Emprendedores

Pinturas Osel, emprender para los demás

Gracias a la filosofía de esta marca, distribuidores como Édgar Sánchez hacen de devolver algo a la sociedad parte de su negocio.
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El error de diciembre, como se bautizó al cúmulo de decisiones que condujeron a México a una crisis económica en 1994, transformaron a la ciudad de Querétaro en “Quiebrétaro”, recuerda Édgar Sánchez, director general y fundador de Incusa, empresa especializada en distribución y venta de pinturas, así como en la capacitación de tlapalerías del estado de Querétaro. “El clima económico a principios de 1995, cuando nuestra operación como distribuidores de Pinturas Osel inició, resultaba devastador. Sin embargo, salimos adelante y crecimos durante esta primera etapa con un local de apenas 40m2”.

La marca de pinturas, fundada en 1950 por Óscar Elizondo, comenzó como fabricante de recubrimientos. Para 1990, la globalización de mercados, incentivada por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), los llevó a apostar por la calidad antes que por el volumen. Y de paso, compartir una rebanada del pastel con otros empresarios más pequeños a través de una oportunidad de negocios, bajo el esquema de distribución.

Para optimizar la relación entre marca-distribuidor-punto de venta, implementaron en 1991 el sistema japonés de comunicación kanban –basado en señales que indican lo que hay que fabricar conforme a la demanda–, facilitando el abastecimiento, la logística y el manejo de inventarios desde que el cliente hace un pedido hasta que Osel solicita materias primas a sus proveedores. Y, como propósito de la compañía desde entonces, adoptó la búsqueda de mejorar la calidad de vida de la sociedad mexicana por medio de programas de desarrollo social y ambiental.

El éxito de la marca, que permitió a Édgar superar la crisis, recae en la afiliación de sus aliados a buenas prácticas, todas planeadas con el fin de pensar en las necesidades financieras, sociales y ambientales de clientes y proveedores. “Me entrenaron personalmente junto a un grupo de distribuidores, a través de reuniones anuales”, detalla Édgar. “Los dueños de la marca me instaron a innovar a nivel financiero: ‘inviértele al crédito’, me dijeron. Buscamos a pintores profesionales que en 1995 estaban padeciendo porque no había dinero y no podían comprar la pintura anticipadamente para clientes grandes. Abrimos un microcrédito y esto les ayudó a crecer. Muchos de aquellos pintores aún nos compran y tienen mucha lealtad. Este proyecto para ayudar a nuestros clientes en una etapa difícil, nos ha redituado en credibilidad entre los consumidores”.

Los resultados, al día de hoy, hablan por sí mismos. Incusa ya integra 19 tiendas, nueve de ellas propias (con una extensión de 2,000m2) y facturan $100 millones anuales, ganando en dos ocasiones el Premio Estatal de Calidad (donde han competido firmas internacionales como Daewoo).

Incusa se transforma, de esta guisa, en desarrollador de metodologías de innovación y distribución vinculadas al mundo de la tlapalería. Pero el microcrédito es sólo el primer antecedente de una de las iniciativas a favor de la sociedad.

Compartir las causas

La simpatía que siente Édgar por Pinturas Osel está vinculada a su experiencia personal como distribuidor en época de vacas flacas. En tanto empresario, él cree que lo importante es contar con visión y misión tan claras como para conducir todas las prácticas corporativas por el buen camino. “Un día, mientras trabajaba para Procter & Gamble dentro del área de Mercadotecnia en la Ciudad de México, comencé a trazar la estrategia que daría pie a Incusa. Así di forma a una empresa constructora, un sueño que tenía desde que estudiaba la carrera de Ingeniería Civil”. La principal tarea de Incusa: devolverle algo de alto valor a la sociedad; principio que cuadraba con las ideas de la familia Elizondo.

Encontrar al socio de negocios correcto determina el crecimiento, porque así, “cada vez que surtimos un pedido sabemos que el cliente queda satisfecho, y que hacemos responsabilidad social y ecológica al vender productos de calidad, alto rendimiento y ecológicos”, agrega Édgar.

El mayor logro que ha sumado en alianza con Pinturas Osel es 9 Arte Urbano. Consiste en una iniciativa para reconstruir el tejido cívico por medio de murales que pintan jóvenes “grafiteros”, quienes pasan de colorear bombas (composiciones tipográficas de grafiti) y tags (firmas o sellos de pandillas) agresivos, a dar prueba de talento y creatividad con piezas plásticas en espacios públicos y privados, a la vista de todos.

“Incusa tiene dos alas”, explica Édgar: “una, las tiendas de pinturas y productos análogos que nos sostienen; la otra, el área creativa de 9 Arte Urbano, que tiene la responsabilidad de llevarnos lejos. En las tiendas nuestro acto mínimo es el pedido; en 9 Arte Urbano es el mural. En cada pedido tiene que haber una responsabilidad integral, con la mentalidad de que su tarea es el presente y el futuro. Cada vez que creamos un mural nos aseguramos de que hay un beneficio para vecinos y el artista, con una anécdota de colaboración entre las fuerzas sociales participantes”, añade.

Y qué mejor que a través de la cultura, complementa Gemma Sánchez, jefa de Planeación en esta iniciativa: “desde el vecino que pone la barda, el chavo que decide pintar, hasta el agente público de Protección Civil y los vecinos que pasan por ahí, aprenden a convivir”. Después de todo, también los murales reditúan: “una constante que observamos desde 2012 hasta la fecha, es que esos murales son respetados y defendidos en lugar de ser víctimas del tag”, argumenta Gemma.

El equipo que Édgar integró para 9 Arte Urbano es multidisciplinario: antropólogos, escritores, pintores, ingenieros, filósofos y mercadólogos trabajan juntos para mejorar las circunstancias de la sociedad. Él aporta la pintura en alianza con Pinturas Osel y la infraestructura –oficina, almacén, computadoras y personal–; el gobierno local fomenta la iniciativa y permite la ocupación e intervención artística de espacios públicos; y los vecinos protegen este patrimonio intelectual de Querétaro. “La dinámica social se enriquece y se crean ‘ganancias’ perdurables y comunes”.

La percepción de la ciudadanía también ha cambiado. Según las encuestas que ha realizado 9 Arte Urbano, el 70% de los vecinos cercanos a murales piensa que las piezas los hacen más felices. En el programa ya participan 270 grafiteros, algunos de los cuales hallaron una vocación artística hasta entonces ignorada (el caso más sonado el de Sens, quien entre mayo y junio ha viajado como artista invitado a Tarrega, Berlín y Viena); se han pintado 360 murales (que representan 15,000m2, un ahorro en mantenimiento de pintado para el gobierno municipal de cerca de $1.5 millones al año); “y lo más satisfactorio”, concluye Édgar, “es que los negocios heredan riquezas perdurables y humanas, logrando un sincretismo entre lo ‘callejero’, lo artístico y la iniciativa privada. Por eso vale la pena el esfuerzo de Pinturas Osel e Incusa. ¿Para qué, si no, emprender?”.