Columnas

¿Quién puede inventar un nuevo taco?

Sí, vale la pena lanzar negocios incluso donde supuestamente ya existe dominancia de mercado por parte de los jugadores actuales.

En 2008, durante una visita que hice a Nueva York y mientras buscaba una tienda de ropa y artículos para bebé, el hambre me asaltó y llegué por casualidad a un restaurante sumamente interesante: BRGR Station. Su imagen me llamó la atención: la silueta de dos manos, claramente dibujadas, sosteniendo ambas un objeto en el vacío que semeja una hamburguesa.

La hamburguesa no está dibujada, pero no hace falta. Todo mundo puede inferir que lo que sostienen las manos es el icónico sándwich estadounidense.

Lo que hay en el interior de BRGR en el número 287 de la 7a Avenida no decepciona a nadie: la mejor hamburguesa que hayas comido y en varias presentaciones. Todo tipo de hamburguesas de extraordinario sabor que puedes preparar a tu gusto. ¿Quesos? Todos: americano, cheddar, azul, gruyere, suizo. Y una velocidad de atención impecable.

Cuando visité BRGR tuve un pensamiento inequívoco: qué maravilla es emprender. ¿Quién habría pensado que en el país donde tantas hamburgueserías llevan décadas construyendo marcas poderosas –como Burger King, McDonald’s, Wendy’s y Carl’s Jr.– habría espacio para una empresa más? ¿No se trata de un movimiento demasiado arriesgado? ¿Vale la pena?

La respuesta emprendedora, y que cada día tenemos que aplicar con mayor vehemencia en México, es que sí, que vale la pena lanzar negocios incluso donde supuestamente ya existe dominancia de mercado por parte de los jugadores actuales. Así ocurrió con Starbucks; así ha empezado a ocurrir con BRGR, que a la fecha ya tiene tres sucursales en Manhattan.

Un emprendimiento siempre tiene que contar con tres características, que aplican incluso en situaciones de alta competencia: (1) debe generar percepción de valor agregado en el cliente, ya sea por conveniencia, precio o atributos de producto vendido; (2) debe honrar la promesa de venta, lo cual es particularmente cierto en industrias sin barreras de entrada; y (3) su modelo de negocio debe soportar pruebas de estrés financiero y operativo, a fin de transitar por los sinsabores naturales del aprendizaje del nuevo negocio. Sin esos tres componentes, la vulnerabilidad del emprendimiento crece notoriamente.

Alguna vez Carlos Roberts, director general de El Fogoncito, me contó las peripecias de su madre y suyas para sostener con vida su taquería, particularmente durante sus primeros años de vida. Fue un proceso duro; pero los resultados están a la vista, y hoy nadie duda de que su cadena de taquerías es una de las más destacadas en la industria y que Carlos es uno de los más respetados empresarios en la materia.

Las guías turísticas proponen a quienes visitan la Ciudad de México acudir a las taquerías que a juicio de los editores se deben conocer: El Borrego Viudo, Tacos Manolo, El Califa de León, Copacabana, etc. En este contexto, ¿quién se animaría a lanzar una nueva taquería en la capital de México, habiendo tanta oferta de cadenas como la de Roberts y de taquerías individuales?

Pienso que, así como en Estados Unidos la empresa BRGR lanzó su oferta por una hamburguesería nueva en medio de la ciudad más competitiva del mundo y en un mercado aparentemente saturado, en México también debería haber emprendedores que inventen nuevas fórmulas, sabores, presentaciones, categorías de precio y de servicio para todo el espectro de la gastronomía nacional. Ojalá.

Sobre el autor:

Carlos Mota es licenciado en Administración por el ITAM y MBA por la Universidad de Maryland, College Park. En 2011 el World Economic Forum lo nombró Young Global Leader. Ha publicado tres libros y es conferencista. Ejerce el periodismo económico y de negocios en prensa, radio y televisión desde 2000.