Emprendedores

Los Loosers: pasión y veganismo en dos ruedas

Yisus y Mariana renunciaron a la quincena segura y se dedicaron a encontrar en su pasión su sustento de vida.

Muchos emprenden cuando aspiran a tener independencia financiera. Estudian el mercado y analizan las oportunidades, y sólo entonces eligen el proyecto que mejor se acomode a su conveniencia. Pero no todos los negocios comienzan así. Otros emprendedores van justo al revés: encuentran algo que les apasione y buscan la forma de vivir de ello. Así sucedió con Los Loosers.

Para Mariana y Yisus, aficionados de la comida vegana y las bicicletas, el negocio llegó como una consecuencia natural de su estilo de vida. Los Loosers (sí, con doble “o”) nacieron como la primera opción vegana de la capital mexicana; hoy, después de 4 años, se han convertido en un ejemplo a seguir para quienes desean convertir su hobby en su sustento de vida… y dejar una huella positiva en el camino.

Quejarse o cambiar la situación

¿Quiénes son estos chicos que aman lo que hacen y viven de ello?

Hace 4 años Yisus era un diseñador que trabajaba en una tienda de bicicletas. Mariana, una periodista que llevaba 10 años ejerciendo su profesión. Desde que se conocieron supieron que ser veganos en un mundo de carnívoros no era cosa fácil.

“Entonces no había una sola opción vegana en la ciudad”, cuenta Mariana. “Teníamos dos alternativas: quejarnos o hacer algo por cambiar la situación”. Dieron el primer (y más importante) paso sin pensarlo demasiado. Renunciaron a sus trabajos, a la quincena segura, y se dedicaron por completo a experimentar con recetas veganas y formar una cartera de clientes. Juntaron 5 mil pesos para comprar un horno de pizza básico, que colocaron en su departamento.

Cuando llegó el momento de elegir un nombre para su negocio, Los Loosers les quedó como anillo al dedo. Cuentan que más de una vez sus conocidos los tacharon de “perdedores” por no comer carne como “la gente normal” (poco imaginarían que, dos años después, estos perdedores alimentarían a Emory Douglas, integrante del movimiento Las Panteras Negras, y a Enrique Bunbury, reconocido cantante vegano). La doble “o” simboliza las ruedas de la bicicleta. Pero, sobre todo, el nombre engloba el buen humor que caracteriza a esta dupla, y que se cuela en su forma de ver la vida y de hacer negocios.

La pasión no excluye el sacrificio

Con un solo horno, Mariana y Yisus comenzaron a hornear panes, promocionar sus creaciones en redes sociales y repartir pedidos en bicicleta. “Desde el principio buscamos ser coherentes. Nuestro negocio refleja lo que somos: veganos, ciclistas, consumidores de productos locales y orgánicos y fanáticos de las redes sociales”, explica ella.

Al principio las jornadas de trabajo eran interminables: concluían alrededor de las 10 de la noche, hora en que comenzaban a limpiar el espacio y planear el día siguiente. “Trabajábamos de lunes a lunes. Durante un año y medio nos levantamos antes de las 5 am para preparar la masa, hornear, hacer los postres, recibir órdenes, empacar, tomar la mochila y salir en bicicleta. Los coches nos tiraban de las bicis. Pero teníamos que seguir adelante”, añade.

Las famosas conchas looser, sin un gramo de mantequilla, leche o huevo.

En 2013 una chef de Brooklyn, en Estados Unidos, escuchó sobre su proyecto y los entrevistó. Eso, aseguran, permitió que la gente de México volteara a verlos. “Comenzaron a aumentar las órdenes y los followers en redes. De pronto, restaurantes de renombre ya nos pedían muestras de pan”.

¿Quiénes son sus principales clientes? “De todo: mamás, papás, personas que trabajan en oficinas (sobre todo en agencias de publicidad), estudiantes de periodismo, comunicación o arte, extranjeros veganos que sienten curiosidad por nuestro proyecto… También nos piden pan en restaurantes y panaderías”, explica Mariana.

El proceso de expansión

Cualquier experto o guía de negocios sugiere crear un plan detallado para expandir un proyecto. Pero Los Loosers nunca se han caracterizado por nadar con la corriente. Aseguran que su negocio empezó a caminar por sí solo, como resultado del esfuerzo y la pasión que le inyectaron día con día.

Aun así, obtener las primeras ganancias fue todo un reto. “Los ingredientes orgánicos son caros. Con lo que ganábamos pagábamos todo lo que necesitábamos: luz, internet, gas... Vivíamos al día y lo hacíamos con gusto”, relata Mariana, quien asegura que su motor para emprender nunca fue el dinero. Pasaron cuatro meses para que pudieran ver las primeras ganancias. Con ellas compraron una mesa de trabajo y una batidora profesional.

Aunque han crecido, los precios se han mantenido por años: los emparedados cuestan 75 pesos, y los postres, 30.

Looserburguers en pan de romero con spread de pomodoro y berenjenas.

Al poco tiempo, un accidente en bicicleta puso a Mariana en reposo y la orilló a buscar apoyo para cocinar y limpiar. Los Loosers comenzaron a ser invitados a festivales y restaurantes como invitados especiales, y se percataron de la necesidad de ampliar aún más su equipo. Pronto ya eran 15 en la cocina, por lo que tuvieron que mudarse a un local nuevo. Mariana tomó las riendas de la cocina, la planeación y la logística, y Yisus, del pan y la repostería.

Hoy día Los Loosers se integran por 7 personas en la cocina y 2 bicimensajeros (y un horno de pan profesional). La mayoría de los cocineros son estudiantes que perciben un sueldo por su trabajo. “Ahora hay tres artistas, un músico, una chica que le gusta patinar… Los puestos de cocina y bicimensajeros se rotan mucho. Nos gusta recibir gente que viaja, que viene de otro país y trae sus aprendizajes, y no pretendemos retener a nadie que quiera explorar otros trabajos”, abunda Mariana.

Un día looser

En la estación looser, como llaman estos chicos a su espacio de trabajo, se trabaja con gusto. La actividad comienza muy temprano: a las 5 de la mañana, mientras tú y yo dormimos, Mariana y Yisus ya tienen puestos los gorros y los mandiles y alistan la masa de los panes. 

Dos horas después llegan los demás integrantes del equipo para preparar la comida del día: un emparedado, que puede ser una hamburguesa  o sándwich vegano, y los famosos postres looser, que son panes dulces, galletas o pasteles. Cocinan mientras tararean canciones (la buena música nunca falta en este lugar) e intercambian chistes. Los Loosers tienen el trabajo ideal: escuchan buena música, comen buena comida, entablan buenas amistades y viven de buen humor. ¿Qué más se puede pedir?

Julián, el bicimensajero looser, se prepara para repartir los pedidos por toda la ciudad.

A las 8 de la mañana, mientras se prepara la comida, se suben a Instagram, Facebook y Twitter adelantos del menú y se comienzan a recibir órdenes. A las 9 llegan los bicimensajeros y arman las rutas para hacer las entregas. Equipados con una bicicleta, un casco, una mochila y su uniforme, salen a repartir por toda la ciudad en promedio 100 pedidos por día.

La comida llega a su destino entre el mediodía y las 2 y media de la tarde. Mientras tanto, Los Loosers limpian la cocina y planean el día siguiente.

La autenticidad marca la diferencia

El pan con sabor a hierbas, los guisados veganos que nada tienen que envidiar a la carne y los deliciosos postres endulzados con frutas y jarabe de agave son para chuparse los dedos. Pero nos atrevemos a pensar que, más allá de la sazón, hay algo que ha permitido que Los Loosers se cuelen en el gusto de los capitalinos que buscan llevar una vida saludable. Y este algo es la autenticidad.

“Nos han ofrecido anunciarnos en páginas, revistas e incluso espectaculares, pero nunca hemos pagado por publicidad ni lo haremos”, comenta Mariana. Los Loosers se dan a conocer únicamente de boca en boca y a través de redes sociales.

Para Los Loosers, todos los clientes –a quienes llaman cariñosamente looserlievers– son amigos. “Tratamos a nuestros clientes de manera cercana y ellos lo sienten. Yo sé qué cliente es alérgico a la cebolla, quién odia el picante… Conozco sus horarios y también sus hábitos”. Para ilustrar este punto, cuenta: “tenemos un cliente italiano que nos pide que subamos a su departamento cuando le entregamos. Nos invita a pasar a su cocina, nos da a probar de lo que esté preparando y nos pide nuestra opinión”.

Esta cercanía con los clientes ha dado lugar a un fenómeno único. “Todo comenzó el primer año de Los Loosers, cuando una clienta nos trajo chiles de Oaxaca. Subimos una foto a Instagram para agradecerle y el día siguiente comenzamos a recibir un montón de regalos: frutas, verduras, productos veganos, chocolate, café, cartas, piezas de origami… ¡algunos hasta nos han cocinado!”.

¿Crecer por crecer?

Los Loosers han recibido un par de propuestas de inversionistas que buscan expandir su negocio o franquiciarlo. Sin embargo, ninguna de esas opciones está en sus planes. “Entendemos que ellos ven un negocio potencial, pero nunca aceptaríamos algo así. Perderíamos nuestra esencia. No nos interesa producir mil emparedados, porque para hacerlos necesitaríamos una fábrica. No aspiramos a eso”, puntualiza Mariana.

Los planes de Los Loosers son perfeccionar sus recetas y encontrar nuevas, seguir satisfaciendo a sus clientes-amigos y disfrutando cada momento de su trabajo. Y sí, tienen planeado dar un paso importante muy pronto, pero no podemos arruinar la sorpresa. Ya los mantendremos informados.

Los Loosers se inspiran en la cocina escuchando y cantando sus canciones favoritas. Aquí, su top 10:

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