso nosotros nos avalamos con asociaciones expertas en salud y nutrición, como Fomento de Nutrición y Salud, Asociación Mexicana de Nutriología, Federación Mexicana de Diabetes y verificación de la Sociedad Mexicana de Normalización y Certificación, Healthy View y certificación de Nutrition Fact. Para nosotros innovar no sólo es crear un modelo, sino ejecutarlo y demostrarlo; es decir: que la mercadotecnia no exagere, sino que presuma la propuesta de valor”.

Para Héctor Álvarez de la Cadena, director general de Metco –empresa de sistemas endulzantes bajos en calorías–, el secreto de empresas como la suya y el propio caso de don’t worry estriba en una fórmula mágica: “primero investigas, luego investigas, y finalmente, investigas; de ahí sale la idea, luego se investiga nuevamente si la idea funciona; y por último, al ejecutarse, se investiga. El conocimiento es lo que realmente transforma”, resume el empresario, que en 1994 obtuvo una patente de endulzante con contenido calórico casi nulo derivado de la stevia.

Jorge, Santiago y Diego pasaron por un proceso que prueba lo que afirma Héctor Álvarez. “Investigar para innovar el mercado e ir por delante de la competencia, es una labor ardua que lleva años”. De hecho, don’tworry es la conclusión de un trabajo que inició su desarrollo de producto en 2009 y salió al mercado hasta 2012. Entre tanto, cinco expertos en desarrollo de alimentos crearon, después de más de 5 mil intentos, los primeros merengues sin azúcar, edulcorantes, sodio, colesterol ni grasa, con sólo una caloría por pieza. Como dice Hermann Hesse, “para que surja lo posible, hay que intentar una y otra vez lo imposible”.

Diego, en la parte del desarrollo de marca, también aportó su creatividad. Desarrolló, junto a un equipo multifuncional, el diseño de empaque, imagen y comunicación de la marca durante año y medio.

Entre 2010 y 2011 lograron certificaciones y avales que confirmaban la calidad, inocuidad y veracidad de lo que prometen los merengues. En los últimos dos años, han alcanzado logros como la certificación ISO 22:000 y la inclusión en el programa de Ecoeficiencias del Instituto Global de la Sostenibilidad.

Durante la comercialización del producto, la innovación optimizó los procesos. “Nuestra cultura estimula las ideas al interior de la empresa. Eso nos ha redituado en cerca de 16.2 por ciento en la reducción de costos y gastos. ¿El secreto? Sólo contratar a gente de primera e incentivar a todos a que formen parte de algo más grande. La innovación se identifica por su constancia”, cierra Santiago.