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Ancho Reyes: reimaginar una receta tradicional

Con un licor de chile ancho que rescata una receta ancestral, Ancho Reyes conquistó a quienes buscan productos novedosos en México y el exterior.
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Cuando se deja secar al sol durante dos semanas, un chile poblano se somete a un mágico proceso de transformación. Pierde su color verde y adquiere un tono rojizo-marrón; nuevos matices invaden su sabor, olor y textura; y hasta adopta un nombre distinto, chile ancho. El resultado de esta fascinante transformación –desde septiembre de 2013– cuenta con una nueva ruta para llegar al paladar del consumidor: Ancho Reyes, un licor de chile ancho, producido y comercializado por FPS Spirits.

Inspirado en una receta de 1927 creada por una familia poblana de apellido Reyes, este espirituoso, en su lucha por ganar mercado, apuesta por los valores de la tradición, la producción artesanal y el respeto al componente agrícola. En la elaboración de Ancho Reyes, se utilizan chiles poblanos de San Martín Texmelucan (cultivados por 10 familias productoras), población en la Sierra de Puebla. Tras el baño de sol que los convierte en chiles anchos (y que se apega a métodos históricos), los mejores ejemplares –aquellos que satisfacen criterios de tamaño, color y textura– son enviados a una pequeña fábrica en donde trabajan alrededor de 100 personas.

Ahí los chiles son cortados (manualmente con tijeras) e incorporados a un proceso de maceración tradicional (durante seis meses, en tinas de acero con alcohol de caña de Veracruz). Concluido el procedimiento, se realizan otras operaciones (filtrado, incorporación de ingredientes de la receta, tareas para confirmar niveles de picor y dulzor) y un reposo final, después del cual el líquido es embotellado.

En cada botella de Ancho Reyes, tomando en cuenta su producción artesanal, hay un licor que demanda apego a la tradición y atención al factor agrícola. Condiciones que no son vistas como obstáculos, sino como pilares de la oferta de valor del producto. La compañía vigila la siembra (por ejemplo, para evitar el uso de fertilizantes artificiales), asesora a las comunidades productoras en distintos aspectos de negocio y cuida la integridad de la fórmula. “Si no te involucras con tanta profundidad y simplemente le compras el líquido a alguien, todo es una caja negra: no sabes qué está pasando en el otro lado”, dice Paulo Díaz, director de marketing de Ancho Reyes, quien ha participado en el posicionamiento de marcas de bebidas alcohólicas artesanales cien por ciento mexicanas.

Y en ese sentido, la marca –agrega el emprendedor– tiene una perspectiva clara y honesta: “un producto único en el mundo por su origen y características; un sello que contribuye al desarrollo económico de una comunidad campesina; una bebida artesanal cuya calidad protege y revitaliza el patrimonio espirituoso de México”. Hoy, Ancho Reyes (con un precio de venta promedio de $256) está disponible en 300 centros de consumo a nivel nacional, en las principales cadenas mayoristas (como La Europea, Bodegas Alianza, La Naval, etc.), así como en tiendas delicatessen y gourmet.


Paulo Díaz, director de marketing de Ancho Reyes.

El negocio: la identidad

En camino a su segundo año de vida comercial, la visión de Ancho Reyes parece convencer al público. Para el cierre de 2015, y en comparación con el resultado del año previo, la marca estima un crecimiento en ventas del 110 por ciento (2 mil 200 cajas de nueve litros). Proyección que se basa en dos hechos principales. Por un lado, su apuesta es conquistar el paladar de consumidores exploradores; es decir, personas –de cualquier lugar del país, de todas las edades– que quizá tengan gustos arraigados, pero que desean ser sorprendidas con productos nuevos y diferentes.

Al mismo tiempo, en otras regiones del mundo, donde el licor llegó inicialmente en forma casual (tal vez por otro impulso explorador), el interés por el producto muestra una tendencia al alza. Por eso, este año la compañía fortalecerá su presencia en Estados Unidos, Canadá, Australia y varios territorios europeos (Reino Unido, Italia, Francia y Suecia). En estos países, al igual que ha ocurrido en México, Ancho Reyes está ganando “exploradores”, aunque también perfiles más sofisticados como barman y chefs.

Como otros productos de corte artesanal, Ancho Reyes podría enfrentar el lado feo del éxito: ante una demanda creciente, la presión por dejar los métodos tradicionales y apostar por la industrialización (modelo que termina por matar el factor artesanal). Paulo Díaz desestima la amenaza. La marca ajustará sus líneas de producción a los niveles de demanda que enfrente y, sobre todo, “será consistente en su integridad, en su filosofía, en el mensaje que manda al mercado. Nadie confiará en el producto sin estos conceptos”, sentencia.