Columnas

Empresas mexicanas: entre bacterias y mamuts

"¿Necesitamos más empresas tamaño elefante? La biología nos diría que no".
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Un libro de Howard Bloom –un científico notable en campos dispares como la física, la microbiología y los negocios– llamado El principio de Lucifer: una expedición científica en las fuerzas de la historia puede explicarnos muchas cosas sobre el mundo. Una de ellas: el concepto de súper organismo. Hoy trataré de usar estas ideas para pensar sobre nuestras empresas.

Bloom cuenta que hace unos 100 años el naturalista alemán Matthius Schleiden descubrió que seres vivos muy distintos, desde moscas hasta seres humanos, estamos hechos de células individuales, y que cada una de ellas tiene la capacidad de llevar una vida independiente. Sin embargo, todas cooperan para formar parte de un organismo más grande.

A principios del siglo XX, el entomólogo William Morton Wheeler se dio cuenta de que así como cada hormiga es un conjunto de células, también las hormigas actúan como una colectividad. Wheeler llamó a los conjuntos de organismos que actúan como una sola entidad, un súper organismo.

La extensión conceptual al mundo de los negocios es bastante obvia: nuestras empresas son súper organismos que funcionan adentro de un súper organismo más grande. No estoy seguro de que nuestro país sea un solo súper organismo, pero sí que cada una de nuestras ciudades tiene esas características.

Como súper organismo huésped, vivimos decenas de años. Se piensa, en el caso de los mamíferos, que nuestro corazón tiene capacidad para mil a 2 mil millones de latidos. Si eres un ratón cuyo corazón late muy velozmente, eso implica que vivirás quizás un par de años, cuatro si eres muy longevo. Si eres un elefante, y tu corazón late lentamente, puedes vivir 90 años.

Si nuestras empresas son muy chiquitas, probablemente vivirán poco. Tendrán como límite inferior el número de meses que pueda durar una oportunidad de mercado, antes de que se sature de productos y empresas competidoras, y como límite superior la vida natural de sus fundadores.

¿Son muy chiquitas las empresas mexicanas? Comparadas con las compañías de Estados Unidos, en México tenemos una proporción de firmas pequeñas (de 0 a 5 empleados) mayor que la de nuestro vecino. Las categorías de los censos mexicano (2015, con datos de 2013) y americano (2012) no son estrictamente comparables, pero en Estados Unidos el 50 por ciento de las unidades económicas tienen entre 0 y 4 empleados, mientras que en México llegan al 91 por ciento.

Si dividimos la fuerza laboral entre el número de empresas, veremos que en promedio, el establecimiento americano tiene 21 trabajadores, mientras que el mexicano tiene 13. Si dividimos la población de los países entre el número de trabajadores, descubriremos que en México 28 personas dependemos de una empresa, mientras que en Estados Unidos son 43.

Las consecuencias de productividad son también grandes. Así como la bacteria no puede lograr mucho más que lo que le permite su escala microscópica, la micro empresa tampoco llega demasiado lejos. Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) indica que la empresa menos productiva en México tiene 130 veces menos productividad que la compañía promedio; mientras que en Estados Unidos, la firma menos productiva es 16 veces menos productiva que la empresa promedio.

¿Necesitamos más empresas tamaño elefante? La biología nos diría que no. El ser humano, un mamífero mediano, extinguió al mamut. Necesitamos que nuestras empresas sean el mamífero mediano, que pueda ser la especie dominante del futuro.