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4 cosas aprendidas en mi primer año de emprendedor

Éstas son cuatro cosas a considerar antes de dar el gran salto al desconocido mundo empresarial.
4 cosas aprendidas en mi primer año de emprendedor
Crédito: Depositphotos.com
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Ha pasado casi un año desde que tomé el salto hacia el emprendimiento y lancé mi propia agencia de consultoría. No voy a mentir: trabajar para mí mismo me ha vuelto un niño mimado. Establecer mis propios horarios, elegir el tiempo y el lugar para trabajar y determinar los clientes con los que quiero tratar ha sido más que reconfortante.

Soy fiel creyente de que en la incertidumbre se esconde la oportunidad. Si las reglas todavía no están escritas, entonces ¿por qué no escribir tu propio manual? Y si éste ya existe, ¿por qué no hacerle ajustes?

Compartir lecciones es importante. Después de todo, nadie aprende de sus éxitos o incluso se cuestiona por qué gano algo; simplemente, lo acepta.

Éstas son cuatro cosas a considerar antes de dar el gran salto al desconocido mundo empresarial:

1. El marketing no es sencillo

No en términos de comercializar tu producto, sino de comercializarte a ti mismo (autopromoción). Con esto no me refiero a todos los emprendedores, pues ciertamente hay personas allá afuera que creen que el mundo gira en torno a ellas. Sin embargo, para la mayoría de los mortales no resulta fácil venderse a sí mismos.

Éste es el secreto para no sonar como un  tú-sabes-qué: no hables de ti mismo. En lugar de eso, resalta las cualidades de tu producto o servicio y deja que los clientes entiendan de qué manera los beneficiaría. Ésta es una diferencia sutil, pero muy importante. La gente quiere saber cómo los ayudaría comprar lo que estás vendiendo, y sí, tú formas parte importante de eso.

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Los consumidores compran a vendedores que les agradan, que respetan y en los que confían. También compran productos y servicios que les aportan algo, así que asegúrate de que ese sea tu mensaje principal.

2. Una estrategia no es lo mismo que un objetivo

El proceso mismo de pensar de manera estratégica puede ser un reto si estás más inclinado a ejecutar tareas. Piénsalo así: un objetivo es a donde quieres llegar, es tu destino. La estrategia es cómo llegarás ahí.

Considera, por ejemplo, una escalera –de ese tipo que apoyas contra una pared para pintar el techo–. Cuando apoyas la escalera contra la pared, tu objetivo es llegar hasta arriba (sin caerte). Los peldaños ofrecen el medio para llegar a este punto, y representan las conductas diarias que te ayudan a ejecutar tu estrategia; los carriles establecen la dirección de tales peldaños. Si, una vez arriba, te percatas de que estás en el techo equivocado, simplemente deberás de cambiar de escalera.

3. Concéntrate en lo que tú (y sólo tú) puedas manejar

El emprendimiento es una inversión en ti mismo, en tus creencias, convicciones y tu definición de valor. Después de todo, si no creyeras que tu nuevo dispositivo aportara valor, no te sentirías motivado a venderlo, ¿o sí?

Como emprendedor deberías enfocarte en tus áreas de expertise, en aquéllas sobre las que tienes influencia, y dejar otras tareas en manos de profesionales externos. Los asistentes virtuales son excelentes para este fin, pues ofrecen la experiencia suficiente para trabajar de manera eficiente sin ponerse en tu camino.

4. Mantente en forma

Quien diga que no tiene tiempo para ejercitarse simplemente no considera que su bienestar es una prioridad. Así de simple. Ser emprendedor no es una excepción. Lo único que aleja a las personas de las actividades que disfrutan es el miedo. Se preocupan de que si no trabajan en algo enfocado en su negocio dejarán de ser productivas, pero nada podría estar más alejado de la realidad.

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Todos necesitamos tiempo para nosotros mismos; ésta es la vía para deshacernos de las tensiones acumuladas durante el día y así regresar al trabajo en condiciones óptimas. Si aprendes a manejar tu miedo a no ser productivo, notarás cómo tus niveles de estrés se desplomarán.