Emprendedores

Faci Leboreiro, diseño que transforma

Conversamos con los dueños de un despacho de arquitectura e interiorismo sobre el papel del diseño en las vivencias cotidianas.
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Al pensar en un despacho de arquitectos, es fácil imaginar a un par de personas trajeadas, con caras largas y una taza de café enfrente. Pero Marina Leboreiro y Carlos Faci, socios fundadores de Faci Leboreiro, rompen con ese estereotipo de manera absoluta. Marina y Carlos –de 28 y 27 años respectivamente– transmiten frescura, pero, sobre todo, la certeza de que dominan su profesión y de que su edad no es sinónimo de inexperiencia. 

Los proyectos de este par de arquitectos e interioristas destacan por la amplia gama de materiales empleados, así como por el cuidado casi obsesivo por los detalles. El diseño de PH Andersen, un sorprendente penthouse ubicado en la colonia Polanco, fue destacado en revistas nacionales e internacionales. Asimismo, Marina y Carlos estuvieron al frente del rediseño del restaurante La Mallorquina, situado en Polanco, cuyo impactante interior tiene como protagonistas ladrillos colocados en diversas direcciones y muebles de madera con formas orgánicas. ¿Y qué decir de Kuzzen, la tienda de ropa con paredes forradas con tubos de cartón, o el detallado diseño de la tienda de libros de Porrúa, situada al interior del Mercado Roma?

Actualmente Faci Leboreiro tiene varios proyectos en puerta: comerciales, residenciales, oficinas y hasta un motel. En su pequeño despacho, ubicado en el sur de la Ciudad de México, conversamos con ellos sobre cómo levantar un negocio surgido de la pasión, la importancia del trabajo en equipo y el papel que juega el diseño en la experiencia cotidiana.

Apostar por un proyecto de vida

Marina y Carlos se conocieron en la carrera de Arquitectura en la Universidad Anáhuac. Trabajaron en equipo y pronto se dieron cuenta de que existía una gran compatibilidad en cuanto a gustos y forma de trabajar. Cada uno emprendió su propio camino profesional, trabajando con arquitectos y diseñadores reconocidos como Héctor Esrawe y Fernando Romero. Pero dicen que las capacidades se potencian cuando se juntan, por lo que con frecuencia se buscaban para colaborar en proyectos. “Yo trabajaba medio tiempo, y Carlos, en un esquema más abierto”, explica ella. “Llegó un punto en que teníamos más trabajo juntos que por separado”.

En algún punto de sus carreras, todos los emprendedores se enfrentan a una disyuntiva: seguir por el camino de la comodidad o apostarle a un proyecto de vida. “Una mañana, unos clientes nos llamaron para citarnos. Yo no podía salirme de mi trabajo. Pensé que si ya nos buscaban clientes, era momento de enfocarnos en eso. Ese día decidimos poner un despacho; nuestros padres nos apoyaron, y dos días después, renuncié a mi trabajo”, comparte Marina.

PH Andersen, colonia Polanco, Ciudad de México / Foto: Faci Leboreiro

Derribando el mito de la gran inversión

Algunos emprendedores se sienten desanimados por no contar con el “capital suficiente” para iniciar un negocio. Sin embargo, muchas empresas consolidadas empezaron con poco.

¿La inversión inicial de Faci Leboreiro? Cero pesos. “Cuando decidimos trabajar juntos nos mudamos a un garaje que nos prestó una tía de Carlos. Nuestros papás nos regalaron unas mesas de jardín y, con las computadoras que teníamos de la carrera, empezamos a trabajar. No necesitamos un despacho, porque por lo general nosotros visitamos a los clientes y acudimos a las obras”, comparte la emprendedora.

El dinero no fue un problema, pero levantar el proyecto sí requirió una gran inversión de tiempo. Aunque ambos se fijaron un horario de 8 a 6, todo dueño de un negocio –sobre todo en las primeras etapas de operación– sabe que debe sacrificar un horario fijo. “Los clientes nos citan a las 8 de la noche o nos piden que visitemos las obras los fines de semana, y no nos queda más que ajustarnos a ese horario”, explica él.

Aunque saben que su negocio se sostiene con la pasión, Marina y Carlos no subestiman el tema de las finanzas. Son muy organizados con el dinero. Cuando empezaron a crecer contrataron a una contadora que hizo controles para que pudieran cobrar bien y a tiempo, así como para tener en orden los impuestos. "Y es que, por más que trabajemos por amor al arte, tenemos claro que esto es un negocio”, añade ella.

(nota continúa abajo)

¿Definir una propuesta o encontrarla en el camino?

Se dice que antes de poner un negocio hay que definir hacia dónde se quiere ir. Hay que encontrar un sello, “algo que te distinga del resto”. Pero, ¿quién dice que ésta es la única fórmula para tener éxito?

Marina y Carlos empezaron justo al revés. Una vez que encontraron su pasión y comenzaron a trabajar en ella, fueron encontrando su rumbo. “No teníamos una idea clara de qué nos diferenciaría de los demás despachos de arquitectos. Salimos de la universidad y empezamos a buscar nuestro camino, y la vida nos ha llevado hasta donde estamos ahora”, explica el emprendedor.

Poco a poco y con la práctica, la propuesta de Faci Leboreiro ha tomado forma. Hoy día, ¿qué caracteriza su trabajo? El uso de una gran variedad de materiales, la incorporación de elementos como patrones y celosías y el cuidado casi obsesivo por los detalles, desde los planos hasta la ejecución. “Revisamos 10 veces si la jaladera de un buró funciona bien”, comparte Marina. Para tener bajo control todos los detalles, ambos se encargan de supervisar las obras de manera personal.

Marina y Carlos creen que la armonía de sus diseños es consecuencia de la pasión que sienten por lo que hacen, y no resultado de un esfuerzo expreso por tener un sello. “Creo que lo tenemos en el alma. Es nuestra convicción espiritual, lo que amamos hacer. Nuestra personalidad se vacía en cada proyecto: alguien puede saber que es nuestro porque hay cosas propias que se plasman ahí, aunque no sea necesariamente un patrón de colores o un elemento específico”, puntualiza ella.

Las estadísticas dirían que el camino más difícil ya está recorrido: hoy día, Marina y Carlos cumplen tres años al frente de su despacho. Desde que comenzaron, solos y en un espacio improvisado, su equipo de trabajo se ha multiplicado. Tal ha sido el crecimiento que han tenido que mudarse cinco veces en un año.

“Tenemos una premisa para buscar talento: que sea gente joven, de preferencia de nuestra generación. Si hay personas allá afuera que confían en nosotros, ¿por qué no podríamos hacer lo mismo?”. Hoy día, el equipo de Faci Leboreiro se conforma por seis personas, además de la contadora y el maestro de obras.

Restaurante La Mallorquina, colonia Polanco, Ciudad de México Foto: Faci Leboreiro

El proceso creativo: traducir los deseos del cliente en arquitectura

Carlos y Marina cuentan con una gran ventaja competitiva: tienen formación de arquitectos y de interioristas, lo cual les permite ser más sensibles a la hora de intervenir los espacios. “A diferencia de los decoradores, nosotros establecemos un diálogo con la arquitectura. El decorador acomoda muebles, pone accesorios. El interiorista diseña el espacio en conjunto con el arquitecto. Trabaja con materiales, distribución y detalles de construcción”, explica Marina.

La primera etapa para construir o diseñar un espacio es crear un concepto. “Muchos clientes creen que, si te contratan, el proyecto de diseño no tiene ningún valor. Pero al final del día tus ideas son lo más valioso”, comparte Carlos. Por esta razón, a diferencia de muchos profesionistas, ambos han acordado cobrar siempre el diseño en lugar de abonarlo a la obra. “Es la única forma de hacerte responsable de tu trabajo y dedicar toda tu alma a que quede bien”, añaden.

Recientemente, los propietarios de La Mallorquina –restaurante español situado en Polanco–acudieron a Faci Leboreiro para solicitar un rediseño. Los dueños les transmitieron algunas necesidades específicas (necesitaban cierto número de mesas, un exhibidor para las piernas de jamón, una barra de gins…) pero les dieron completa libertad creativa para trabajar. “Entre más libertad creativa tengamos, los resultados son mejores”, explica ella.

El reto siempre es crear un concepto que traduzca las necesidades del cliente en arquitectura. “Para rediseñar La Mallorquina yo me encerraba en la oficina y ponía música flamenca; pegué en la pared fotos de tabernas y fachadas de restaurantes en Madrid… Mis compañeros se burlaban de mí, pero así encontré la inspiración”, comparte Carlos.

Antes de diseñar un espacio, Carlos y Marina se aseguran de preguntarlo todo. “Todos los clientes tienen sus manías. Por eso les preguntamos dónde guardan sus zapatos, si juegan golf dónde colocan los palos, si tienen hijos pequeños que puedan manchar los muebles… A final de cuentas, el cliente es dueño del espacio que diseñaremos. Se trata de que lo viva”, puntualiza Marina.

Tienda Porrúa en el Mercado Roma, Ciudad de México / Foto: Faci Leboreiro

La arquitectura y el interiorismo tienden a respetar cada vez más el entorno natural, y Faci Leboreiro se une a esta tendencia. Su meta es no usar calefacción ni aire acondicionado. Esperan usar cada vez más materiales sustentables, en la medida de lo posible nacionales o importados certificados. "Usamos muchos domos y, si podemos, abrimos ventanas hacia el sur para que entre la luz del sol. Nos hemos asesorado con personas especializadas en bioclima”, comparte la emprendedora.  

Una visión a futuro

A partir de la remodelación, La Mallorquina facturó 100 por ciento más que el año anterior. ¿Y hay personas que aún dudan de la importancia del diseño para los negocios? “Afortunadamente, la gente se está dando cuenta de la relevancia del diseño”, explica Carlos. “México está en un buen momento: cada vez hay más showrooms de arquitectura e interiorismo en Polanco y la colonia Roma. Además, cada año se organizan eventos como Design Week o el Abierto Mexicano de Diseño”.

Pero, más allá de los showrooms y las galerías de arte, el diseño se está incorporando poco a poco a la experiencia cotidiana. “Veo fotos de las bodas a las que iban mis papás, decoradas con sillas negras sin fundas, los cascos de refresco sobre la mesa… Ahora eso sería impensable. ¿Te has fijado que cada vez hay más restaurantes con un concepto de diseño? La gente ya no sólo busca ir a comer, ir a una boda, ir a comprar a una tienda: busca un ambiente distintivo… busca la experiencia completa”.

¿Cuáles son los planes de Faci Leboreiro? "Llevar nuestro trabajo a otros rincones del país, perfeccionarlo y establecer un espacio propio, una especie de showroom, para mostrar nuestro trabajo", finaliza Marina.